Un informe de la organización internacional Climate Trace sobre la contaminación atmosférica a nivel global señala a La Plata, Berisso y Ensenada como un foco importante de emisión de gases de efecto invernadero (GEI) en todo el país, poniendo especial énfasis en el Polo Petroquímico, pero también mencionado al aumento del parque automotor y al tratamiento de residuos sólidos urbanos.
Al respecto, desde el Centro de Investigaciones del Medio Ambiente (CIM, CONICET-UNLP-asociado a CICPBA), su director, Andrés Porta, destacó que "muchos de los datos difundidos por el informe se corresponden con resultados que hemos obtenido en distintos estudios de contaminación del aire”.
De todas formas, el investigador de la Comisión de Investigaciones Científicas de la Provincia de Buenos Aires (CICPBA) mencionó la necesidad de distinguir los distintos compuestos según su condición.
“Por un lado, están los llamados contaminantes ‘criterio’, que son seis agentes comunes cuyos niveles se controlan porque pueden ser perjudiciales para la salud y el ambiente, y por el otro están los GEI, componentes naturales que se acumulan en la atmósfera terrestre y que, cuando sus cantidades aumentan por efecto de las actividades humanas, contribuyen aún más al calentamiento global”.
Dentro de los primeros se encuentran el ozono, el dióxido de azufre, el monóxido de carbono, el dióxido de nitrógeno, el material particulado (MP) y el plomo, mientras que el segundo grupo incluye al metano, el dióxido de carbono y el óxido nitroso, entre otros. “No son lo mismo y no deben confundirse: algunos de los GEI ni siquiera son tóxicos”, apuntó el científico.
Respecto a las tres principales fuentes de contaminación que menciona el informe para el Gran La Plata, Porta explicó que todas ellas contribuyen al efecto invernadero, principalmente la gestión de residuos urbanos dado que produce metano, aunque en el caso del dióxido de carbono los mayores emisores son precisamente el parque industrial y el tránsito vehicular, en ciudades donde la cantidad de vehículos –especialmente motos– viene experimentando un sostenido crecimiento.
“Desde la perspectiva de compuestos perjudiciales para la salud, sin duda estas dos últimas actividades encabezan la lista, y además son las más complicadas de revertir o vigilar”, continuó el investigador, y añadió que “las emisiones vehiculares, en concreto, no están supervisadas por ninguna agencia, a excepción de la exigencia de la Verificación Técnica Vehicular (VTV) que, de todos modos, no las controla de manera eficiente”.
No obstante, también hay espacio para buenas noticias. “En el caso de las fuentes industriales, luego de una persistente acción de la Dirección de Evaluación Ambiental de Calidad del Aire y Gestión de Emisiones del Ministerio de Ambiente de la provincia de Buenos Aires, se ha logrado cumplir con los límites permitidos para MP10, que son los aerosoles menores a 10 micrones, es decir los inhalables”, destacó el especialista.
Donde persisten problemas, según Porta, es con los aerosoles más gruesos o MP sedimentable, que se depositan rápidamente pero no ingresan al sistema respiratorio, y con los Compuestos Orgánicos Volátiles (COV), presentes en productos cotidianos como pintura, combustibles y elementos de limpieza, pero aun así “se ha avanzado mucho y se sigue trabajando para controlarlos bajo una clara política de gestión”.
“En los últimos años, a través de distintas investigaciones hemos avanzado en la caracterización química del MP respecto a metales e hidrocarburos policíclicos (HAP), compuestos orgánicos producto de la combustión incompleta que están clasificados como mutagénicos y cancerígenos”, concluyó el experto.
Fuente: CONICET La Plata