Opinón
Colegio de Abogados La Plata: las dos caras o la doble moral de los derechos y humanos

Info Blanco

El autor analiza el vínculo entre la figura de Abel Román y la conducción del CALP.

 

Por Gabriel Chapunov

La celebración institucional de la figura de Abel Román, último intendente de La Plata de la dictadura militar, en simultáneo con la presentación de un libro sobre los abogados laboralistas secuestrados en la misma dictadura militar dejó mucha tela para cortar.

¿Cómo poder titular esta incongruencia? En pocas ocasiones la colegiatura encuentra una situación de ambivalencia tal que pueda dejar pequeña cualquier ironía.

 

 

 

 

Abel Román, para el actual oficialismo del CALP (según dijo hace unas semanas) es “uno de nosotros”. Pero fue uno de los fundadores más reconocidos del actual Movimiento Innovador, allá en los setenta.

Ahora recibió un inusual homenaje público por parte de la Comisión de Cultura del Colegio de Abogados, tras su fallecimiento en febrero del presente año.

Producido con una inusual calidad visual y un presupuesto desacostumbrado, contó con la presencia y el mensaje de varios de los cofundadores y mentores aún hoy del oficialismo, como puede verse publicado por la propia institución colegial en su Canal de Youtube.

 

Quién era Abel, “el de nosotros”

Abel Román fue abogado del Movimiento Innovador y consejero titular del Colegio de Abogados de La Plata, entre las significativas fechas de 1976 a 1980.

En paralelo a la gestión de Ramón Camps como Jefe de la Policía de la Provincia de Buenos Aires entre 1977 y 1979, y del Gobernador Ibérico Saint-Jean,  mientras muchos letrados sufrían como otros argentinos las más extremas violaciones de sus derechos humanos, en cambio, disfrutaba de sus posiciones colegiales como si fueran confortables lugares de poder y disfrute.

Tanto así que luego del ejercicio de su cargo como consejero titular del CALP, fue postulado a la Intendencia de La Plata en 1981, por esta agrupación, Movimiento Innovador, que conducía entonces, como ahora, el Colegio, incluso con los mismos nombres que aún hoy definen las candidaturas.

Pero, no siendo un período democrático, fue “postulado” no ante la ciudadanía sino ante el Gobierno Militar, por el oficialismo del CALP como candidato a Intendente de la ciudad de La Plata, cargo que finalmente obtuvo y ejerció  entre el 5 de junio de 1981 al 10 de diciembre de 1983.

No hay que olvidar que la gestión en favor de Román fue realizada por el CALP ante el Gobernador impuesto por  la dictadura, Ibérico Saint Jean, procesado en la causa conocida como Circuito Camps. Este mandatario de la Provincia además de su formación castrense casualmente había recibido la de abogado.

“Primero mataremos a todos los subversivos, luego mataremos a sus colaboradores, después a sus simpatizantes, enseguida a aquellos que permanecen indiferentes, y finalmente mataremos a los tímidos” (General Ibérico Saint Jean, gobernador de la Provincia de Buenos Aires, discurso de mayo de 1977).

Así hablaba Saint Jean, el que quería matar a todos, el interlocutor del oficialismo colegial en aquellos tiempos de plomo.

Con el actual homenaje 2021 a la figura del último intendente de la dictadura en la ciudad de La Plata, el oficialismo del CALP sorprende.

No solo porque, además de intendente, Abel Román había sido durante la dictadura también Asesor de la Secretaria General de la Presidencia -de facto- de la Nación.

Sorprende porque -casi en simultáneo- los mismos que encumbraron al último intendente de la dictadura también lavan su imagen con una actividad de presentación de un libro oficial de la entidad, denominado “1977. La trama de la defensa”, presentado con bombos y platillos, y con toda la pompa que acostumbra el Colegio de Abogados de La Plata.

Aborda nada menos que el secuestro de abogados en La Plata y rinde homenaje a los laboralistas desaparecidos durante la dictadura, como si no hubiera festejado semanas atrás la figura del intendente militar consejero del CALP, que el mismo grupo de presentadores del libro encumbró en la ciudad de aquel entonces.

Mucho más que una autocrítica, el doble mensaje, el doble discurso, parece el resultado de un nihilismo ético, que, aún hoy, no deja de sorprender.

 

 



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