A más de cinco décadas de uno de los crímenes más recordados de la violencia paraestatal de la CNU en La Plata, la justicia federal dio un paso adelante clave en la investigación. El magistrado Ernesto Kreplak procesó con prisión preventiva domiciliaria a Jacek Piechocki, un hombre de 80 años acusado de integrar el pelotón que terminó con la vida de Ricardo “Patulo” Rave, el adolescente y dirigente de la Unión de Estudiantes Secundarios (UES) asesinado horas antes de la Navidad de 1975.
La imputación contra Piechocki, impulsada por los fiscales Gonzalo Miranda, Ana Oberlin y Juan Martín Nogueira, sumó un elemento inesperado durante la indagatoria.
En su intento de desvincularse de la Concentración Nacional Universitaria (CNU), el acusado alegaba que los testigos podrían haberlo confundido con otro asistente a las cátedras del Instituto de Cultura Clásica “Cardenal Cisneros”. Pero informes de inteligencia policial contradijeron esos dichos y su propia defensa terminó por comprometerlo: el docente de esos cursos era otro integrante de la organización paraestatal: Carlos Alberto Disandro, sindicado históricamente como el cerebro ideológico de la CNU.
La madrugada del 24 de diciembre de 1975, en un contexto nacional marcado por el fallido asalto del ERP al Batallón de Monte Chingolo reaalizado apenas el día anterior, un grupo operativo compuesto por más de quince hombres de la CNU, el Ejército y la Policía Bonaerense sitió la casa de los Rave. Al frente del operativo estaba Carlos “Indio” Castillo, otra figura reconocida en la capital bonaerense por su accionar criminal.
Tras irrumpir a golpes en la propiedad, los atacantes dividieron a la familia: encerraron a las mujeres y arrastraron a los hombres hacia el patio mientras desvalijaban la vivienda.
Uno de los líderes gritó: “Este es uno de los que anda jodiendo con el boleto”, en alusión directa a la activa participación de "Patulo" Rave en las marchas estudiantiles de ese año por el boleto escolar secundario.
Pese al forcejeo que una vecina llegó a divisar a través de una mirilla, el joven fue introducido a la fuerza en una caravana de autos y horas más tarde apareció su cuerpo acribillado. La escena era de terror: estaba colgado en el puente ubicado en las calles 30 y 90 (Camino Arana).
El ataque contra el joven de la UES no fue aislado, sino el resultado de una persecución sistemática contra los Rave, una familia de clase media trabajadora compuesto por un empleado de Pepsi-Cola, una maestra y sus nueve hijos. Para finales de 1975, el terror estatal ya había desarticulado por completo la dinámica familiar, ya que de los seis hermanos con actividad política y gremial, uno debió huir a Brasil tras sucesivos arrestos.
Otro permaneció cautivo en la clandestinidad y luego formalizado hasta su liberación en 1984. Además, dos de los hermanos mayores fueron asesinados por fuerzas represivas en Rosario y Villa Adelina. Y el menor de la casa, de apenas 11 años, había sido secuestrado meses antes a la salida del colegio para ser interrogado bajo tortura sobre el paradero del resto de la familia.
En los fundamentos del procesamiento, el juez Kreplak abordó el modus operandi ya descubierto en juicios previos sobre la CNU. Lejos de actuar en la clandestinidad absoluta para ocultar sus rastros, esas organizaciones paraestatales operaban en zonas liberadas con una impronta explícita: irrupciones nocturnas a gran escala, asaltos a los domicilios, uso de armamento diverso y la posterior exhibición pública de los cuerpos en descampados periféricos.
El objetivo principal, remarcó el magistrado, no era solo la eliminación física, sino la implantación del terror colectivo a la sociedad. Más tarde la dictadura cívico militar profundizaría ese modelo represivo, lo extendería y lo llevaría hasta límites nunca antes vistos en la Argentina.
Te lloro, hermano,
con un llanto que no tiene lágrimas,
con un dolor que se me clava en el pecho
y me dobla las rodillas.
Te lloro, hermano,
con la rabia de los que se quedan,
con el juramento de seguir tus pasos,
de levantar tu bandera.
Tu sangre, Patulo, no fue en vano,
florecerá en la plaza,
en el grito de los pibes,
en la patria que soñamos.
Hasta la victoria, hermano,
hasta la victoria siempre.