domingo 26 de septiembre de 2021 - Edición Nº 29.188

Opinión | 1 sep 2021

A propósito de la cancelación de Dragon Ball

Por Octavio "Tato" Miloni, secretario general de ADULP


Una manera eficiente de anular un debate es reducir un determinado planteo al límite de lo absurdo. Reducirlo al punto de que no haya manera de complejizar un enunciado, y, por lo tanto, no haya nada que debatir. Que la única opción sea tomar partido entre posiciones irreductibles.

Es por eso que me decidí a complejizar, en la medida de mis posibilidades, formación, etc., este debate, tomando como base unas notas que leí hoy en el Página 12.

Las notas en cuestión están relacionadas al Ministerio de Mujeres, políticas de Género y Diversidad de la provincia de Buenos Aires y Dragon Ball. Son, en orden, 

1) https://www.pagina12.com.ar/364969-dragon-ball-repudio-por-un-capitulo-que-retrata-el-abuso-y-s

2) https://www.pagina12.com.ar/365173-dragon-ball-polemica-y-debate-por-las-escenas-denunciadas-co

Una lectura sólo del título puede generar el típico “¡Qué rompe bolas! ¿Para eso hay un Ministerio?” Bueno, me permito tirar un poco de la piolita y salir de lo superficial. Tal vez pueden estas ideas ser elementales, habiendo tanto hecho y escrito en estos temas. Escribo desde la intuición -y esto es en sí mismo tema de debate- porque no soy especialista en materia de género, niñez, adolescencias y demás.

Saliendo de “los lugares comunes” (instalados desde las usinas culturales dominantes), analizando un poco más profundamente y sin querer pasar por iluminado, me di cuenta que cada detalle, por pequeño que sea, construye legitimidades. Siempre hay lugares sutiles desde donde ideas de mierda entran, se cuelan, se internalizan, se incorporan al sentido común muy eficientemente. Si un dibujito animado, en este caso desde lo “inofensivo”, legitima abusos y sometimientos, claramente hay que denunciarlo. No desde una perspectiva de censura, sino llamando a la reflexión de los productores/as por las consecuencias que pueden traer aparejadas. Insisto, el problema no es mostrar problemáticas existentes (las cuales pueden ser analizadas, debatidas y contrapuestas si fuera el caso), sino naturalizar y aceptar aberraciones. Hoy nadie se quejaría si desde colectivos de familiares de víctimas se criticara que un dibujito muestre como natural, inofensivo y gracioso el Holocausto, el genocidio perpetrado por la última dictadura u otras calamidades de la humanidad. Pero pareciera que en cuestiones de violencia de género el escenario es más difuso. Dejando solo “a las locas” la queja ante la reproducción de la violencia machista.  

Este es un análisis que parte de la intuición y que se forjó también por el trabajo sostenido de compañeras mujeres que hacen que agudicemos nuestra mirada y salgamos de nuestros lugares comunes. Lugares comunes construidos y constituidos desde el patriarcado.

La reducción de que el planteo del Ministerio es promover la censura anula todo debate. Más aún: se desvía la atención a la dicotomía censura si/censura no. Y ahí, obviamente, ganaría por goleada censura no. ¿Y? ¿Se ganó algo? Creería que sólo se consiguió que, bajo el paraguas de lo “políticamente correcto”, todo siga igual. Quienes hayan desarrollado una mirada crítica respecto de las sutilezas de un determinado producto podrán discernir entre los mensajes subliminales. Para los demás, nos quedará el producto así, como lo muestran y como lo vemos. Y que el Estado esté atento a estas cuestiones tan profundas me parece fundamental.  
 

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