martes 17 de mayo de 2022 - Edición Nº 29.188

Cultura | 2 may 2022

Enrique Arrosagaray, autor de "Rodolfo Walsh, de dramaturgo a guerrillero": “Su hilo conductor fue la revolución"

Las editoriales Cien Flores y Campana de Palo publicaron la segunda edición de este libro que se enfocó en la intimidad del autor de "Operación Masacre".


Por: Federico García

Este miércoles llegará a la 46° edición de la Feria Internacional del Libro de la Ciudad de Buenos Aires, que se lleva a cabo en la sede porteña de la Sociedad Rural, la segunda edición de “Rodolfo Walsh, de dramaturgo a guerrillero” (Editoriales Cien Flores y Campana de Palo) del periodista Enrique Arrosagaray. Entre los stands donde estár presente estarán los de Sudestada y el de Cuba, ciudad invitada en esta edición.

En dicho libro, que vio la luz por primera vez en el 2006, Arrosagaray intentó retratar al Walsh íntimo, al que “hizo hablar a muchas personas que le permitieron ir reconstruyendo cómo fueron los asesinatos en José León Suárez y los del 13 de mayo de 1966 en el bar La Real”, recordó el periodista nacido en Avellaneda en diálogo con Info Blanco Sobre Negro.

“Mi idea inicial fue buscar a las personas que estuvieron en esos hechos para que me contaran cómo era Walsh reconstruyendo esos episodios”, agregó el presidente de la Asociación de Historia Oral de Avellaneda.

“Después fueron apareciendo otras ideas y terminó siendo un Walsh retratado por muchas miradas, más de treinta, desde el momento en que volvió de Cuba en 1961 hasta su muerte el 25 de marzo de 1977”, detalló Arrosagaray.

“De Walsh había leido dos o tres libros y en comparación a lo que supe después era casi nada. En el proceso de una investigación lo que uno aprende es fantástico”, aseguró el ex colaborador de los diarios Página 12, Clarín y Perfil.

Uno de los temas que abordó el periodista bonaerense fue la labor que el autor de ¿Quién mató a Rosendo? fue su labor como dramaturgo de dos obras teatrales: "La granada" y "La batalla".

 

 

“Walsh comenzó a escribir La granada entre el '63 y el '64 cuando vivió en el Tigre y fue la única obra de las dos que se presentó mientras él vivía”, señaló Arresogaray.

La pieza teatral se estrenó en 1965 con dirección de Osvaldo Bonet en el Teatro San Telmo de Capital Federal. El elenco estaba compuesto por Héctor Giovine, Oscar Viale, Alfonso de Grazia, Osvaldo Bonet, Arturo Maly, entre otros.

También tuvo una buena versión dirigida por Carlos Alvarenga en la temporada 2003 del Teatro Nacional Cervantes con Horacio Roca, Juan Gil Navarro, Patricio Contreras y Antonio Ugo en el elenco.

De acuerdo con la observación del propio Walsh sobre los simbolismos de su dramaturgia de la obra mencionada, uno de los elementos más potentes y cargados de sentido es el símbolo del hombre-granada, el hombre-bomba, el hombre-estallido, que enriquece el personaje del Soldado con una dimensión revolucionaria (“Empuñar el teatro como un arma, Jorge Dubatti).

“Pude ubicar a Osvaldo Bonet y a Alfonso de Grazia, que me contaron cómo se gestó la obra y que veían de Walsh, cómo observaba los ensayos desde la platea aunque sin meterse, cómo estuvo presente en el estreno y cómo cuando terminó no aguantó y se subió al escenario a saludar al público junto con los actores”, detalló Arrosagaray.

“Algunos entrevistados me dijeron que estuvo un año en cartelera, otros dos, y que tuvo un éxito moderado dentro del ámbito en el que estaba”, agregó el periodista, y resaltó que Osvaldo Bonet también le contó “que había percibido que había muchos militates que la iban a ver, y lo notaba por los cortes de pelo y los chistes de los que se reían”. Vale recordar que la obra trata sobre las implicancias de la instrucción militar.

“Walsh se involucró observando y lo hizo porque no podía creer que ese proceso estuviera en marcha, tenía interés por saber cómo iba todo el proceso de la obra aunque sin meterse”, añadió Arrosagaray.

Por otro lado, el autor de “Variaciones en rojo” también escribió la obra “La batalla”, pero en ese caso no llegó a verla sobre el escenario y se estrenó luego de su muerte.

