Análisis
Argentina en período de gracia: deudas con el Club de París, el FMI y el Ciadi

Info Blanco

Es el país más demandado del mundo ante el Ciadi.

Alberto Fernandez y Macron

 

“He encontrado un buen amigo en el presidente de la República Francesa, Emmanuel Macron”, comunicó el presidente argentino, Alberto Fernández a sus seguidores de Twitter. En la foto que acompaña al texto, se los ve a ambos mandatarios tomándose fuertemente de los brazos y mirándose fijamente, durante la reciente visita de Fernández al Palacio del Elíseo en París. Pero el encuentro amical al que se refirió Fernández, no consistió en una simple charla entre amigos. En medio de un aumento exponencial de casos de Covid-19 y en plena polémica sobre la falta de vacunas en Argentina, Fernández se dirigió al continente europeo con un solo objetivo: obtener el respaldo para la negociación con el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Club de París.

La gira de Fernández en plena pandemia se dio días antes del vencimiento del plazo para saldar la deuda de 2.485 millones de dólares que mantiene el país con el Club de París. Una fecha simbólica para el Gobierno argentino que ya había dejado en claro que no cumpliría con el plazo. Esto, tras meses de intentar negociar, sin éxito, la extensión del vencimiento y una reducción de la tasa de interés.

Finalmente, el 31 de mayo venció dicho plazo y Argentina entró en un período de gracia de 60 días antes de que el país incurra oficialmente en situación de impago o default. Este “puente” de tiempo es la clave en la que confía el Gobierno para negociar la reestructuración de la deuda. Aunque para ello, el Gobierno también debe resolver su negociación con el FMI ya que el Club pone como condición para la refinanciación, contar con un programa financiero con el FMI. Pero esta condición crucial para destrabar la situación con el Club de París, tampoco beneficia al país que, actualmente está negociando con el FMI la refinanciación de deudas por aproximadamente 45.000 millones de dólares.

De hecho, el último encuentro que entabló Fernández en Europa, fue precisamente con la directora del FMI, Kristalina Georgieva. Un encuentro que dejó una importante declaración por parte de Georgieva quien aseguró que el objetivo del organismo “sigue siendo ayudar a Argentina a construir un futuro económico próspero para todos”. Además, la directora dijo haber tomado nota de “la solicitud del presidente Fernández de reformar la política de sobrecargos del FMI” y aseguró que extendería la consulta al resto de los miembros. Aunque el Gobierno necesita más que estas declaraciones para firmar un programa en el corto plazo. Es por ello que todas las miradas están puestas en el campo del FMI que tiene la decisión final sobre el futuro de la deuda con el Club de París.

Teniendo en cuenta lo que hay en juego, Fernández apostó a sus últimos recursos a través de la vía diplomática. Esto, a sabiendas de que las decisiones del FMI se toman por mayoría de votos, mientras que las del Club de París se concluyen por consenso. Es por eso que Fernández espera que su gira por Europa haya sembrado las semillas necesarias para fortalecer su relación con sus pares, quienes tendrán peso en la decisión final. Esta será la verdadera prueba de fuego de la, tan promocionada, amistad entre Fernández y Macron.

Pero el Gobierno necesita más que del apoyo del mandatario francés para recuperar la confianza, no solo de los organismos financieros, sino también de los acreedores privados. Porque más allá de la deuda con el Club de París y con el FMI, Argentina tiene otros asuntos por resolver. Como es el caso de los juicios que acumula en el Ciadi, el tribunal de arbitraje internacional del Banco Mundial. Y no son pocos.

De hecho, Argentina se ha convertido en el país más demandado del mundo ante el Ciadi, con más de 61 causas abiertas por un total de USD 804 millones. Algunas de ellas son de gran peso, como es el caso de las demandas relativas a la expropiación de YPF. Sin embargo, hay otras causas menores acumuladas, que convendría resolver lo antes posible, para así mejorar la imagen proyectada al extranjero y recuperar la confianza de los inversores extranjeros. Después de todo, Argentina tiene un historial de incumplimiento de contratos con empresas extranjeras como las francesas de energía, EDF International y la de tratamiento de aguas y desechos, Saur International.

En 2014, Argentina fue condenada a pagar 43 millones de dólares en concepto de indemnización a favor de la francesa Saur International. La condena corresponde al incumplimiento del contrato y a la violación de dos estándares del Acuerdo para la Promoción y Protección Recíproca de las Inversiones entre Argentina y Francia (APPRI). Si bien Argentina apeló la decisión, en 2016 el Ciadi la ratificó y ordenó al país a pagar 136,1 millones de dólares más intereses, tanto a Saur como a EDF International y León Participaciones Argentinas.

Si bien la causa con EDF se destrabó, no ha ocurrido lo mismo con la de Saur, que aún aguarda el pago de la deuda. Mientras tanto, el Gobierno continúa desestimando el peso de todas estas causas que de resolverse, permitirían reforzar la imagen del país. Porque por más ayuda que reciba el Gobierno de Macron o de otros aliados europeos, este canal no será suficiente para restablecer la confianza de los acreedores privados. Sobre todo, en el contexto actual en el que el vencimiento del plazo del Club de París profundiza el clima de desconfianza. Esto, sumado al reiterado incumplimiento de los contratos y la acumulación de causas en el Ciadi, empeora la confianza de los inversores. Por el momento, esta desconfianza tiene más peso que el discurso de Fernández.

A pesar de su amistad con Macron y de sus promesas de reforzar lazos económicos y comerciales con Francia, queda claro que nada de esto puede sostenerse en el tiempo, sin el cumplimiento de las obligaciones pendientes. Es por eso que resulta fundamental, no solo pensar en los lazos internacionales como salvavidas en momentos de crisis como está sucediendo ahora con el vencimiento de los plazos con el Club de París. Estos vínculos deben construirse de cara al futuro para poder reforzar la imagen proyectada al exterior y recuperar la confianza en el país.

 

 



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