domingo 31 de mayo de 2026 - Edición Nº 29.188

Cultura | 31 may 2026

Albert Montiel, el artista colombo-venezolano que conecta dos culturas desde el vallenato


En América Latina, la música ha sido históricamente un puente entre territorios, acentos, memorias y formas de sentir. En ese mapa cultural donde los géneros populares viajan más allá de las fronteras, el vallenato continúa ocupando un lugar especial: nació en el Caribe colombiano, pero hace tiempo dejó de pertenecer únicamente a una región. Hoy se escucha, se canta y se baila en distintos países del continente, encontrando nuevas voces que lo reinterpretan sin borrar su esencia. Una de ellas es Albert Montiel, cantante colombo-venezolano que ha hecho del vallenato una forma de conexión entre dos culturas hermanas.

Nacido en Mérida, Venezuela, y criado en San Juan del Cesar, La Guajira, Montiel lleva en su historia personal una doble raíz que define buena parte de su identidad artística. Su origen venezolano y su formación musical en territorio guajiro le permiten habitar el vallenato desde una perspectiva particular: la de quien entiende el género como tradición, pero también como lenguaje emocional compartido por millones de latinoamericanos.

Desde muy joven, la música marcó su camino. A los 14 años grabó su primera canción, “Mujer Guerrera”, junto a Black and White, una agrupación de pop reggae que le permitió acercarse tempranamente al estudio, al canto y a la experiencia de crear desde la interpretación. Ese primer paso fue el inicio de una vocación que más adelante encontraría en el vallenato su territorio natural.

Su proyección nacional llegó en 2013, cuando participó y fue finalista de la segunda temporada del programa “Yo Me Llamo”, interpretando a Silvestre Dangond. Aquella exposición televisiva lo posicionó durante varios años como uno de los dobles más reconocidos del artista vallenato, pero también le abrió una puerta mayor: la posibilidad de construir una carrera escénica con disciplina, técnica y contacto directo con públicos masivos.

Sin embargo, la historia de Albert Montiel no se limita a su paso por la televisión. Con el tiempo, el artista fue transformando ese reconocimiento inicial en una búsqueda más profunda: consolidar una voz propia dentro del vallenato. En ese proceso, su origen colombo-venezolano dejó de ser solo un dato biográfico para convertirse en parte fundamental de su propuesta. Montiel canta desde una frontera cultural donde Colombia y Venezuela se encuentran, se reconocen y comparten una sensibilidad musical profundamente popular.

A lo largo de su trayectoria ha compartido escenario con figuras como Silvestre Dangond, Elder Dayán, Jeisson Jiménez, Darío Gómez, Jean Carlos Centeno y Ñejo, entre otros artistas de reconocimiento internacional. Además, ha llevado su música a escenarios de Colombia y países como Bolivia, Perú, Ecuador, Brasil, Venezuela y Panamá, fortaleciendo una proyección regional que dialoga con públicos diversos de América Latina.

Para un público argentino, acostumbrado a géneros populares de fuerte raíz emocional como el folklore, la cumbia, el cuarteto o el tango, la propuesta de Albert Montiel puede leerse desde un punto común: la capacidad de narrar historias desde el sentimiento. El vallenato, como muchas expresiones musicales del continente, habla de amor, ausencia, celebración, orgullo, barrio, territorio y memoria. En esa línea, Montiel representa a una generación de artistas que conserva la fuerza narrativa del género, pero entiende que las nuevas audiencias consumen música de una manera distinta.

Su identidad musical se mueve entre el respeto por el vallenato tradicional y la apertura hacia influencias actuales. En su repertorio aparecen conexiones con sonidos como los corridos mexicanos, adaptados al lenguaje vallenato con una intención de fusión orgánica. Esta búsqueda no pretende desplazar la raíz, sino ampliar sus posibilidades. En tiempos donde la música latina cruza plataformas, países y estilos, esa capacidad de adaptación resulta clave para proyectarse internacionalmente.

Uno de los puntos más destacados de su carrera reciente es “JGL”, producción realizada junto al maestro Rolando Ochoa, que acumula más de 9.5 millones de reproducciones en plataformas digitales y redes sociales. El dato confirma que su propuesta ha logrado trascender el circuito tradicional, alcanzando audiencias que descubren la música a través de YouTube, TikTok, Spotify, Instagram y otras vitrinas digitales.

Actualmente, Albert Montiel consolida una nueva etapa con su álbum “La Tengo Clara”, proyecto lanzado bajo su sello independiente y producido nuevamente con la participación especial de Rolando Ochoa, una de las figuras más representativas del vallenato colombiano. El álbum está compuesto por 12 canciones en coautoría y desarrollado en tres volúmenes. El primero ya se encuentra disponible en Spotify, YouTube y Apple Music, con canciones como “Chikichá”, “Es Por Ti”, “El Que Puede Puede” y “315”.

“La Tengo Clara” funciona como una declaración de identidad. El título parece resumir el momento que vive el artista: una etapa de madurez, dirección y claridad musical. Después de años de recorrido, escenarios y aprendizaje, Montiel se presenta como un intérprete que sabe de dónde viene y hacia dónde quiere avanzar.

En un mercado musical cada vez más global, su historia adquiere valor precisamente por su autenticidad. Albert Montiel no busca separar sus raíces, sino unirlas. Su voz nace de Venezuela, se forma en La Guajira y se proyecta hacia América Latina desde el vallenato. Esa combinación lo convierte en un artista capaz de representar una sensibilidad compartida entre países, especialmente en una época donde las migraciones, los cruces culturales y las nuevas audiencias han transformado la forma de entender la música popular.

Para el público argentino y latinoamericano, Albert Montiel aparece como una propuesta que invita a mirar el vallenato más allá del folclor regional colombiano. Su carrera demuestra que el género puede viajar, fusionarse y dialogar con otras culturas sin perder su carácter sentimental. En esa conexión entre tradición y modernidad, entre Colombia y Venezuela, entre escenario físico y plataforma digital, Montiel construye una identidad que sigue creciendo.

Albert Montiel no solo interpreta vallenato: lo utiliza como un puente cultural. Y en ese puente, dos países, varias generaciones y nuevas audiencias encuentran un mismo punto de encuentro: la música como lenguaje común de América Latina.

Más Noticias

NEWSLETTER

Suscríbase a nuestro boletín de noticias