jueves 11 de junio de 2026 - Edición Nº 29.188

Información General | 11 jun 2026

Precios

En La Plata y otras ciudades los aumentos de combustibles y tarifas impulsan el uso de la bicicleta

Por el costo del transporte y los combustibles, cada vez más argentinos incorporan este medio a su vida cotidiana.


Por: Katiuska Serrano

Más allá de la conmemoración del Día Mundial de la Bicicleta, que se celebra el 3 de junio, la fecha suele servir como punto de partida para analizar cómo evolucionan los hábitos de movilidad en las ciudades y cuáles son los desafíos que enfrentan quienes necesitan desplazarse a diario. En Argentina, donde el transporte ocupa un lugar cada vez más relevante en la economía de los hogares, este medio comenzó a ganar protagonismo mucho más allá de su tradicional vínculo con el deporte o la recreación.

El fenómeno se desarrolla en un contexto marcado por el aumento de los costos para moverse. Combustibles más caros, mayores gastos de mantenimiento vehicular y sucesivas actualizaciones tarifarias en el transporte público llevaron a muchas personas a revisar sus hábitos de desplazamiento. En ese escenario, la bicicleta aparece como una alternativa que combina ahorro, autonomía y beneficios ambientales, características que explican su creciente presencia en las calles de distintas ciudades del país.

Sin embargo, el crecimiento todavía enfrenta importantes desafíos que no se pueden ocultar. Según datos de la Agencia Nacional de Seguridad Vial, apenas el 4% de los viajes urbanos en Argentina se realizan en bicicleta. La cifra evidencia que, a nivel nacional, este medio de transporte continúa ocupando una posición relativamente marginal dentro de la matriz de movilidad. Aun así, los números muestran señales de avance cuando se observan los casos de aquellas ciudades que apostaron por el desarrollo de infraestructura específica.

La Ciudad de Buenos Aires constituye el ejemplo más visible. Allí, la bicicleta ya representa aproximadamente el 7% de los viajes diarios y supera los 400.000 desplazamientos por día. El crecimiento resulta especialmente significativo si se considera que en 2009 apenas el 0,4% de los viajes urbanos se realizaba sobre dos ruedas. La expansión de la red de ciclovías y bicisendas protegidas, que actualmente supera los 300 kilómetros, aparece como uno de los factores que explican esta evolución.

La pandemia también marcó un punto de inflexión. Mientras muchas personas buscaban alternativas para evitar espacios cerrados o medios de transporte con alta concentración de pasajeros, el uso de la bicicleta experimentó un salto importante. Los viajes diarios pasaron de aproximadamente 320.000 en 2019 a más de 400.000 durante 2020, consolidando una tendencia que posteriormente logró mantenerse. De esta forma, lo que inicialmente surgió como una solución circunstancial terminó convirtiéndose en un hábito permanente para miles de usuarios.

Este fenómeno se encuentra vinculado, además, al escenario económico. Durante los últimos años, movilizarse en el país se volvió significativamente más costoso. Mantener un automóvil mediano implica actualmente un gasto mensual estimado de entre $300.000 y $650.000 si se consideran combustible, seguro, patente, mantenimiento y otros costos asociados. 

En el caso de las motos, aunque representan una alternativa más económica, los gastos mensuales suelen oscilar entre $70.000 y $130.000. Por su parte, el transporte público continúa siendo una de las opciones más accesibles para quienes se desplazan diariamente, pero tampoco escapó a las actualizaciones tarifarias. Dependiendo de la combinación de medios utilizada, los gastos mensuales pueden ubicarse entre $40.000 y $110.000. 

Frente a este escenario, la bicicleta mantiene una ventaja difícil de igualar. Aunque los gastos de mantenimiento no son constantes y muchos usuarios pueden pasar meses sin realizar desembolsos significativos, al calcular el impacto anual de las revisiones, reparaciones y reemplazos ocasionales de componentes, los costos operativos apenas promedian entre $20.000 y $35.000 mensuales. Incluso sumando gastos asociados a la seguridad del rodado, como candados reforzados, sistemas antirrobo o coberturas de protección para bicicletas, el costo total continúa siendo significativamente inferior al de otras alternativas de movilidad urbana.

La diferencia económica resulta significativa y ayuda a explicar parte del fenómeno. En un contexto donde numerosos hogares revisan sus presupuestos y buscan reducir gastos fijos, la bicicleta aparece como una herramienta capaz de generar ahorros concretos sin sacrificar autonomía ni flexibilidad. Para muchos usuarios urbanos, pedalear dejó de ser una elección exclusivamente ideológica o ambiental para transformarse en una decisión financiera.

