domingo 21 de abril de 2024 - Edición Nº -1964

Política | 24 feb 2024

El politólogo Pablo Touzón advirtió que empieza a formarse "una alternativa opositora que no es kirchnerista"

El licenciado en Ciencias Políticas, egresado de la Universidad de Buenos Aires (UBA), analizó la reacción del gobernador de Chubut, Ignacio Torres, que al ser respaldada por la mayoría de los mandatarios provinciales puso en jaque al poder ejecutivo nacional.


"Milei contaba a su favor con que lo que llama 'la casta' estaba grogui, pero Torres, como muchos de los gobernadores que lo avalan, son tan nuevos en la política como el Presidente. Habrá que ver si Milei puede sostener esa pelea" en el largo plazo, dijo el politólogo Pablo Touzón en una entrevista con la agencia Télam.

 

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- ¿Qué analiza de los primeros meses del gobierno de Milei?

- Milei llegó a la presidencia en un contexto de una crisis económica y política. Esas condiciones representaron un escenario ideal para su triunfo, que resultó la expresión más nítida del colapso. Milei, sin embargo, es alguien que nunca buscó el poder, sino la afirmación de sus ideas y convertirse en un teólogo de las posturas liberal libertarias en un país con un alto nivel de conservadurismo, donde solo pareciera que se pude cambiar algo mediante una reforma muy mínima o una "revolución". Por ejemplo, el ajuste se procrastinó tanto -se utilizaron palabras como gradualismo, nivelación de precios, etc.- que había una agenda pendiente por cumplir. Ponerla en práctica significaba para el sistema de coaliciones políticas pagar altos costos y por eso no se hizo antes. Entonces, la sociedad apeló a una especie de médico que, para bajar de peso, utiliza un cinturón gástrico y te ata a una silla.

 

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- ¿Cómo observa la relación de Milei con otros partidos políticos y, a partir de los últimos días, con los gobernadores?

- Milei comenzó el Gobierno amagando con construir una especie de coalición de las ruinas de las coaliciones anteriores, que viven en el Congreso y en el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA). La provincia y la ciudad de Buenos Aires son como el Chichén Itzá del viejo orden. Están Axel Kicillof y su gabinete, integrado por los mismos de siempre, y Jorge Macri y el viejo PRO, sin modernismos ni la pretendida impronta de Barack Obama. Pero fuera del AMBA el país cambió mucho. El peronismo perdió en Chaco, San Luis y San Juan, por ejemplo. En Córdoba, por seguir, la dirigencia es otra. Milei no logra ver que los cambios que propone el sistema político no los representa él solo, sino que los gobernadores con los cuales se enfrentó en estos días son tan nuevos como él. Por eso creo que para Milei este panorama es peligroso. Torres, Rogelio Frigerio (Entre Ríos), Maximiliano Pullaro (Santa Fe) y Martín Llaryora (Córdoba), por ejemplo, llegaron al poder también producto del gran año de la crisis política que fue 2023. Al principio, Milei consideró que podía apelar a ellos para suplir los baches de La Libertad Avanza (LLA), que casi no tiene cuadros políticos. Así también incorporó a Patricia Bullrich y Luis Petri, la fórmula presidencial de Juntos por el Cambio (JxC). Sin embargo, ese aspecto federal de su coalición le duró hasta después de romper con los gobernadores tras el fracaso de la Ley "Bases", un escenario que se agravó en los últimos días. Milei cree que la "casta" todavía está grogui y que tiene margen de echarle la culpa a los gobernadores porque gastan de más, pero hay que ver si puede sostener esa pelea.

 

 

- ¿La disputa con los gobernadores, entonces, puede ser riesgosa para Milei?

- Es peligrosa porque parece haberse creado un dispositivo opositor por fuera del kirchnerismo. Empieza a amanecer una alternativa opositora a Milei que, contrario a lo que se esperaban, no está representada por el peronismo, el kirchnerismo o La Cámpora. La rebelión vino del lugar menos esperado: de una provincia patagónica y de un dirigente del PRO. Todo lo que vemos es una especie de laboratorio de transformación política muy acelerada, porque así es el cuadrante que plantea Milei en su gobierno, con una propuesta de ajuste y crisis.
 

