La soledad es una verdadera lacra en nuestro tiempo. A pesar de estar constantemente “conectados”, muchas personas sienten un vacío interior cada vez mayor. A menudo acabamos solos con nuestras preocupaciones, aunque tengamos miles de “amigos” en las redes sociales. Los teletrabajadores lo sufren especialmente: al pasar la mayor parte del tiempo en casa, los autónomos suelen comunicarse solo por motivos de trabajo y echan de menos el calor humano, que es el mejor remedio para la soledad.
La digitalización generalizada nos está atrapando poco a poco. En lugar de quedar con alguien en persona, solemos optar por hablar por Internet, ya que es cómodo: no hay que prepararse ni perder tiempo desplazándose. Y si algo sale mal, basta con desconectarse en lugar de inventarse excusas para terminar la reunión. Pero al interactuar solo por Internet, nos perdemos muchas cosas.
El principal problema de la comunicación en línea es su superficialidad. La mayoría de las interacciones se reducen a mensajes cortos y “me gusta” corteses. Estos intercambios carecen de profundidad emocional. Podemos enviar mensajes a alguien durante meses y seguir sin saber qué le pasa realmente por dentro. Parte de esta superficialidad proviene de la cautela de las personas: muchas no dejan entrar a los demás porque no quieren parecer vulnerables.
Las redes sociales promueven una imagen idealizada: apariencia impecable, una familia que nunca discute, una carrera profesional perfecta. Al desplazarnos por los feeds, muchos nos comparamos con los demás, y esa imagen perfecta a menudo nos hace sentir “insuficientes”. Como resultado, dejamos de compartir nuestros verdaderos sentimientos por miedo al juicio ajeno. Muchos se sienten entonces alejados de la sociedad, como si estuvieran viendo una película sobre la vida feliz de otra persona en lugar de vivir la suya propia.
Otro problema de la comunicación en línea es la ausencia de señales no verbales. Las expresiones faciales, los gestos y el tono son fundamentales para construir relaciones verdaderamente cercanas y profundas. Cuando solo nos comunicamos por mensajes de texto, llenamos los vacíos con conjeturas y fantasías. Esto a menudo provoca malentendidos: alguien puede sentirse herido simplemente porque ha malinterpretado un mensaje escrito.
Además, enviar mensajes de texto durante mucho tiempo nos lleva a construir castillos en el aire. Nos encariñamos con una imagen virtual y le atribuimos a esa persona las cualidades que queremos. En una cita real, puede que la persona no sea para nada como la imaginábamos. Eso lleva inevitablemente a la decepción, tanto con la cita en sí como con las citas en línea en general, y crea una sensación persistente de haber sido engañado.
Dicho esto, no debemos demonizar Internet, ya que puede ser un poderoso remedio contra la soledad. La tecnología puede ser un puente entre las personas, no un muro. Si tu vida en línea te hace sentir aislado, cambia tu forma de usar Internet.
Pasa del consumo pasivo de contenidos a la interacción activa. En lugar de limitarte a observar las vidas de otras personas, utiliza la web para mejorar la tuya. Únete a comunidades en redes sociales y servicios de mensajería donde haya gente que comparta tus intereses. Hablar con personas afines te ayuda a sentirte conectado y reduce el peso de la soledad.
Elige formatos de interacción “más vivos”. Los psicólogos afirman que las videollamadas combaten la soledad de forma más eficaz que los mensajes de texto. La razón es sencilla: nuestro cerebro trata la interacción por video como si fuera una reunión real. Te comunicas en tiempo real, no solo lees palabras, sino que también ves expresiones faciales y gestos, y oyes el tono de voz.
Si no tienes a nadie a quien llamar, no hay problema. Hay muchos servicios donde puedes tener una videollamada con extraños — Por ejemplo, Videollamadas.chat. Este formato tiene varias ventajas:
Si crees que una videollamada no puede sustituir a una cita real, estás equivocado. La tecnología permite compartir actividades a distancia: ver películas juntos, tener citas en realidad virtual, asistir al teatro en línea y mucho más. Lo más importante es tu deseo de acercarte a alguien y conocerlo. Aun así, no intentes sustituir todo el contacto en persona por videollamadas.
También reserva tiempo para estar activo en la vida real. No es necesario que vayas a citas o a fiestas ruidosas, solo pasa tiempo con gente. Los psicólogos llaman a esto socialización pasiva. Sentarte en una cafetería acogedora, pasear por un parque concurrido o trabajar en un espacio de coworking envía a tu cerebro el mensaje: “No estoy solo, formo parte de la sociedad”. Aunque no hables con nadie, la sensación de aislamiento será mucho menor que si te quedas en casa todo el día. Observar a los demás, captar frases al azar y escuchar el bullicio de la ciudad te ayuda a sentirte conectado con la realidad.
Elige entornos que te hagan sentir bien y relajado, no irritado. Elige lugares donde pueda haber personas con ideas afines: es más fácil sentirse “uno de ellos” en ese ambiente. Te sorprenderá cuántas personas a tu alrededor podrían convertirse en almas gemelas.