sábado 21 de febrero de 2026 - Edición Nº 29.188

Información General | 20 feb 2026

Patagonia

Un equipo de paleontología reconstruyó un mini dinosaurio que vivía en Argentina y tenía "un arma secreta"

A partir de nuevos hallazgos en la provincia de Río Negro, un equipo argentino de paleontología reconstruyó la apariencia completa de Patagopelta cristata, un dinosaurio acorazado de tamaño pequeño, ágil y con una cola con un arma única en su tipo. Los investigadores detallan cómo lograron armar este rompecabezas prehistórico a partir de piezas dispersas.


Por: Magalí de Diego

En la aridez de la estepa rionegrina, el viento y el tiempo suelen jugar a las escondidas con el pasado. Durante décadas, una criatura permaneció en las sombras, dejando apenas pistas inconexas. Algunas piezas fueron halladas en los años ‘80, un fémur aislado encontrado en los ‘90, una placa partida al medio… fragmentos que no terminaban de contar una historia completa, pero que demostraban que allí había existido un dinosaurio acorazado. Sin embargo, la verdadera forma de este animal era un enigma hasta ahora.

Un nuevo estudio logró completar la imagen de este antiguo reptil de 70 millones de años de antigüedad gracias al hallazgo de materiales inéditos. Un equipo de investigadores del CONICET, del Museo Argentino de Ciencias Naturales “Bernardino Rivadavia” (MACN) y de Fundación Azara lograron dar a conocer la nueva investigación. “Lo que se conocía de este animal eran muy pocas piezas; lo más informativo era un fémur que había aparecido suelto y ni siquiera sabíamos si los restos pertenecían a uno o varios individuos”, explica el doctor Federico Agnolín, primer autor del trabajo, en diálogo con la Agencia CTyS-UNLaM.

La especie ya había sido bautizada en 2021 como Patagopelta cristata, pero la descripción original se basaba en materiales muy escasos que poco decían sobre el aspecto del animal. “La pieza representativa de la especie, lo que nosotros llamamos holotipo, era apenas una placa incompleta. Básicamente, no sabíamos nada, salvo que tenía una coraza con algunas púas”, reconoce el paleontólogo.

Ante la falta de respuestas, el equipo decidió regresar al sitio original del hallazgo, cerca de General Roca, en Río Negro, para re-excavar las antiguas canteras. La suerte estuvo de su lado: encontraron restos de múltiples individuos, desde ejemplares jóvenes hasta adultos de edad avanzada.

Una cadera que reescribe la historia

Entre los nuevos fósiles, apareció una pieza fundamental para los anatomistas: una cadera completa. “La cadera es clave para entender cómo camina y se desplaza un animal; tiene muchísima información”, detalla el investigador del MACN.

“La cadera de Patagopelta era ancha,lo que nos indicaba que este animal se desplazaba en cuatro patas” agrega Sebastian Rozadilla, becario postdoctoral del CONICET y especialista en dinosaurios herbívoros. “Sin embargo, el resto de su anatomía, grácil y con pocas vértebras sacras, nos recordó a los famosos estegosaurios, dinosaurios que portaban una doble hilera de placas sobre su espalda, muchísimo más antiguos que el Patagopelta”.

“Con esa cadera -agrega Agnolín- nos dimos cuenta de que este Patagopelta era un animal acorazado, pero muchísimo más primitivo de lo que se pensaba. Vimos que es un animal distinto a todos los que se conocían y que no tiene nada que ver con los grandes ankylosaurios del hemisferio norte”.

Este descubrimiento confirmó que el Patagopelta pertenece a los Parankylosauriaun linaje de dinosaurios acorazados exclusivo del hemisferio sur, emparentado con especies halladas en Chile (como el Stegouros) y en Australia. Estos desarrollaron su propia línea evolutiva separada de los famosos "tanques" gigantes de Norteamérica, los ankylosaurios.

Pequeño, ágil y con un arma secreta

A diferencia de sus parientes del norte, que eran bestias descomunales y lentas, el habitante de la Patagonia presentaba una fisonomía muy particular. “Era un animal bastante pequeño. Para un dinosaurio, tres metros o tres metros y medio de largo es muy chiquito”, puntualiza el doctor en Ciencias Naturales.

“Era relativamente pequeño en comparación con otros dinosaurios acorazados, pero no obstante, es el más grande de todos los Parankylosaurios conocidos – advierte Sebastián Rozadilla–. Ni el Stegouros de Chile, ni el Antarctopelta de Antártida, dinosaurios contemporáneos al Patagopelta, habrían superado los 2 metros de longitud”.

Sus huesos gráciles sugieren que no se trataba de un herbívoro pesado y lento, sino de un animal bastante más rápido. Sin embargo, su característica más distintiva estaba en su defensa. Mientras que los anquilosaurios del norte tenían mazas óseas en la cola como martillos, o el famoso Stegosaurus poseía púas, el Patagopelta portaba una diferente.

“Tenían una estructura muy rara que los investigadores chilenos llamaron 'macuahuitl', en referencia al mazo de obsidiana que los aztecas usaban de arma. Es muy achatada, parece un ramillete de púas”, describe el científico. Además, el equipo descubrió placas con formas únicas, algunas semejantes a un antifaz y otras con forma de tridente.

El Patagopelta, entre vecinos peligrosos y correntadas mortales

El escenario donde vivía este pequeño acorazado era hostil. Los fósiles fueron hallados en lo que alguna vez fue un lecho de río, donde fuertes correntadas arrastraron y mezclaron los restos de diversos animales.

“Entre los restos de Patagopelta también se descubren los huesos de dinosaurios de cuello largo y carnívoros, por lo que sabemos que convivieron con depredadores”, advierte Agnolín. En la zona se recuperaron dientes de abelisaurios y restos, incluida una garra, de un gran raptor, similar al Velociraptor pero de dimensiones mayores.

“Junto con los restos de Patagopelta también encontramos cientos de huesos de múltiples individuos de dinosaurios ‘pico de pato’. Estos eran animales herbívoros y corpulentos, que viajaban en grandes grupos”, añade Rozadilla, doctor en Ciencias Biológicas. Además, plantea que ahora se pueden imaginar al Patagopelta “aprovechando la protección que le darían las grandes manadas de estos animales”.

Aunque todavía quedan interrogantes sobre su comportamiento, la imagen del Patagopelta dejó de ser borrosa. “Sigue siendo un animal enigmático porque el río revolcó los huesos y es difícil saber en qué  parte de su cuerpo iba cada placa, pero lo que hicimos fue darle forma. Ahora sabemos que es parte de una historia evolutiva totalmente distinta a la que ocurrió en el hemisferio norte. Recién ahora la estamos empezando a comprender”, aporta Agnolín.

“Estudiar estos restos y comprender mejor a este animal es maravilloso, pero todavía nos quedan muchísimas interrogantes”, advierte por su parte Rozadilla. “Conocemos muy poco del cráneo del Patagopelta. Apenas unos huesos y dientes. Encontrar más huesos desconocidos de este animal y conocer al fin cuál era su rostro es una de nuestras metas”, plantea.

Las exploraciones fueron posibles gracias a que los investigadores forman parte de un proyecto multidisciplinario llamado “Fin de la Era de los Dinosaurios”. Esta propuesta está subvencionada por National Geographic e intenta entender cómo eran los ecosistemas de la Patagonia justo antes de la caída del famoso meteorito que dio fin a estos reptiles prehistóricos.

Agencia CTyS-UNLaM

 

 

 

 

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