lunes 25 de mayo de 2026 - Edición Nº 29.188

Política | 25 may 2026

Falleció a los 86 años

La Plata despidió a Ernesto Jauretche: el recuerdo de Iván Maidana

Sectores peronistas de La Plata despidieron a un referente del pensamiento nacional y la militancia popular de la segunda mitad del siglo XX.


El sábado a los 86 años de edad falleció Ernesto Jauretche, un hombre cuya historia reflejó las pasiones, las contradicciones y los debates de la generación que marcó la política argentina de los años 70. Su muerte generó una profunda conmoción que atravesó el ámbito académico, los organismos de derechos humanos y el arco político de la capital bonaerense.

Nacido en el seno de un hogar donde el peronismo era una identidad natural, su destino estuvo marcado tanto por el compromiso territorial como por el debate de ideas.

Fue sobrino del célebre ensayista y fundador de FORJA, Arturo Jauretche, Ernesto no solo heredó ese apellido de enorme peso político, sino que se convirtió en un colaborador estrecho de su tío.

De joven, actuó como asistente de escritura de "Don Arturo" —que prefería dictar sus textos en lugar de mecanografiarlos—, una experiencia que fortaleció su posterior vocación por el periodismo, la investigación y el análisis de la economía agraria.

"Montonero, ensayista y polemista jauretcheano. Transitó su vida militando siempre por lo nacional y popular, por lo federal, y entendiendo la política en términos históricos". Así lo recordó en sus redes sociales Iván Maidana, dirigente del peronismo de La Plata que acompañó muy de cerca a Ernesto durante los últimos años.

"Esa mirada le permitía comprender la compleja coyuntura política, pero también proyectarse en una tradición más profunda: ser seguidor de Artigas, conspirar a favor de la Patria con Monteagudo, nacer peronista con el peronismo, ser parte de la Resistencia Peronista y de aquella Juventud Maravillosa que, en el Luche y Vuelve, trajo a Perón de regreso a la Patria", añadió.

Además, Maidana recordó que a Ernesto Jaurectche "también le tocó resistir la última dictadura militar y llorar muchas veces, en soledad, la pérdida de compañeros y compañeras detenidos-desaparecidos", y señaló: "Ernesto era un polemista de verdad. Lo convocabas a una reunión y, posiblemente, te la pudría, porque iba al hueso del debate político. No participaba de la banalidad de coachear dirigentes ni de los focus groups para ganar el centro del escenario político. No pensaba la política como una estrategia para ganar elecciones a la baja y administrar la dependencia, sino como una herramienta para transformar la realidad".

"Si pensamos la política en términos de mayorías y dejamos de ser una confederación de intereses mezquinos; si transitamos la vida como nos proponía Ernesto —ganar, perder, pero siempre luchar—; si militamos en términos históricos, entonces la única y verdadera construcción sigue siendo la misma: liberación o dependencia", concluyó Maidana en el marco de los recordatorios y homenajes que se le hicieron a Jauretche..

 

De las fábricas a la militancia 

Los primeros pasos de su recorrido público se dieron en el ámbito sindical. Formado como técnico mecánico, comenzó su labor en el sector metalúrgico, donde tempranamente se sumó a la actividad gremial dentro de la Unión Obrera Metalúrgica (UOM). Aquella experiencia fabril coincidió con los años de la Resistencia Peronista, un período de proscripción que forjó su decisión de volcarse de lleno a las estructuras de la Juventud Peronista.

Con el tiempo, su rol se volvió cada vez más orgánico. Llegó a integrar el Consejo Superior del Partido Justicialista bajo la conducción de Héctor J. Cámpora y formó parte del andamiaje legislativo como secretario de la bancada de la JP en el Congreso Nacional hasta mediados de la década del 70. Asimismo, asumió responsabilidades institucionales en la provincia de Buenos Aires durante la gobernación de Oscar Bidegain, donde se desempeñó al frente de la Subsecretaría de Asuntos Municipales.

En tanto, Jauretche se incorporó a la organización Montoneros, un paso que él mismo analizó años después sin caer en reduccionismos ni visiones nostálgicas.

Aunque defendía el arraigo peronista de aquella militancia y la sólida formación global de sus cuadros, su mirada crítica y las diferencias internas con la cúpula de la organización derivaron en su expulsión. Poco después, ante el recrudecimiento de la violencia y el advenimiento de la última dictadura cívico-militar, debió emprender el camino del exilio, un periplo que lo llevó por Brasil, España y, fundamentalmente, México.

 

Su mudanza a La Plata

A su regreso al país, asentado en La Plata, Jauretche continuó participando activamente de la vida cultural, universitaria y política local.

En su última etapa, volcó su energía a la escritura, publicando su obra autobiográfica “Memoria de la Esperanza. Vida, pasión y muerte de un muchacho peronista”.

En esas páginas, prologadas con la premisa de que los proyectos colectivos de su juventud primaban sobre los destinos individuales, repasó las discusiones de fondo que —según su criterio— el debate contemporáneo solía olvidar, como el rol del sindicalismo, la geopolítica y la dependencia estructural.

En sus intervenciones más recientes, se mostró sumamente analítico y exigente con la actualidad del Partido Justicialista.

Si bien valoró de forma categórica la gestión de Néstor Kirchner a partir de 2003 por reintroducir el lenguaje de las causas populares en el centro de la escena —e incluso aseguraba que su tío Arturo se habría alineado firmemente con el kirchnerismo—, lamentaba que no se hubiese avanzado a fondo en el desmantelamiento del andamiaje económico heredado del neoliberalismo.

Para Ernesto Jauretche, el movimiento debía alejarse de las meras especulaciones electorales y recuperar las transformaciones estructurales para dignificar a las mayorías.

El homenaje final

Sus restos fueron velados este domingo en la Unidad Básica 17 de Octubre, ubicada en 1 entre 40 y 41, rodeado de militantes, familiares y compañeros de lucha que se acercaron a darle su último adiós.

 

 


 

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