El ex capellán del Colegio San Vicente de Paul
Sidders cada vez más complicado: una denunciante amplió su declaración contra el cura de La Plata

Info Blanco

La denuncia la realizó en agosto y desde entonces muchos alumnos sacaron a relucir otras historias.


La denunciante amplió su declaración ante la justicia de La Plata y relató los abusos sexuales que sufrió por parte del sacerdote Raúl Anatoly Sidders del colegio San Vicente de Paúl al cual ella asistía.

Según las denuncias, de Rocío –cuyos datos se resguardarán para preservarla- el cura abusaba de su poder como docente y confesor para someterla, dejándole graves secuelas psicológicas además del daño físico y moral.

El sacerdote es investigado por el fiscal platense Alvaro Garganta por el delito de abuso sexual agravado contra la mujer cuando ella tenía entre 11 y 14 años y asistía al establecimiento.

Este miércoles, la víctima pudo ampliar su declaración en audiencia virtual ante el fiscal de la causa, según confirmó la abogada de la víctima, Pía Garralda.

“Rocío se explayó sobre lo denunciado, pudo contar más y ahora está bien”, aseguró la letrada, quien precisó que Rocío también contestó preguntas del fiscal.



Para acompañar la declaración, amigos y familiares de la joven pegaron carteles en la Catedral de La Plata y el frente del Colegio San Vicente de Paul con la leyenda: “Rocío yo si te creo. Juicio y Castigo para el cura Raúl Sidders”. El material fue retirado de inmediato por las autoridades del colegio.

“La mamá contó los cambios evidenciados por Rocío en esa época en su rendimiento escolar y en su salud. Rocío sufría desmayos emocionales”, precisó.

Garralda remarcó que la madre de la joven “se enteró este año de los abusos, lo supo cuando Rocío decidió denunciarlo”.

“Este fue un paso más en esta causa que investiga los abusos de Sidders, seguimos avanzando en esta lucha judicial para probar que Sidders es un cura abusador”, enfatizó.

En agosto último Rocío denunció que el sacerdote empezó a acosarla a los 11 años, que le hacía introducir sus manos en los bolsillos de su sotana para que “sintiera su erección” y que cuando se confesaba con él le explicaba cómo masturbarse y que debía hacerlo “pensando en él”.

Según relataron otros ex alumnos varones a Prensa Obrera, el sacerdote era conocido como “Frasquito”, porque los obligaba a masturbarse para guardarse su semen en un frasco.




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