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- ¿Cómo evalúa, justamente, la posibilidad de que LLA y el PRO formen una coalición?

- Milei todavía no se decide a tomar el salvavidas de Mauricio Macri. Se siente renuente porque interpreta que, después de la experiencia de Alberto Fernández, un presidente tiene que ser decisionista. No puede ser una marioneta ni un delegado. Milei y su hermana, (la secretaria general de la Presidencia) Karina, representan un liderazgo que nadie puede obviar; no le han podido imponer cosas y saben lo que quieren. Sin embargo, esta advertencia hecha por Torres y otros gobernadores del PRO reveló la ruptura del partido. Seguramente Patricia Bullrich, si bien no lo anunció, cambie a LLA. Y tampoco está claro qué hará Macri ahora porque, por ejemplo, su primo Jorge respaldó a Torres.

 

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- ¿Parece difícil, entonces, que Milei quiera construir un acuerdo político?

- Totalmente. Para Milei sería muy fácil si la política fuera solamente una especie de populismo cibernético, de tuits y likes. Milei es volátil. Yo no lo veo en unos años canoso, con un vaso de whisky en una mano y sentado frente a una chimenea contando cómo fundó un nuevo sistema político en el país. Por eso busca lograr un objetivo de corto plazo como, por ejemplo, la dolarización. Quiere conseguir algo sobre lo que no se pueda volver atrás. Que sus reformas empiecen a verse en la vida cotidiana. La Ley Bases, aunque amputada, hubiera sido un éxito antes que no obtener nada. Culturalmente, acusar a la casta y a los gobernadores por ese freno de la norma le puede servir un tiempo más, pero debería construir un andamiaje político más sólido para cuando el panorama no le resulte tan sonriente.

 

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- En 2021 publicó, junto a Martín Rodríguez, el libro "¿Qué hacemos con Menem? Los noventa veinte años después", que compila artículos con distintas miradas políticas, sociales y económicas sobre los más de diez años de menemismo. Milei suele ponderar aquel período de gobierno y tiene en el suyo a algunos funcionarios, asesores y familiares del expresidente. ¿En qué se parecen y se diferencian al momento de gobernar?


- Son más las diferencias que las similitudes. Milei construyó su propio Menem, una figura que había sido cancelada por buena parte de la política. El de Milei es un Menem cosplayer, que tiene poco que ver con el real y quien, en términos políticos, era pro casta, porque impulsó gran parte de sus reformas estructurales sobre la base de acuerdos con distintos sectores: con los empresarios, con los radicales, con el propio peronismo. Milei apeló a un aspecto más popular de Menem: a las reformas de mercado, a un Estado que no funciona, al hartazgo de la sociedad frente a la inflación, etc. En esa parte, y hasta estéticamente, pueden ser parecidos. Los libertarios son una versión "white trash" del menemismo más empobrecida económica y culturalmente. Pero en el resto de las cosas, son lo opuesto. Milei se verbaliza más radicalizado, dispuesto a dar peleas, mientras que Menem se concebía a sí mismo como un pacificador de los conflictos. Por eso promovió la repatriación desde Inglaterra de los restos de Juan Manuel de Rosas o se abrazó con el exalmirante Isaac Rojas, uno de los líderes de la "Revolución Libertadora" que había derrocado a Juan Domingo Perón en 1955. Las ideas de Menem estaban más fundamentadas en el realismo político. Entendió que el país tenía que funcionar en un cuadrante donde convivían el capitalismo, un Estado fundido y los militares carapintadas. Supo interpretar la realidad en clave peronista y tenía el uso del instrumental del liberalismo de la época. Milei tiene mucha menos flexibilidad. Es un jacobino, un Robespierre de la Revolución Francesa. Menem y Milei representan lógicas opuestas.

 

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