En los últimos años, la conversación sobre belleza se desplazó de las promesas aspiracionales hacia resultados visibles, rutinas simples y soluciones que puedan sostenerse en el tiempo. En paralelo, las redes sociales dejaron de ser solo un canal de exhibición para convertirse en un termómetro real del consumo: lo que funciona, se comparte; lo que no, desaparece.
En ese escenario, empiezan a destacarse marcas que no necesariamente nacen con grandes campañas publicitarias, pero logran instalarse por repetición, recomendación y experiencia directa del usuario. El fenómeno no es nuevo a nivel global, pero en Argentina adquiere particular relevancia en un contexto económico donde el precio, la eficacia y la confianza pesan tanto como la imagen.
Según datos del sector, los productos de cosmética funcional y de base natural son los que más crecimiento registraron desde 2022. Informes de consultoras como Euromonitor señalan que el consumidor local prioriza cada vez más la relación entre costo y resultado, y que las marcas que logran escalar ventas sin depender de promociones agresivas suelen apoyarse en un diferencial concreto: el producto cumple lo que promete.
Dentro de ese grupo empieza a mencionarse con frecuencia a Mouthé, una firma argentina que, sin un discurso grandilocuente, comienza a llamar la atención por sus números. De acuerdo con información vinculada a su operación comercial, la marca estaría vendiendo alrededor de 7.000 productos por mes, una cifra poco habitual para una empresa local de cosmética que no pertenece a un conglomerado internacional.
El dato no pasa inadvertido en la industria. En un mercado saturado de lanzamientos, alcanzar ese volumen implica algo más que visibilidad: habla de recurrencia, recompra y recomendación. Tres variables que hoy definen la viralidad real, muy distinta a la que se mide solo en visualizaciones o seguidores.
Parte de esa tracción parece estar vinculada al tipo de soluciones que ofrece. Lejos de fórmulas complejas o rutinas extensas, Mouthé se apoya en productos de acción directa, pensados para integrarse al uso cotidiano. Uno de los más mencionados es su voluminizador labial formulado con capsaicina, un compuesto natural presente en los ajíes picantes, conocido por su capacidad de estimular la vasodilatación superficial.
En términos cosméticos, este mecanismo genera un efecto localizado y autolimitado, que incrementa temporalmente el volumen sin modificar de manera permanente la estructura del tejido. No se trata de una innovación aislada: publicaciones científicas como el Journal of Cosmetic Dermatology vienen señalando el crecimiento de activos que inducen respuestas fisiológicas controladas como alternativa a procedimientos invasivos.La diferencia, en este caso, está en cómo ese desarrollo técnico se traduce en consumo masivo.
Mientras muchos productos de este tipo quedan restringidos a nichos específicos o a precios elevados, la estrategia de accesibilidad parece ser uno de los factores que explican la escala alcanzada. En Argentina, donde el consumo es altamente sensible al precio, lograr que un producto se vuelva parte de la rutina diaria es clave para sostener volumen.
La línea de Mouthé se completa con productos orientados al cuidado del cabello, cejas y pestañas, áreas donde también se observa un cambio de paradigma. Durante años, la solución dominante fue agregar, extender o cubrir. Hoy, la conversación gira en torno a fortalecer, estimular y cuidar. estudios citados por la American Academy of Dermatology respaldan esta tendencia, destacando la importancia de preservar la salud del folículo frente al uso continuo de productos agresivos.
Otro punto que explica la rápida circulación de la marca en redes sociales es el tipo de contenido que generan los propios usuarios. Antes y después reales, experiencias personales y recomendaciones directas reemplazan a la publicidad tradicional. En plataformas como Instagram y TikTok, este tipo de material tiene un impacto difícil de replicar con campañas pagas, especialmente cuando se sostiene en el tiempo.
En ese sentido, la viralidad deja de ser un golpe de suerte y pasa a construirse como un efecto acumulativo. Cada experiencia positiva suma una capa más de credibilidad, y cada recompra refuerza la percepción de eficacia. Para la industria, este fenómeno resulta especialmente relevante porque marca una diferencia entre el interés momentáneo y el consumo sostenido.
De cara a 2026, los analistas del sector coinciden en que el crecimiento estará liderado por marcas que logren combinar ciencia, naturalidad y precios realistas. La innovación ya no se mide solo por el ingrediente, sino por su capacidad de escalar sin perder calidad. En ese escenario, los números empiezan a hablar tanto como los discursos.