Por: Matías Alonso
¡Ay, una cucaracha! Para muchas personas, ver uno de esos insectos implica ir corriendo a buscar un insecticida en aerosol y rociar la zona como si no hubiera un mañana. Pero pocas veces tomamos conciencia del peligro que eso significa para nuestra propia salud. Un estudio de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires (FAUBA) investigó cuánto saben las personas de la Ciudad de Buenos Aires sobre los químicos que usan para combatir plagas y encontró resultados sorprendentes.
Para este estudio, desde la FAUBA encuestaron a unas 120 personas y se encontró que el 100% usa químicos insecticidas en sus casas, pero sin tener conocimiento sobre qué riesgos conlleva, sus componentes ni los primeros auxilios necesarios en caso de intoxicación.
En cuanto a la venta de estos productos en los comercios de cercanía, el estudio revela que se están llevando a cabo malas prácticas. Por ejemplo el fraccionamiento sin las etiquetas correspondientes, por lo que si una persona se intoxica, no tiene forma de saber qué químico es el responsable, además de la importación de productos sin traducción en el etiquetado, muchas veces directamente con referencias en otros idiomas como el chino, que los médicos ya se están acostumbrando a traducir en las guardias.
“Nos encontramos con la paradoja de que la gente sabía que eran productos nocivos y que conllevaban algún riesgo pero no tomaba medidas precautorias sobre su uso”, le dijo a TSS Barbara Lutfi, autora del trabajo y egresada de la Licenciatura en Ciencias Ambientales de la FAUBA.
Otro de los problemas encontrados en el estudio fue que los envases fueron reciclados por el 30% de los encuestados sin hacer los lavados correspondientes, lo que puede aumentar el riesgo de intoxicación. Además, la mayoría de las personas encuestadas no sabía qué principio activo o qué químico era el que estaba usando, solamente podían identificar la marca y contra qué plaga estaba actuando.
Las intoxicaciones con estos productos resultan mucho más frecuentes de lo que se esperaba antes de hacer el estudio, “Encontramos muchas intoxicaciones y usos inadecuados. Médicos que nos comentaron que los padres de chicos usan pipetas para perros en la cabeza de los niños para combatir la pediculósis. También es común el uso de veneno para ratas adentros de los hornos para evitar estos roedores pero luego no son sacados a la hora de cocinar, contaminando toda la comida”, ejemplificó la investigadora. Además, fueron mencionadas las muertes de mascotas en los hogares por el mal uso de venenos para ratas que pueden tener olor y sabor atractivo para perros y gatos.
“Se encontró un muy mal uso de los rodenticidas (pesticida para plagas de roedores), que suelen ser cebos de colores llamativos y con forma similar a los caramelos, lo que lleva a que muchos niños los consuman por accidente y terminen internados por intoxicaciones graves. En las zonas del cordón hortícola de la provincia de Buenos Aires este veneno también es usado muchas veces como herramienta para el suicidio, por lo que debería ser regulado en su venta”, dijo Lutfi. “Hubo otro caso que identificamos en una entrevista con una médica en la que un chico de unos dos o tres años empezó a caminar con mucha dificultad, como si estuviera borracho, y fue por aplicarle una cantidad excesiva de repelente para mosquitos en la piel, algo no indicado para menores de 12 años”, agregó.
La mayoría de las personas consultadas tampoco conocían los primeros auxilios frente a una intoxicación pero todas aseguraron que irían a una guardia médica ante un indicio de este tipo. Si bien en muchos centros hospitalarios no tienen especialidad en toxicología, pueden derivar a los pacientes. Una minoría dijo que llamarían al centro de toxicología que aparece en los envases de venenos.
En el estudio también se relevaron los lugares adonde se vendían estos productos insecticidas químicos. Allí se encontró que muchos no tenían los rótulos correspondientes porque fueron fraccionados por los vendedores. Eso lleva a que sea muy difícil identificar el veneno que realmente se consumió y que no se pueda usar el antídoto correcto ante una intoxicación. Muchas veces esto alarga los tiempos de internación y hace que la persona pase más tiempo expuesta al químico. En las entrevistas con médicos se encontró que ya conocían algunos productos, como por ejemplo el polvo blanco chino contra cucarachas que se puede encontrar en los bazares con etiquetas extranjeras. De tanto atender pacientes intoxicados con esta sustancia, los médicos ya conocían los ingredientes y la forma de contrarrestar su efecto. “Se supone que esos productos no se deberían poder vender, no tienen autorización de ANMAT, ni cumplen con las normativas, pero se los puede encontrar en todos lados. El Estado no está haciendo los controles necesarios”, dijo Lutfi.
Parte de la responsabilidad sobre estas intoxicaciones es del Estado porque no falta de regulación y control, y de campañas de concientización sobre los riesgos de los insecticidas de uso doméstico. Este escenario desemboca en una sobreutiliación estos compuestos químicos. Según la investigadora, “las últimas campañas de concientización que encontré eran de 2011, unos folletos en la Ciudad de Buenos Aires con medidas de prevención. Tampoco hay registro de la cantidad de intoxicaciones. Buscamos a nivel de la ciudad, provincial y nacional, y el último dato fue de 2002. Fue la última vez que se contó con un dato certero y validado sobre los efectos toxicológicos de los insecticidas. Y solo encontré algunos hospitales que toman registros propios”.
Para Lutfi, “es importante que la gente tome conciencia de la exposición que tenemos a estos químicos, porque los usamos todo el tiempo, vienen fumigadores a nuestro departamento y se tiran plaguicidas en las plazas. Tenemos que tomar conciencia de otras opciones para combatir plagas como las barreras físicas, los mosquiteros, mejorar la limpieza y cosas que son muy fáciles de hacer antes de naturalizar el uso de venenos en nuestras casas que impactan en la salud y el ambiente”.
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