La reciente detección de casos de hantavirus en un crucero que partió desde Ushuaia encendió las alertas epidemiológicas internacionales. El episodio dejó al menos tres personas fallecidas y obligó a activar protocolos sanitarios en distintos países.
Se trata de una enfermedad que se transmite desde animales hacia las personas. El principal reservorio son ciertos roedores silvestres, especialmente el llamado “ratón colilargo”, que porta el virus sin enfermarse gravemente.
En cambio, en humanos el cuadro puede ser extremadamente severo. En Asia y Europa la infección por hantavirus produce fiebre hemorrágica con síndrome renal (FHSR). En América, los hantavirus producen el denominado Síndrome Pulmonar por Hantavirus (SPH), una enfermedad que afecta principalmente el sistema respiratorio y cardiovascular. En el sur argentino y en Chile circula particularmente la cepa Andes, asociada a una elevada mortalidad.
Argentina tiene cuatro grandes regiones donde el virus circula de manera estable: el noroeste argentino (Salta, Jujuy y Tucumán), la región centro (Buenos Aires, Santa Fe y Entre Ríos); el noreste argentino (Misiones, Chaco y Formosa) y la Patagonia, especialmente Neuquén, Río Negro y Chubut.
La forma más frecuente de contagio ocurre al inhalar partículas microscópicas provenientes de orina, saliva o heces de roedores infectados. Algo tan cotidiano como barrer una cabaña cerrada, limpiar un galpón, cortar el pasto o desmalezar puede levantar aerosoles contaminados sin que la persona lo advierta.
Sin embargo, el hantavirus tiene una particularidad que lo diferencia de otras zoonosis: en determinadas circunstancias puede transmitirse entre personas. Esto fue demostrado por primera vez en Argentina en la década de 1990, a partir de investigaciones realizadas tras una serie de casos registrados en la localidad patagónica de El Bolsón. Más tarde, otros brotes como el de Epuyén confirmaron la transmisión interhumana del virus Andes.
Uno de los grandes problemas del hantavirus es que los síntomas iniciales son muy inespecíficos. Después de un período de incubación que puede variar entre 4 y 45 días, aparecen fiebre, dolores musculares, malestar general y trastornos gastrointestinales. En esa etapa muchas veces no hay síntomas respiratorios, lo que dificulta sospechar la enfermedad.
Pero el cuadro puede agravarse rápidamente. En pocas horas pueden aparecer dificultad respiratoria, hipoxemia, shock y fallas cardiovasculares severas. Una vez que se instala la fase cardiopulmonar, la evolución suele ser vertiginosa y puede causar la muerte en apenas 24 o 48 horas.
Por eso los especialistas insisten en la importancia del diagnóstico precoz. Aunque no existe un antiviral específico contra el hantavirus, la detección temprana permite aplicar tratamientos de sostén —como oxigenoterapia y asistencia respiratoria— que reducen el riesgo de evolucionar hacia las formas más graves.
La enfermedad tiene además una elevada letalidad. Según distintos brotes registrados en Argentina, puede alcanzar hasta el 40 por ciento de los casos.
Cada vez que aparecen contagios relacionados entre sí, se activan investigaciones epidemiológicas para reconstruir recorridos, detectar contactos estrechos y determinar dónde se produjo la infección. Eso es precisamente lo que ocurre actualmente con el crucero que partió desde Ushuaia y debió detenerse en Cabo Verde para coordinar la evacuación y el control sanitario de pasajeros de distintas nacionalidades.
El trabajo científico detrás de estos episodios involucra múltiples disciplinas. No solo se estudia a las personas infectadas: también se analiza la circulación viral en roedores, la genética de las cepas y las posibles cadenas de transmisión. Medicina, bioquímica, epidemiología y biología trabajan de manera coordinada para contener los brotes.
Además, el hantavirus es una enfermedad de notificación obligatoria en Argentina. Ante un caso sospechoso, el sistema de salud debe informar inmediatamente al Sistema de Información Sanitaria Argentino (SISA), que permite emitir alertas y coordinar medidas preventivas.
Según el último Boletín Epidemiológico Nacional, durante la temporada 2025-2026 se notificaron 101 casos de hantavirosis en el país. La mayor cantidad se registró en la provincia de Buenos Aires, seguida por Salta, Santa Fe, Jujuy, Río Negro, Entre Ríos y Chubut. El informe advierte además que los casos se mantienen por encima del umbral esperado de brote.
Frente a este escenario, la prevención sigue siendo la herramienta más eficaz. Los especialistas recomiendan ventilar ambientes cerrados antes de ingresar, usar barbijo al limpiar lugares potencialmente contaminados, evitar levantar polvo al barrer y extremar cuidados al cortar pasto o desmalezar. También aconsejan no manipular roedores directamente y mantener los espacios libres de basura y malezas.
Para quienes acampan, las recomendaciones incluyen elegir zonas despejadas, no dormir directamente sobre el suelo y conservar los alimentos protegidos.
Fuente: UNLP