Al mismo tiempo, el crecimiento de la micromovilidad está ampliando las posibilidades disponibles. Las bicicletas eléctricas, que hasta hace pocos años ocupaban un segmento reducido del mercado, comenzaron a ganar protagonismo gracias a mejoras tecnológicas y una oferta cada vez más diversa. Actualmente, el mercado argentino ofrece modelos que parten de poco más de $1 millón y pueden superar ampliamente los $10 millones en los segmentos premium, reflejando la creciente sofisticación de este tipo de vehículos.

La expansión de estos vehículos está modificando el perfil tradicional del ciclista urbano. Usuarios que anteriormente descartaban la bicicleta como alternativa viable comienzan a considerarla gracias a las ventajas que ofrecen los modelos eléctricos. De este modo, la electromovilidad se convierte en una pieza cada vez más relevante dentro de las estrategias destinadas a reducir emisiones y diversificar los medios de transporte disponibles. 

Es importante señalar que el desarrollo de la movilidad ciclista requiere mucho más que usuarios dispuestos a pedalear, debido a que la infraestructura sigue siendo un factor determinante. La experiencia en Buenos Aires demuestra que la construcción de ciclovías seguras y conectadas puede modificar significativamente los patrones de movilidad. En otras ciudades argentinas, sin embargo, la disponibilidad de infraestructura continúa siendo limitada o fragmentada, lo que dificulta una adopción más amplia.

 

Seguridad vial, robos y un desafío

El crecimiento de la bicicleta como medio de transporte plantea otros desafíos importantes, ya que seguridad vial continúa siendo uno de los principales factores que condicionan su expansión. De acuerdo con estadísticas elaboradas por la Dirección Nacional de Observatorio Vial, durante 2025 se registraron 4.060 fallecidos en siniestros viales en Argentina. Aunque los motociclistas siguen representando el grupo más afectado, los usuarios de bicicletas concentraron el 5% de las víctimas fatales.

La cifra refleja una realidad compleja. A medida que aumenta la cantidad de ciclistas circulando en calles y avenidas, también se vuelve más urgente avanzar en políticas destinadas a mejorar la convivencia entre distintos modos de transporte. Especialistas en movilidad coinciden en que la infraestructura, la educación vial y el cumplimiento de normas de tránsito resultan fundamentales para reducir riesgos y promover una circulación más segura.

A estos desafíos se suma una preocupación creciente entre los usuarios: el robo de bicicletas. Si bien actualmente no existen estadísticas oficiales nacionales que permitan dimensionar con precisión el fenómeno, distintas organizaciones ciclistas, actores del sector y datos provenientes de aseguradoras, estiman que entre 12.000 y 20.000 bicicletas son robadas cada año en el Área Metropolitana de Buenos Aires y otras ciudades bonaerenses.

La ausencia de registros específicos dificulta conocer la magnitud exacta del problema. No obstante, los reportes de usuarios, las denuncias vecinales y las experiencias compartidas en comunidades ciclistas muestran que la preocupación se encuentra cada vez más extendida. Las modalidades son diversas e incluyen desde el robo de bicicletas estacionadas en la vía pública hasta sustracciones mediante intimidación o ataques rápidos realizados por delincuentes que aprovechan momentos de vulnerabilidad.

Como consecuencia, comenzaron a modificarse los hábitos de los usuarios. El uso de sistemas antirrobo más sofisticados, estacionamientos seguros y dispositivos de rastreo registra una demanda creciente. Asimismo, el interés por seguro para bicicletas y coberturas específicas experimenta una evolución similar, especialmente entre quienes utilizan estos vehículos como principal medio de transporte o poseen modelos de mayor valor.

En este sentido, Juan Pablo Tito, Co Founder y CEO de ClickSeguros, señaló: "A medida que la bicicleta gana espacio como medio de transporte cotidiano, también observamos una mayor preocupación de los usuarios por proteger su inversión. El crecimiento de las bicicletas urbanas y eléctricas hizo que muchas personas comenzaran a evaluar coberturas específicas frente a robos, daños o accidentes, algo que hace algunos años era mucho menos frecuente".

Y es que la tendencia acompaña un fenómeno más amplio. La bicicleta ya no es percibida únicamente como un elemento recreativo, sino como un activo que forma parte de la movilidad diaria. En consecuencia, las decisiones vinculadas a su protección comienzan a ocupar un lugar comparable al que históricamente tuvieron otros vehículos.

Esta situación obliga a repensar la movilidad urbana desde una perspectiva integral. La experiencia demuestra que ya no alcanza únicamente con promover el uso de la bicicleta como una alternativa ecológica o económica, el verdadero reto radica en generar un ecosistema urbano que permita hacerlo de manera segura, previsible y sostenible en el tiempo. En última instancia, la infraestructura, la educación vial, los mecanismos de prevención del delito y las herramientas de protección financiera ya no son variables aisladas, sino piezas urgentes de una misma conversación pública.

 

 

Más Noticias

NEWSLETTER

Suscríbase a nuestro boletín de noticias