jueves 09 de diciembre de 2021 - Edición Nº 29.188

Política | 9 nov 2021

Federico Martelli, la Argentina pendular y la salida a la crisis: "Esto exige una negociación y que cada parte sienta que perdió algo, es ahí donde me parece que nos cuesta"

Entrevista a fondo sobre la post pandemia, los modelos en pugna y la crisis del peronismo


En el marco de una crisis que jaquea todos los estamentos de la vida social se escuchan muchos planteos que señalan persistentemente que “primero es necesario que en la Argentina se distribuya el ingreso para poder crecer”. También opiniones que advierten  que las ataduras o trabas para el desarrollo son “la concentración de los medios de producción y de la riqueza que genera el país”, con esas u otras palabras, pero todas en línea con ese paradigma dominante en la década kirchnerista. 

En varias entrevistas se escuchó al dirigente del Frente de Todos (FdT) y referente del MUP, Federico Martelli, plantear una visión que comparten algunos sectores del oficialismo, pero que parece estar algo relegada en el discurso de quienes llevan adelante la estrategia central del FdT en  la campaña electoral

“Creo que lo primero es construir un acuerdo conceptual sobre la necesidad de que el mercado interno, que significa el 80% de nuestro Producto Bruto Interno, se apalanque en el futuro con una mejor inserción internacional de la Argentina. Es decir, cómo, de qué manera nosotros nos insertamos en el mercado internacional y cómo exportamos en condiciones que den más rentabilidad y generen acumulación de capital por parte del sector privado, de los trabajadores y del Estado”, aclara Martelli al comienzo de la charla con este medio.

Y sigue: “El modelo mercadointernista, o sea la idea de que se puede crecer indefinidamente fortaleciendo sólo al mercado interno, está agotado. Porque la Argentina no imprime dólares y necesita las divisas para sostener un crecimiento a largo plazo. Este proceso virtuoso sólo se logra con un proceso exportador que garantice la sostenibilidad de las sustitución de importaciones y esto sucede cuando la industria se vuelve competitiva”.

“Por cada punto que crece el PBI aumenta tres puntos la necesidad de dólares. Es una situación recurrente en nuestra historia, que termina en un salto devaluatorio y en un proceso de empobrecimiento generalizado, lo que se conoció siempre como stop and go”, continúa el entrevistado.

 

 

¿Cuál es el camino que haría factible superar esa barrera?

Frente a esa limitante todas las fuerzas políticas, sobre todo las que están vinculadas al trabajo y la producción, y centralmente el peronismo, tienen que discutir una nueva forma de inserción de Argentina en el mundo. Ya sea a partir del campo, de la industrialización del campo, de la agroindustria, del potencial de Vaca Muerta, del potencial del litio, de clústeres industriales como la inteligencia artificial, la robótica, la industria aeroespacial, o a partir de industrias de base tecnológica como la del software por ejemplo. Pero es necesario plantear la necesidad de redefinir un perfil internacional para que la Argentina pueda crecer de manera sostenida durante 10, 15 ó 20  años.

Eso no se puede hacer si nosotros no ordenamos la macroeconomía, si no tenemos un plan de salida para el problema de la inflación y del tipo de cambio inestable. Fijate que Macri asumió con un tipo de cambio de 9,70 pesos y se va con 56, Alberto asumió con 56 pesos y lo tenemos en 110. 

Por supuesto que políticas en relación al tipo de cambio deberán contemplar achicar la brecha entre el mercado oficial y el paralelo, y acordar con los organismos internacionales para tener un riesgo país bajo que le permita al sector privado participar del mercado de capitales a nivel internacional, y de esa manera sostener la inversión que el país necesita.

¿Todo eso para qué? Para crecer, porque no se puede distribuir lo que no se tiene. Nosotros tenemos el mismo PBI per cápita que en el año 1974. Actualmente está en torno a los nueve mil dólares, el mismo que tiene, por ejemplo, Cuba. Tenemos una clase obrera que vivió el peronismo y una clase media que está acostumbrada a un nivel de confort y un nivel de acceso a bienes y servicios como si tuviésemos un PBI similar al de España o al de Italia, de 44 mil dólares por habitante. Pero nosotros tenemos una economía cuatro veces más chica que la de Italia. 

 

Se puede o no estar de acuerdo con tu planteo pero surge una pregunta necesaria: ¿se pueden corregir esos índices? ¿Cómo?

Por supuesto que se pueden corregir, pero es mucho más fácil hacerlo si la Argentina crece, porque los mecanismos de redistribución son el salario, que hoy está destruido (porque el aparato productivo así lo está), y la presión tributaria del Estado que se traduce que servicios, inversión pública, en programas sociales, entre otros.

