jueves 23 de mayo de 2024 - Edición Nº -1996

Información General | 3 may 2024

Estudiantes de los abrazos

Por Luciano Scatolini, socio de Estudiantes de La Plata.


 

“Uno vivió humillado y ofendido,
se sintió negro, paria,
risible minoría,
adventista, croata,
o bicho raro…. Uno debió explicar con voz de tío
que había una vez un Lauri,
y había un Guaita,
y había una delantera,
y había un sueño dragón y una princesa,
y había un rey Estudiantes de La Plata”

(de Humberto Constantini, porteño e hincha de Estudiantes)

 

 

Juan Scatolini, el negro, el panadero, el compañero, mi papá, tuvo muchas virtudes.

En vísperas de una final con nuestro amado Estudiantes de la Plata quiero recordarlo hincha de fútbol, que donde esté, el domingo dirá presente, porque la presencia de lo amado es imprescindible para hacer intensos los momentos que quedan para siempre.

Mi viejo me llevó a la cancha recién salido de la cárcel, allá por el año 1981, en aquel estadio de tablones de calle 1, que también vimos juntos reinaugurar antes de la pandemia.

La vuelta a la cancha marcaba para él la vuelta a la libertad, y el fútbol significaba por esencia popular y colectiva su visión de la vida y del fútbol. Jugar como se vive, y por aquellos tiempos de dictadura, ir a la cancha era además el acto de mayor rebeldía popular. En la cancha se cantaba la marcha peronista que estaba prohibida, también en la cancha se abrazaba, se reía y se lloraba.

El hilo de la historia unía a “los profesores” con la gloria del 69, y llegaba al primer campeonato que vimos juntos en 1982 con Miguel Russo, "El Bocha" Ponce, Alejandro "Pachorra" Sabella y Marcelo Trobianni.

Mi viejo se abrazaba al fútbol, me abrazaba en gritos de gol, contaba anécdotas y recitaba poesías. Siempre nos decía parafraseando a Humberto Constantini que había “un rey Estudiantes de La Plata” como expresión de aquellos clubes más chicos que pelean con los grandes.

Así vivió Juan, abrazado a lo que amaba y defendía con la sangre, ardiendo por sus venas con cada injusticia.

Mi viejo militó en la política de antes, la que se hacía también de madrugada pintando paredones y sé que los de calle 1 fueron curtidos muchas veces con sus manos, desde el "luche y vuelve" hasta su apasionado fervor kirchnerista.

Esta breve alegoría que sirva de homenaje al padre, al hincha, al celador de sueños que acompaña a mi hijo Camilo y a mí, cada vez que la voz del Estadio, como siempre, se complace en presentar la alineación del primer equipo que rompió con la hegemonía de los poderosos.

Porque eso fue mi padre, un idealista convencido de que se podía pelear el campeonato de los desposeídos y humillados. Con el que me abracé y lloré en cancha de Vélez en 2006, en el Morumbi en el 2009 y que este domingo entre las risas y las lágrimas estará abrazando nuestra ilusión de volver a ser campeón.

 

 

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