Refaccionar una vivienda implica intervenir sobre estructuras, instalaciones y materiales que impactan directamente en el presupuesto y en la seguridad del hogar. Más allá del diseño y la elección de terminaciones, una obra requiere planificación técnica, cumplimiento de la normativa vigente y una mirada preventiva una vez finalizados los trabajos.
Tomar decisiones informadas desde el inicio permite evitar sobrecostos, conflictos legales y problemas que suelen aparecer cuando la obra ya está en marcha o incluso después de terminada.
Para evitar sobrecostos en una refacción, es fundamental identificar gastos ocultos antes de iniciar la obra. En Argentina, el desvío presupuestario promedio en refacciones domésticas puede superar el 25 % cuando no existe una planificación técnica adecuada.
Antes de avanzar con aspectos estéticos —como pintura, revestimientos o pisos—, es clave revisar la infraestructura base. Esto incluye el estado de las cañerías, la presión de agua y los tableros eléctricos. En viviendas antiguas, la actualización del cableado no es un detalle menor, sino una medida esencial de seguridad.
El presupuesto debe contemplar un margen adicional del 15 % al 20 %, no solo para cubrir materiales extra, sino también la variación de precios y los trabajos adicionales que suelen surgir al intervenir muros, techos o pisos.
Realizar pruebas de estanqueidad en baños y revisar los desagües pluviales en balcones y terrazas permite evitar uno de los escenarios más costosos: tener que rehacer instalaciones una vez colocados los revestimientos.

Antes de comenzar una refacción, es importante verificar los requisitos legales según el tipo de vivienda y la magnitud de la obra. Ignorar la normativa puede derivar en multas, clausuras o conflictos con terceros.
Una refacción integral puede incrementar el valor de mercado de una propiedad entre un 20 % y un 30 %. Ese nuevo valor existe desde el momento en que finaliza la obra y conviene resguardarlo desde el primer día.
Durante el primer año posterior a una refacción suelen aparecer ajustes propios del asentamiento de la estructura, como microfisuras, desajustes en carpinterías o detalles que no eran visibles al momento de la entrega. Además, al incorporar nuevos materiales, equipamiento o electrodomésticos empotrados, el valor asegurado de la vivienda cambia.
En este contexto, revisar la cobertura del hogar forma parte del cierre responsable de una obra. Dentro del mercado asegurador argentino, compañías como Hipotecario Seguros ofrecen seguros de hogar integrales que contemplan tanto los riesgos tradicionales como asistencias que suelen ser necesarias después de una refacción.
Al finalizar una obra es importante comprobar el correcto funcionamiento de las instalaciones eléctricas, la presión y estanqueidad del sistema de agua, el sellado de aberturas y la calidad de las terminaciones. También conviene verificar que no haya filtraciones, ruidos anómalos en cañerías, tomas eléctricas flojas ni desniveles en pisos o revestimientos, y conservar la documentación y garantías entregadas por el contratista.
Porque luego de una refacción la vivienda adquiere un valor mayor y cuenta con nuevas instalaciones, materiales y equipamiento que deben protegerse. Un seguro de hogar permite cubrir daños imprevistos —como cortocircuitos, filtraciones o roturas accidentales— sin tener que afrontar nuevamente gastos elevados tras la inversión realizada.
Las coberturas habituales de un seguro de hogar incluyen incendios, robos, daños por agua, rotura de cristales y, en muchos casos, daños eléctricos. Además, suelen incorporar servicios de asistencia de emergencia como plomería, electricidad y cerrajería, especialmente útiles durante el período posterior a una obra.
Refaccionar una vivienda es un proceso que requiere inversión, tiempo y decisiones informadas. La verdadera tranquilidad no está solo en el resultado estético, sino en saber que ese nuevo patrimonio está protegido. Entender que una obra se completa con planificación, cumplimiento legal y una cobertura adecuada permite que el hogar siga siendo un espacio de bienestar frente a cualquier imprevisto.