sábado 16 de octubre de 2021 - Edición Nº 29.188

Información General | 14 may 2014

OPINIÓN

La mala educación (por Claudia Vásquez Haro*)

Reflexión sobre el abrazo simbólico realizado por padres y alumnos del Colegio Albert Thomas, repudiando la reubicación de la "zona roja" en el Bosque platense


El título podría remitirse al film de Pedro Almodóvar sobre la historia de vida de Zahara, una trans que sufrió abusos físicos y sexuales por parte el padre Manolo en un colegio católico. Pero en esta ocasión permite preguntarnos qué tipo de “educación” se imparte en las aulas de la Técnica N°6 (Albert Thomas) de la ciudad de La Plata.

Tras el acuerdo con el Municipio sobre la reubicación de las compañeras trans al corredor de 115 (que se encuentran en estado de prostitución), surge la polémica por parte de docentes, alumnos y padres de familia. Estas personas, desde un discurso de orden “moral”, potencian la discriminación y la exclusión social hacia las integrantes del colectivo trans platense.

La construcción de su relato está basado en el perjuicio y un total desconocimiento de las vidas precarias y marginales de las trans, el cual se contrapone al de “personas de bien” encarnado por quienes estudian y pertenecen determinada clase social y familia tipo.

Recordemos que estos espacios formativos creados para educar e impartir valores, fueron profundamente reticentes a lo diferente (por cuestiones de raza, etnia, género, sexo, entre otras) donde a las personas con sexualidades e identidades diversas se nos expulsó. Se instalo una dicotomía entre civilización y barbarie.

Hoy, después de haber alcanzado la igualdad jurídica (con la ley de matrimonio igualitario y la ley de identidad e género), seguimos reclamando la aplicación de la Ley de educación sexual integral, que por sus contenidos creemos permitiría deconstruir discursos hegemónicos y echar luz sobre todo lo que por tanto tiempo ha permanecido oculto.

Resistimos años de violencia institucional por parte de la policía, el municipio, la justicia, la iglesia, algunos vecinos, grupos de motoqueros y bicicleteros. Como así también enfrentamos la violencia mediática, a esos grandes titulares como “red de narcos travestis” entre otros.

Ahora, después de firmar un acuerdo conjunto entre el Municipio, la Asociación Civil Vecinos 66 y nuestra organización de base OTRANS PLATA, respaldada por la FALGBT (Federación Argentina de Lesbianas, gays, bisexuales y Trans) para la reubicación de las compañeras, un nuevo actor social se hace presente (estudiantes, docentes y padres de familia) con discursos conservadores, retrógrados y prejuiciosos, que hablan de “seguridad y dignidad hacia nosotros”.

Cuando hacen un recorte ideológico de la categoría dignidad, uno tendría que preguntarse ¿las trans no tienen dignidad? Esa dignidad les fue arrebatada, por una sociedad autoritaria, discriminadora, que no solo las nombró como diferentes y desiguales, sino que las oculto e invisibilizó. Las expulsó de todo tipo de posibilidades de existencia, de vivir una vida vivible. Les coartó esa mínima posibilidad de embarcarse en un proyecto de vida como cualquier ciudadana común. Se les impuso una vergüenza, que no es propia, es ajena, sobre sus cuerpos abyectos. Porque para nosotras “el orgullo” de ser quienes somos, es una respuesta política y por lo tanto digna.

Cómo pensar un mundo posible para las personas trans, cuando muchas de ellas nacieron vivieron y murieron en la marginalidad y la exclusión. Cuando en el mismo momento de expresar y exteriorizar su género autopercibido, del primer lugar de donde se las expulsó fue de sus hogares. Luego esto se replicó en las escuelas, los colegios, las universidades, la Iglesia, entre otros.

Muchas de nostras no solo naturalizó la violencia, sino la idea de que ser trans era sinónimo de prostitución, porque no hay, ni encontró otras oportunidades. Como si el hecho de que al ser trans, tu destino es hacer la calle. Muchos ignoran y te preguntan “¿trabajas de trans?”, como si nuestra identidad tuviera que ser análoga a un trabajo. Cuando la pregunta tendría que ser “¿te prostituís?”.

Ahora bien, lo que nos llama poderosamente la atención es la indiferencia, pedimos reunión con el director de la Tecnica Nª 6 para dialogar y que se interioricen en el tema. Luego realizaron ayer un abrazo simbólico padres, estudiantes y directivos de la técnica, esto podría tener varias interpretaciones y significaciones. Pero lo que sí queda claro para nosotras, es que la puesta en acto de formar una especie de barrera humana, puede ser entendida como una especie de cerco, de muralla. Donde la oposición civilización/ barbarie se pone de manifiesto .De un lado lxs civilizadxs que rodean el colegio preocupados y temerosos de lo amenazante. Del otro la barbarie, encarnado por el cuerpo trans, este, un ser pecaminoso, el enemigo que debe ser no solo erradicado, sino exterminado.

Theodor W: Adorno, en su ensayo “La educación después de Auschwitz”, pone énfasis en la importancia de la educación para que hechos aberrantes como esos no se repitan. Ahí manifiesta no entender que se le haya dedicado tan poca atención hasta hoy y que se haya tomado tan escasa conciencia de esa exigencia. Que lo monstruoso y el horror no hayan penetrado bastante en los hombres, es síntoma de que la posibilidad de repetición persiste.

Plantea “Fue la barbarie, contra la que se dirige toda educación. Se habla de inminente recaída en la barbarie. Pero ella no amenaza meramente: Auschwitz lo fue, la barbarie persiste mientras perduren en lo esencial las condiciones que hicieron madurar esa recaída. Precisamente, ahí está lo horrible. Por más oculta que esté hoy la necesidad, la presión social sigue gravitando. Arrastra a los hombres a lo inenarrable, que en escala histórico-universal culminó con Auschwitz”.

La reflexión sobre la manera de impedir la repetición de Auschwitz, de la dictadura cívico militar Argentina o de los crímenes de odio es a través de tomar conciencia que la estructura básica de la sociedad, sus miembros, como sus protagonistas, son hoy los mismos que hace 38 años en el caso argentino. Millones de inocentes fueron sistemáticamente exterminados por este tipo de pensamiento único y autoritario. El genocidio y exterminio hunde sus raíces en esa resurrección del nacionalismo agresivo sobrevenida en muchos países desde fines del siglo diecinueve. El mismo resurge en nuestras sociedades hoy a través de la construcción de un enemigo, en este caso: El colectivo trans.

Apelemos a una educación inclusiva con valores democráticos, no discriminatorios y basados en derechos humanos, como a la sensibilidad de docentes estudiantes, directivos y padres de familia para que puedan reflexionar y generar estrategias conjuntas.

Queremos instituciones educativas que no potencien la discriminación y exclusión social, sino que permitan el diálogo y un trabajo pedagógico en articulación generando espacios de diálogo para la construcción de ciudadanía igualitaria. Para ello proponemos charlas debate en las escuelas, para que a través de nuestras historias de vida conozcan la realidad que atraviesa nuestro colectivo. Esto creemos permitirá deconstruir esa deshumanización de nuestras identidades y sexualidades.

La autora es docente e investigadora de la Facultad de Periodismo y Comunicación de la UNLP y presidenta de la Asociación Civil *OTRANS La Plata

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