El sector privado va a tener que afrontar mayores costos laborales porque necesariamente el salario va a tener que subir pero ese costo tiene que estar atado a la productividad, y el Estado hoy no puede aumentar la presión tributaria. 

La única forma de que el Estado tenga los recursos que necesita es creciendo. Escuché algunas ideas sobre establecer de manera permanente y por diez años el impuesto extraordinario de la riqueza, subir retenciones, aumentar la presión tributaria, todas recetas que no van a conducir a otra cosa que achicar más la economía y a perder oportunidades de inversión y crecimiento.

 

Pero se escucha una contraparte que asegura un principio según el cual si no estimulas el nivel de compra del asalariado es muy difícil estimular la demanda interna.

Perfecto. Estamos de acuerdo que necesitamos un mercado interno pujante, pero tiene que estar basado en la productividad de la economía, no en la impresión de billetes. Porque todos sabemos que la emisión descontrolada termina en la góndola cuando el litro de leche llega a los cien pesos.

Entendemos que durante la pandemia hubo que hacer una impresión del 7% del PBI para afrontar la crisis, que este año se logró bajar al 3% y que para el año que viene se proyecta al 1,5 ó 1,8%, porque el ministro de Economía Martín Guzmán entiende que no es sostenible en el tiempo este nivel de inyección de dinero para poder ordenar la macroeconomía.

Ahora, lo que tenés que hacer es elevar la productividad y para hacer eso tenés que necesariamente multiplicar la inversión productiva, generar las condiciones para la capitalización del sector privado, bajar paulatinamente la inflación y la desocupación, , reconstruir el poder de compra del salario.

 

 

“Esa política tocó techo”

 

¿No creés que eso requeriría un fuerte consenso social? Porque durante dos o tres años difícilmente se vean los frutos de ese proceso, cuesta imaginar que inmediatamente impacte en el poder de ingreso de las familias. 

La emisión y el incentivo estatal ya tocaron techo porque te los come la inflación, y además porque tenés un Estado que no termina resolviendo ninguno de los aspectos que se plantea. Porque no resuelve los problemas educativos, los de seguridad, mucho menos resuelve mediante transferencia directa los problemas económicos de los sectores más humildes.

Tenés una cantidad enorme de programas sociales y sin embargo hay  40 ó 45 puntos de pobreza. En definitiva esa política tocó techo. Por supuesto que para llevar adelante un programa de crecimiento con inclusión social y  mejoramiento del empleo, del salario, del poder de compra, necesitás poder político. Ese poder se puede construir de dos maneras: o la sociedad le otorga a un sector los  votos que lo transforman en hegemónico, o construís acuerdos entre distintos sectores que te permitan establecer diez, quince, veinte puntos básicos que te permitan llevar adelante ese programa.

Lo que está claro es que la sociedad no parece darle a ningún sector político el poder hegemónico, sino todo lo contrario. La gente viene votando a uno y a otro. El Frente para la Victoria gana en el 2007, pierde las elecciones de 2009, gana las del 2011, pierde las de 2013, pierde en el 2015 con Cambiemos, que gana en 2017 pero pierde 2019. 

No parece que la sociedad le dé estabilidad política a un solo sector y no creo que eso vaya a cambiar. Por eso hay que buscar una forma de encontrar un acuerdo de mediano plazo entre quienes pensamos distinto y eso incluye una parte de lo que hoy es oposición.

Evidentemente con lo que nosotros tenemos no alcanza. Y no considero que haga falta  sólo un acuerdo partidario  sino uno que incluya a los sectores de la producción, del trabajo y a  los movimientos sociales. Hay que construir una mayoría política para llevar adelante ese programa. Esto exige una negociación y que cada parte sienta que perdió algo, es ahí donde me parece que nos cuesta. Saber que tenemos que construir un acuerdo con los que no piensan como nosotros y que el programa que pueda llevar cada parte  a esa mesa de negociación va a volver con un montón de puntos tachados.

 

¿Se le puede pedir que ceda una parte de la renta al sector del trabajo?

Creo que el movimiento obrero organizado es el que más voluntad tiene de dar esta discusión,  porque en la relación capital y trabajo la dan cotidianamente. Está el ejemplo del nuevo convenio petrolero, del nuevo convenio de SMATA con Toyota con el que  se pusieron de acuerdo para producir más y mejor. Y no necesariamente esto redunda en pérdida de derechos y poder adquisitivo de los trabajadores, sino todo lo contrario. Puede redundar en más derechos, mayor poder adquisitivo y en mayor calidad de vida de los trabajadores.

Planteo la necesidad de establecer  un modelo como el que planteó Néstor Kirchner en su primera etapa, de crecimiento con justicia social donde de la renta se pueda apropiar tanto el sector privado como los trabajadores y el Estado. 