“Desde esa etapa hasta Noticias todos coinciden en que era un hombre de pocas palabras, en el sentido de que habalaba cuando tenía algo que decir, cuando era necesario, era un tipo de un gran poder de concentración”, contó a este medio Arrosagaray, y agregó que  “Walsh era riguroso, no encaraba sus notas como para llenar espacios, cuando se vinculaba con un tema se metía en serio y no de costadito”.

En relación a la particularidad de que gran parte de la obra de Walsh se centrara en el policial, el hombre nacido en Avellaneda sostuvo que quizás algo haya tenido que ver el trabajo que el autor de “La Granada” tuvo cuando era joven en una editorial de traducciones, que trabajaba sobre todo con novelas policiales. “Evidentemente le tomó un cariño a esas tramas y ahí sospecho que quedó el enganche”, detalló el cronista.

 

La familia de Walsh

 

Por otro lado, el periodista contó que “fue una suerte poder hablar con dos de sus esposas sobre cómo era el Walsh en la casa, que no era el investigador sino el marido, y contaron su afición por el trabajo y el nivel de concentración que tenía”, y agregó que también pudo hablar con una de las dos hijas de Walsh, Patricia.

“Había una parte que yo desconocía de Walsh y era su cómo fue como papá, y pude averiguar a partir de la mirada de Patricia sus experiencias en el Tigre, además del tiempo que convivió con Estela Blanchard y Susana Lugones”, reseñó Arrosagaray.

 

La militancia política de Rodolfo Walsh

 

“En primer lugar, Walsh empezó una vinculación muy fuerte con el movimiento sindical luego de una sugerencia que Juan Domingo Perón le hace a Raimundo Ongaro de la CGT de los Argentinos, y este último le propuso que se ponga a la cabeza de una publicación que se llamaría CGT”, contó el periodista y trabajador de la Universidad Tecnológica Nacional.

“Esa fue una primera vinculación con el movimiento obrero y sus luchas. Allí conoce gente que lo vincula a las Fuerzas Armadas Peronistas y al Peronismo de Base, y pasa a formar parte de dicha organización entablando una relación muy cercana con Raimundo Villaflor”, agregó Arrosagaray.

“Más adelante, cuando Perón vuelve en el 73, Walsh se vinculó con Montoneros, entre abril y mayo de dicho año, e ingresó a la organización”, señaló el autor de “Cordobazo” (1989), donde trabajó en el diario Noticias, propiedad de esta última.

“Como militante de Montoneros siempre tuvo una pata en prensa y otra en inteligencia. Ahí pude hablar con algunos compañeros del diario Noticias que lo conocieron, tales como Horacio Verbtsky, Carlos Aznares y Lidia Ferreira, que también fue su esposa, en una etapa de absoluta clandestinidad”, reseñó Arrosagaray.

Una de las entrevistas que pudo conseguir el autor para contar esta etapa en la historia de Rodolfo Walsh fue la de Mario Firmenich, y al respecto señaló que una persona le presentó a la esposa del ex dirigente nacional de Montoneros en la ciudad de Buenos Aires porque la mujer necesitaba ayuda con un trabajo suyo sobre las mujeres en la mencionada organización.

“Estuve charlando con ella y hubo un principio de acuerdo en algunas cosas, por eso me jugué una baraja y le comenté que precisaría que su marido me respondiera algunas preguntas para mi investigación”, recordó Arrosagaray.

“A los pocos días me escribió que si, que le mandara a determinada direccion electrónica las preguntas y él las respondía, se las mandé y me las contestó, de manera acotada pero de todas formas me sirvió y chequeé con otras fuentes”, agregó el periodista.

“Quizás había algunas cosas que no encajaban con otros relatos pero no me preocupé porque eso forma parte de la propia vida y la lucha política sino todo comentario sería una verdad indiscutible, y los recuerdos y opiniones están teñidos de subjetividad”, manifestó Arrosagaray.

 

Hilo conductor: la revolución

 

Por último, el periodista de Avellaneda manifestó que “el hilo conductor de Walsh fue su compromiso político con la revolución, él era un revolucionario y ese giro tremendo que hizo en su cabeza fue en Cuba viviendo la experiencia de la revolución casi desde el primer día”.

“Él escribió en el prólogo de Operación Masacre, en el '57, que era un hombre de izquierda, y una característica fue su decisión de involucrarse con fuerzas políticas que consideraba revolucionarias”, concluyó Arrosagaray.

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