Por: Nicolás Harispe
Pese a que en todos los sectores político-partidarios reconocen que no habrá novedades de importancia hasta que termine el Mundial, las especulaciones sobre los armados del oficialismo y la oposición llenan la conversación pública local de pronósticos, versiones interesadas y vaticinios muy poco probables.
Una cosa sí es cierta: dos polos avanzan para consolidarse luego de reformularse. En uno de ellos, el del universo liberal libertario, todo es incertidumbre, sobre todo desde que estalló el caso Adorni. Pero en la oposición también, sobre todo desde que Axel Kicillof se consolidó como primus inter pares, y desde que desoye abiertamente la revuelta camporista que busca condicionar su armado de cara a las próximas elecciones.
Además, el gobernador bonaerense es (contra todo disimulo) la esperanza blanca del progresismo no frentevictoriano.
En verdad, es la única figura competitiva electoralmente que logra digerir ese universo heterogéneo en lo político, en lo social y en lo cultural. Se trata de un segmento amplio de la sociedad que se percibe a sí mismo como portador generoso de grandes aspiraciones éticas, mayoritariamente pendientes desde el retorno de la democracia.
El mandatario bonaerense también emerge con una potencia creciente en la interna peronista. Los cordobesistas del PJ mediterráneo lo están esperando ya sin tantos disimulos, y reconocen que la estrategia del MDF quizá no sea la que hubiesen elegido, pero es la única posible en esta coyuntura de brutal expansión ultraderechista a nivel global.
Con esa certeza, las segundas líneas de ambos espacios dialogan profusamente con vistas a las elecciones presidenciales. También lo hacen en La Plata y en cada distrito.
Porque, como se sabe, los dispositivos electorales se construyen desde arriba hacia abajo, nunca al revés. Jamás logra trascender el plano de lo poético esa gastada utopía que refiere a una hipotética “construcción desde las bases, de abajo hacia arriba”.
Así no funciona la política electoral, no es su naturaleza, y nunca lo fue. Menos en el peronismo y entre sus aliados de cercanías.
En esa gran sala de espera de la política, llena de ansiedad y de cálculos y de operaciones, los nombres de candidatos y candidatas se revolean en escuetos panoramas con pretensiones informativas. Se arman entretenidas elucubraciones que circulan de red social en red social, cuando no de portal en portal.
Es un compendio de rumores contradictorios que se gastan a mansalva para atrapar el clic, instalar un nombre, construir una idea y preparar el escenario para el verdadero momento en el que se haga pedazos la tensa y engañosa paz social libertaria, o sea, cuando se largue la verdadera carrera electoral.
A los seguidores de Milei ya ni les importa que La Libertad Avanza aparezca más en las noticias policiales que en las páginas de gloria con las que alguna vez soñó.
El problema que los constriñe, y que los aleja de cualquier mayoría electoral, es que el gobierno nacional empobrece, margina, es un creador inagotable de violencia social, y preludia un final con toda la hiel que tuvieron las caídas de José Alfredo Martínez de Hoz y Domingo Felipe Cavallo. Quizá los dos grandes responsables de la financiarización de la economía nacional junto al dos veces ministro Luis “Toto” Caputo.
Para colmo, el intendente Julio Alak trabaja para encabezar las listas opositoras a LLA y el PRO en territorio bonaerense, un anhelo que abre el debate de la sucesión en la intendencia de La Plata.
Todos interrogantes que no tienen respuestas. Y que amasan una y otra vez decenas de operadores, empleados legislativos, y militantes partidarios , pero casi ningún ciudadano de a pie .
Por eso el único consenso al que llegó la política en su conjunto (en forma involuntaria, y por imposición del declinante y pálido estado de ánimo social) es que, hasta que termine el Mundial, no hay mucho por hacer de cara a la sociedad.
Todo parece muy lejano por ahora. Incluso habría que señalar que el desarrollo de la política electoral del año que viene no solo se ordenará desde lo nacional a lo local, sino también desde lo global a lo nacional.
En noviembre, Donald Trump recibirá un duro shock electoral en las elecciones de mitad del mandato de los Estados Unidos, cuyas consecuencias ni hasta el más atrevido podría estimar con algo de confianza.
El escenario está abierto de par en par, y cualquier nombre que se mencione para cualquier cargo electivo es tan solo el resultado de la literatura periodística. Solo sabemos, quienes vivimos en esta provincia, que Julio Alak y otras figuras aspiran a gobernarla.
Y que ni siquiera las duras críticas de los sectores más cercanos a CFK podrían horadar la centralidad que logró acumular Kicillof.
A lo mejor, en un escenario de irracionalidad extrema, podría haber una propuesta engordada con el solo propósito de desgastarlo. El fuego amigo, no habría que olvidarlo, es un trastorno obsesivo compulsivo muy conocido en el kirchnerismo.
En ese marco, y ante esta espantosa realidad, en estos horribles e interminables días de intrigas palaciegas, causas penales y nuevos ricos; y entre tantos vaticinios de cara a las elecciones del año 2027, una certeza sirve para cerrar este breve escrito, que obviamente no tiene más pretensiones que asegurar que nada es seguro: nadie suena para ningún cargo, nadie “sería” candidato o candidata a nada. Aunque quieran serlo.
Para la recta final, es decir, para la etapa de definiciones de candidaturas, solo quedan, entre el aciago presente y el ansiado recambio, muchas operaciones, más caída del consumo, más pobreza, más escándalos judiciales, pero sobre todo un torneo deportivo que concitará toda la atención popular.
Con eso ya hay bastante. Demasiado para esperar el final de este agresivo experimento social, económico y cultural que divide a la Argentina y que excluye a la mayoría de su población. Después seguirán los procesos penales, los conminados al ostracismo (no olviden a José Luis Espert) y los insultos al Gobierno. Pero tampoco será "amanece que no es poco".
El desafío es más complejo, y no tiene que ver con nombres y apellidos en lista de espera, sino con la consolidación del instrumento político electoral que hace falta, y que debe indefectiblemente proponer un camino de reparación que acepten transitar las mayorías populares.