La Escuela 61 no pudo iniciar las clases
“No puedo hacer más nada”: el triste derrotero de la directora de una escuela sin techo que renunció por falta de obras

Info Blanco

La Escuela 61 de Echeverry tiene problemas edilicios. En noviembre se cayó el techo.


Mariana Calantoni renunció a su cargo de directora de la Escuela 61 de Etcheverry. Hace siete años que vienen reclamando por la situación del edificio. Cansada de las respuestas burocráticas y la falta de interés de sus superiores decidió volver a ser una maestra de grado.



En diálogo con Info Blanco Sobre Negro, Calantoni expresó: “La situación de la escuela es calamitosa. Asumí como directora en 2014 y desde el primer momento continué los reclamos que venía realizando la directora anterior. Nunca hubo respuestas, sólo se hicieron unos parches en 2015, lo que terminó derivando en que el techo se cayera”.

Calantoni todavía no formalizó su renuncia pero ya comunicó la decisión al equipo educativo de la escuela. La carta en la explica los motivos que la llevaron a apartarse se viralizó en las redes sociales.

“La escuela en general está colapsada, no tenemos baños disponibles. Tenemos las burbujas armadas pero no podemos iniciar las clases así”, explicó la directora.

La situación de desidia es tan grave que hasta ni siquiera le asignan personal para realizar tareas menores. “Me llamaron cuatro veces entre diciembre y enero para que fuera abrir la escuela para cortar el pasto y ni siquiera lo hicieron. Tuvieron que hacerse cargo un grupo de padres y de la delegación comunal”, relató la docente.

Y sentenció: “Tomé la decisión de renunciar por la acumulación de tanto desgaste a lo largo de todos estos años”.

El 20 de febrero del 2020, la directora de la Escuela 61 renovó todos los reclamos por las rajaduras y las filtraciones. El 9 de marzo se rompió un caño de agua sobre el techo, lo que obligó a suspender las clases ya que caía agua por los tubos de luz.

“En septiembre noté que el cielorraso de un aula comenzaba a ceder. Mandé a pedir una visita del área de mantenimiento. El inspector llegó en octubre, sacó fotos y el ingeniero vino el 20 de noviembre. Días después me mandó el informe que ya había elevado a sus superiores”, contó la directora.

Y continuó: “El ingeniero planteó la necesidad de hacer una sobrecubierta sobre el techo que se estaba cayendo. El 30 de noviembre se cayó el techo. Le mandé un mensaje al inspector y me contestó que recién recibía el informe del ingeniero y que se iba a poner a trabajar en el expediente. Hace siete años que acumulo situaciones de desidia como estas”.

Calantoni aseguró que por la escuela pasaron autoridades del área de Mantenimiento, de la Dirección Provincial de Infraestructura (DPI) y también la presidenta del Consejo Escolar. “Todos dijeron menos mal que estaba cerrada por pandemia porque si no habría sido una tragedia, comentó.



La docente apuntó especialmente al Inspector jefe de distrito en La Plata, Nelson Herrera, que se mantiene en su cargo desde hace años, incluso con los cambios de gobierno. Empezó durante la gestión de Daniel Scioli, siguió con la de María Eugenia Vidal y fue confirmado por la actual administración.

“En 2015 tuvimos un cruce luego de hacer pública las situaciones que atraviesa la escuela. Él sabe bien toda la situación”, dijo la docente.

También contó que el inspector de obras de la DPI se jactó delante de ella de trabajar en esa dependencia desde hace 26 años. “Yo no puedo hacer más nada, hay gente que me ofrece hasta donar los materiales pero no puedo lograr que me asignen la obra. Los padres se ofrecen a trabajar pero no está permitido porque si sucediera algo sería responsabilidad mía”, expresó con angustia.

“Uno pone todo lo que tiene a disposición pero nunca se soluciona. Piden un millón de cosas pero nada los convence. Diez días antes del comienzo de clases vinieron todos los inspectores, recorrieron la escuela y plantearon que si se arreglaban los baños, la filtración de agua y el patio, se podrían armar las burbujas”, aseguró.

A días del comienzo de clases, Calantoni recibió un pedido de la jefa regional para que organizase “una agenda de trabajo” con el Consejo Escolar y la DPI para resolver la situación. “Cómo voy a organizar una agenda de trabajo con personas que únicamente me responden ‘recibido‘”, reprochó

La escuela -ubicada en calle 52 y 235- tiene 849 estudiantes, muchos de ellos hijos de quinteros y de trabajadores informales.

A pesar de renunciar a su cargo directivo, Calantoni seguirá siendo parte de la escuela como maestra de grado. “Podría haberme ido como directora a otro colegio en la que hubiera una vacante, pero me quiero quedar acá”, expresó.



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