México ya tiene lo que llevaba décadas persiguiendo: jugará el famoso quinto partido en un Mundial. La victoria por 2-0 ante Ecuador, en una noche de fiesta grande en el Estadio Azteca, ha disparado la euforia de una afición que llevaba demasiado tiempo chocando contra el mismo muro. Sin embargo, la pregunta tiene una trampa. ¿Ha roto México por fin la maldición o simplemente el nuevo formato del Mundial 2026 ha cambiado las reglas del debate?
Para entender la dimensión de lo ocurrido conviene mirar más allá del resultado. México eliminó a Ecuador y, al mismo tiempo, ganó una eliminatoria mundialista por primera vez desde 1986. Eso, para una selección acostumbrada a vivir entre la ilusión popular y la frustración en los cruces, pesa muchísimo.
El equipo de Javier Aguirre compitió con madurez, golpeó pronto y defendió con una seguridad que no siempre se ha visto en el Tri en las grandes noches. La portería a cero, la energía del estadio y esa sensación de equipo serio han cambiado el ánimo, escalando posiciones en las apuestas de los principales operadores deportivos. México no parece estar sobreviviendo al Mundial, parece creer de verdad que puede hacer algo importante. Y eso, en un torneo así, no es poca cosa.
Ahora bien, conviene ser claros con el famoso quinto partido. Durante años, esa expresión significaba llegar a cuartos de final, porque el camino era sencillo. Tres partidos de fase de grupos, octavos como cuarto encuentro y cuartos como el quinto. Esa era la barrera psicológica, deportiva y casi cultural que México no lograba superar desde sus mundiales como anfitrión.
En 2026, con 48 selecciones y una ronda de 32, México ha ganado su cuarto encuentro ante Ecuador y ahora disputará los octavos como quinto partido. Técnicamente, sí, el quinto partido está aquí. Emocionalmente, la maldición todavía tiene una última puerta cerrada. Para romperla de verdad, México tendría que ganar ese quinto encuentro y meterse en cuartos, que ahora sería su sexto partido del torneo.
La victoria ante Ecuador merece celebrarse, porque no todos los días una selección se libera de cuarenta años sin ganar un cruce mundialista. Además, México llega con argumentos. Tiene una defensa firme, una afición que empuja como pocas, futbolistas con experiencia y nombres capaces de decidir partidos. Raúl Jiménez marcando en una noche así tiene un punto de justicia futbolística, mientras Quiñones se ha convertido en una de esas figuras que conectan rápido con la grada.
Pero el Mundial no perdona los excesos de confianza. El próximo reto será contra Inglaterra, una de las selecciones que aparecen entre las candidatas en las bet para llegar lejos, y ese partido elevará la exigencia a otro nivel. Ahí se sabrá si este México ha abierto una etapa nueva o si simplemente ha aprovechado bien una oportunidad histórica en casa. La maldición del quinto partido, en realidad, no se rompe con una frase bonita ni con una celebración masiva. Se rompe ganando el partido que antes llevaba a cuartos. Y ese examen, por mucho que México ya haya hecho historia, todavía está por jugarse.