Ahora, toda esta discusión se puede dar si crecemos. De lo contrario es muy difícil porque la única salida sin crecimiento para mejorar en el corto plazo las condiciones de vida es mayor presión tributaria y que el Estado se transforme en único asignador de recursos. Pero eso no viene funcionando porque la participación del gasto público es cada vez mayor en los últimos diez años y los números de pobreza están igual o peor. El PBI per cápita retrocedió, en gran parte durante el gobierno de (Mauricio) Macri, que agarró un gobierno con 14 mil dólares por habitante y lo entrega con nueve mil dólares por habitante; destruyó el PBI per cápita de la Argentina.

En estos dos años, con pandemia y un Estado muy débil, con una moneda muy golpeada por las corridas cambiarias del macrismo, no logramos revertir ese proceso declinante. Pero llegamos al gobierno con la consigna y la misión de hacerlo. A mí me preocupa que si no lo hacemos la sociedad deje de pensar que nosotros somos el partido del orden y del progreso.

 

 

El Gobierno tiene que resolver un desafío muy complejo con el FMI, ¿cómo ves ese escenario?

No conozco los detalles de la negociación pero de lo que estoy seguro es de que hay que acordar. Un escenario de default es un escenario de crisis económica, de destrucción de puestos de trabajo y más pobreza. Por más que suene épico y revolucionario, la idea de no pagarle al FMI es la idea de condenar al pueblo argentino a vivir peor.

 

¿Qué habría que hacer con algunos planteos del Fondo como, por ejemplo,  la reforma laboral?

Eso no hay que hacerlo porque el FMI lo pida. Como decía Néstor Kirchner, en la negociación con el Fondo hay que poner un límite para que entiendan que tenemos que crecer, y que comprendan que para eso una parte importante de nuestro país depende del mercado interno.

Tiene que quedar claro que debemos crecer para poder afrontar un cronograma de pagos muy complicado y tratar de resolver las cuestiones vinculadas a las sobretasas y a los plazos, y lograr el mejor acuerdo posible.

Las discusiones sobre cómo dinamizar a la economía argentina la tenemos que dar puertas adentro sin intervención de ningún tipo. Me parece que no es el mismo Fondo y no está planteando eso,  por lo que he leído en las entrevistas a (Martín) Guzmán y al Presidente. La discusión está en torno a los plazos y de las sobretasas.

 


El rol de los medios parece ser un tema traumático y que obsesiona en el Frente de Todos. 

Me parece que se sobreestima la influencia de los medios en la sociedad, o dicho de otra manera se subestima a la gente. Por supuesto que cumplen un rol y tienen una intención política, económica y social pero cuando uno llega a la función pública tiene las herramientas del Estado para resolverle los problemas a la gente, y cuando lo hacés,  nadie se preocupa tanto por lo que diga un medio u otro.

El problema es que cuando no se resuelven los problemas la gente empieza a parar las orejas y a buscar explicaciones sobre los porqué , y ahí es donde hay un montón de medios que dan explicaciones que pueden no gustarle al que está gobernando.

Pero un dirigente que llega a Intendente, Gobernador o Presidente no puede buscar excusas constantemente y plantear que el problema está en los medios o en el  discurso los periodistas. Ha quedado claro muchas veces en la historia, por ejemplo cuando Cristina Fernández sacó el 54% con todos los medios en contra.

Me parece que el  Frente de Todos tiene que dar una vuelta de página para superar esas discusiones y concentrarse en lo que hay que hacer gobernando en todos los planos. La comunicación está cambiando más rápido que la política y esta última está llegando tarde. Me parece que hay que dar un debate profundo respecto del vínculo con los medios y con las redes sociales, y que no hay que subestimar más a la sociedad. La clave está en construir una coalición política que nos permita poner en el centro del debate los problemas de la gente.

 

¿Cómo podría recuperar iniciativa e instalar su propia agenda política el oficialismo después de las elecciones del próximo domingo?

En principio creo que si pensamos a la política como un servicio para tratar de mejorar las condiciones de vida de la gente, tenemos que asumir que, en definitiva, estamos a tiro de cuántos votos respaldan nuestro papel. Y que éstos van y vienen y que la gente hace su propia evaluación, y que si esa valoración es negativa tiene la oportunidad de votar a otro. Uno tiene que,  en el plazo en el que está,  dejar las bases sentadas para que el venga después haga las cosas mejor aún.

Si partís de ese análisis al otro día de las elecciones seguís trabajando y tomando decisiones que vayan en ese camino, tratando de mejorar las condiciones de vida de los argentinos a partir de mejorar la educación, la salud, la infraestructura productiva, hacer crecer la economía, bajar la inflación y la inseguridad.

Tenés que seguir trabajando con esos objetivos,  y si la sociedad te pica el boleto te lo pica pero el país sigue.

