Por: Silvina Perugino
En las últimas horas, casos extremos de violencia de género volvieron a sacudir la escena pública de nuestro país. Una vez más, junio nos presenta un escenario donde la violencia machista parece recrudecer. Esto, en un contexto de fuerte arremetida del gobierno nacional en contra de los derechos de las grandes mayorías en general, pero en particular en contra de los derechos de las mujeres y diversidades.
Esta arremetida, además, es tangible, no sólo en el aparato comunicacional del Gobierno nacional sino también en acciones concretas de desarticulación de políticas públicas para mujeres y diversidades.
El gobierno de Javier Milei eliminó el Ministerio de Mujeres y Diversidades de la Nación, y en esa línea los ministerios creados en varias provincias durante el 2019-2023, también fueron disueltos y quedaron sólo en pie el Ministerio de Mujeres y Diversidad de la Provincia de la Buenos Aires, por la clara decisión del gobernador, Axel Kicillof.
Esta desarticulación a nivel nacional no sólo suprimió los equipos de abordaje de las violencias por razones de género que acompañaban a las gestiones provinciales en dicha tarea. También eliminó los programas de fortalecimiento, como el Programa Acompañar, que consistía en una ayuda económica por seis meses a mujeres víctimas de violencia, con la finalidad de que puedan autosolventarse una salida de la situación, sobre todo cuando eran económicamente dependientes del violento.
A esto se suma el desarrollo de un discurso que emerge enfrentado al movimiento de Mujeres y de la Diversidad y del Feminismo, intentando instalar la falacia de que la violencia de género no existe, que no existen los femicidios, y que las denuncias que hacemos las mujeres, son falsas.
Esto, además, amparado por acciones de tipo legislativas, como el caso del proyecto de ley que plantea una suba en la pena para delitos de falsas denuncias en casos de violencias por razones de género.
Este combo antiderechos es sin dudas un caldo de cultivo, para quienes añoran una sociedad patriarcal donde las mujeres, travestis y trans ,y las niñas éramos violentadas de una y mil maneras sin que ello tuviera siquiera una investigación, sin que se encontraran los responsables, sin que se conmoviera la sociedad en su conjunto. Y hasta en varias casos, con un sentido común que justificaba esa violencia.
Sucede que el pasado donde reinaba la impunidad es aún muy cercano. Donde solo hablaban de femicidios las periodistas feministas, y donde para la contienda legal eran considerados crímenes pasionales (en el mejor de los casos) y averiguaciones de causales de muertes, en la mayoría.
Pero la lucha persistente y testaruda, nos permitió construir un presente donde ya nadie mira para un costado, y en el que los discursos de odio encuentran cierta dificultad para instalarse.
Claro que falta, pero la lucha feminista, en las casas y en las plazas, ha instalado mojones que no nos van a permitir caminar hacia atrás, con un movimiento de mujeres y feminista potente que a nivel nacional y en las provincias sigue manteniendo los lugares de resistencias. Y que, particularmente en provincia de Buenos Aires acompaña las políticas públicas vigentes, pero además se moviliza y se organiza.
Un movimiento feminista que además dejó de estar al margen de la política y que forma parte de las construcciones que hoy se debaten disputar el gobierno nacional en manos de gerentes anti-estado. Un movimiento feminista que sabe que la única manera de desarrollar la igualdad de género, y de liberar a Cristina es con un gobierno nacional y popular.
Es ardua la tarea que nos queda, ser parte de la construcción de esa alternativa política, que hoy se encuentra sintetizada en la figura de Axel Kicillof, reconociendo al adversario fuera de nuestro campo popular y en la inteligencia de que somos parte fundamental de lo que viene.