jueves 28 de agosto de 2025 - Edición Nº 29.188

Política | 28 ago 2025

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En La Plata hablan de "bombas" para llamar la atención en una campaña electoral dominada por la apatía


Por: Nicolás Harispe

Ayer publicamos en este medio las declaraciones de José Ignacio Campodónico, candidato libertario en La Plata, que pidió que los vecinos lo elijan para “poner una bomba en la legislatura". Todo con el fin de que los diputados y senadores "dejen de malgastar la plata” de los bonaerenses. 

Es un recurso propagandístico que hasta ahora no era utilizado, y que remite a escenas de horror que por los atentandos a la Embajada de Israel y a la sede de la AMIA nadie quiere mencionar en serio. Ni en broma.

Pero lo que antes era violento, o violencia, en estos tiempos de relatos salvajes y grandilocuencia extrema parecen recursos útiles para instalar narrativas que sobresalgan en el debate público. 

Luego de las declaraciones de Campodónico, hoy en la sesión del Concejo Deliberante de La Plata, el edil del partido Propuesta Vecinal y ex dirigente del PRO, Lucas Lascours, abrió su discurso diciendo: “Yo creo que a veces nos merecemos que nos pongan una bomba, que reviente todo".

Las razones que esgrimió Lascours sonaron insuficientes para utilizar semejante comentario: "Nadie se hace cargo de nada", alegó, y continuó una frase de libros de autoayuda: "Permanentemente la culpa es del otro".

En rigor, el concejal quería llamar la atención por el cierre de comercios que se puede ver día a día, producto de la caída del consumo en particular, y de a crisis económica en general.

Pero como estamos en épocas de fuerte desinterés por la política y los políticos, y en pleno desarrollo de nueva frustración social por el declive del gobierno libertario, los recursos discursivos escasean  y las frases estridentes sobran. 

En ambos casos llaman la atención  porque la alusión a explosiones y bombas no provenían, hasta hace algunos años, de sectores de centro derecha o de derecha. Sino todo lo contrario.

Pero en esta opaca campaña electoral, ya sea en la calle o en algún ámbito legislativo, se puede encontrar de todo, incluso curiosidades como estas. 

Todo, claro está, en un país que parece un caleidoscopio del horror, en  el que se observa cotidianamente el empobrecimiento de la población, el crecimiento de la desocupación, y ahora, con mucha nitidez, la persistencia de la corrupción en las más altas esferas del poder.  

Las escenas que, en un plano superior, se vieron ayer en el Congreso de la Nación, también demuestran el crujir institucional que parece no tener punto final. 

La palabra, en ese contexto, se degrada con un vértigo que crece exponencialmente, más aún cuando nada se iguala al paraíso libertario prometido. Todo en una etapa en la que los juicios arrecian y la inflación está, en ese caso sí, por estallar como una bomba

 

 


 

 

 

 

 

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