Los comercios siguen abriendo, las escuelas también, las fábricas siguen funcionando; y si nosotros lográramos desdramatizar una derrota electoral, si lográramos entender que es parte de ese  juego en el que si no estamos nosotros están otros tomando las decisiones, va a ser mucho más sencillo y una derrota no se transformaría en una catástrofe política o en una crisis de gobernabilidad, sino en un llamado de atención de la sociedad que nos indica que tenemos que hacer las cosas de un modo diferente.

 

 

¿No creés que en política la autocrítica suele ser considerada, en general, como una debilidad?

No debería ser así. En algún momento la dirigencia política tiene que pararse delante de la cámara y decir: “Si no nos votaron es porque no están satisfechos con lo que hicimos”. Y entonces trataremos de hacer las cosas mejor y si no lo logramos vendrá otro que tratará de intentarlo. El problema es que cuando se cree que el espacio político en el que uno está es el único que puede hacer las cosas bien para la Argentina, la derrota uno presupone que se va a transformar en una desgracia para el conjunto de los argentinos. No hay que volverse locos frente a una derrota porque sea  el fin del mundo, ninguna lo ha sido desde 1983 para acá.

Me parece que tenemos que pensar en el mediano plazo y asumir que eso implica el triunfo de la oposición. Cuando gobierne el radicalismo tiene que entender que va a ganar el peronismo y viceversa, y que eso es inexorable; por lo que hay que construir puntos de acuerdo que se sostengan gobierno tras gobierno, y que cada uno de los que venga ponga sus matices. 

En nuestro caso será más redistribucionista, más vinculado a los derechos laborales, a las condiciones de vida de los sectores populares, al rol de la educación pública, a un Estado más presente, y después otro sector que pondrá, quizá, el esfuerzo en aumentar la productividad y abrir un poco la economía- Pero si no trabajamos en un acuerdo estable para pensar el desarrollo de la Argentina a 20 o 30 años, cada cambio de signo político parecerá una catástrofe .

Lo que hay que hacer después del 14 es que todos los ministros vayan a trabajar y traten de dar respuesta a las demandas de la gente. Hay que pensar, como lo viene planteando Sergio Massa, una convocatoria clara, sin trampas, sin mezquindades, que incluya a los actores políticos, económicos y sociales que quieren desarrollar la Argentina. Y nos tenemos que sentar con gente con la cual pensamos distinto.

 

La política del encuentro

 

¿Y si resultara imposible ese acercamiento entre los sectores que ahora compiten en el plano partidario?

¿Sabés cuál sería el problema? Que si no lo hace esta generación que está gobernando vamos a estar todos un poco peor y se hará más adelante,  pero en vez de hacerse con 40  puntos de pobreza lo hará otra generación con 60 puntos. Si no lo hace esta lo hará otra pero ¿a qué costo? Porque hoy tenés casi 20 puntos de desocupación y cuatro millones y medio de argentinos que no tienen para comer.

Sé que lo que estoy diciendo no es simpático, porque hay que discutir con el radicalismo, con el PRO, con la CGT, con la UIA, con AEA, con los movimientos sociales. Y la agenda debe incluir cómo crecer, cómo generar empleo o bajar la inseguridad, cómo elevar la calidad educativa que para mí es central en la Argentina en términos estratégicos. En el siglo XXI con este sistema educativo no vamos a poder producir valor, y si no lo hacemos vamos a estar discutiendo en diez o quince años este problema pero con índices de pobreza mayores.

Ese es el desafío, yo voy a militar esta política del encuentro, del acuerdo económico y social para una Argentina productiva que ojalá lo podamos hacer con el conjunto del Frente de Todos.

Si otros quieren militar la política del desencuentro o de la ruptura, será porque no están pensando en la Argentina o porque les sirve a sus intereses particulares: la grieta es lo más conservador que hay, necesitamos una coalición política de 60  puntos y eso no lo va a conseguir una única fuerza. 

Una coalición que tiene que construirse necesariamente con los sectores de la oposición y con los sectores más dinámicos de la economía, que nos son refractarios, que son el campo y las industrias con base tecnológica. 

Hay que sentarse con Marcos Galperín, con Gustavo Grobocopatel, para proyectar el desarrollo económico durante los próximos veinte años. 

Por supuesto defendiendo los derechos de los trabajadores y garantizando que la discusión se dé con los argentinos adentro. Será una discusión no exenta de tensiones,  porque el campo te va a pedir bajar las retenciones para tener mayor rentabilidad y exportar más, y sabemos que bajarlas significa el aumento de algunos precios, pero hay que encontrar puntos de acuerdo. 

No hay un sector político que lo pueda hacer solo, se necesitan consensos. Espero que después del 14 podamos iniciar ese camino. 

 

Nicolas Harispe @nicolasharispe

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