Por: Constanza Inés Villagrán Asiares
Detrás de cada relámpago ocurre un complejo proceso físico dentro de las nubes. La teoría más aceptada por la comunidad científica sostiene que las descargas se originan cuando partículas de hielo chocan entre sí dentro de nubes de gran desarrollo vertical. Allí, cristales de hielo y granizo blando intercambian cargas eléctricas, quedando unos positivos y otros negativos. Las grandes corrientes ascendentes llevan los pequeños cristalitos a la parte superior de la nube, mientras que el granizo, más pesado, queda en las partes inferiores. Esto genera una separación de cargas y grandes diferencias de potencial eléctrico dentro de la nube. Cuando el campo eléctrico alcanza un valor crítico, el aire deja de comportarse como aislante y se produce la descarga eléctrica.Del mismo modo, las cargas acumuladas en la base de la nube generan cargas opuestas en la superficie terrestre; y cuando ese potencial eléctrico supera un umbral crítico, aparece el rayo.
Si el fenómeno ocurre entre la nube y el suelo, hablamos de un rayo. Si sucede entre nubes o dentro de una misma nube, se denomina relámpago.
Las descargas eléctricas no siempre son breves ni pequeñas. Algunas pueden recorrer cientos de kilómetros y mantenerse activas durante varios segundos. Estos eventos son conocidos como Megaflashes.
Gracias a observaciones satelitales, la Organización Meteorológica Mundial confirmó un récord impactante: un megaflash registrado en 2017 recorrió 829 kilómetros entre Texas y Kansas City, una distancia comparable a unir Buenos Aires con Córdoba.
Pero Argentina también figura en la historia de estos eventos extremos. El 18 de junio de 2020 se registró entre Argentina y Uruguay el megaflash más duradero del mundo, con una duración de 17 segundos.
La temperatura de un rayo puede alcanzar los 30 mil grados Celsius, unas cinco veces más que la superficie solar. Además, puede transportar corrientes de hasta 30 mil amperes y cientos de millones de voltios.
Para dimensionarlo, la instalación eléctrica de una vivienda funciona normalmente con 220 voltios y unos pocos amperes. Frente a semejante energía, las protecciones domésticas comunes resultan insuficientes ante un impacto directo.
Por eso, conocer medidas de prevención puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte.
Si existe alerta de tormenta, lo más recomendable es suspender actividades al aire libre o realizarlas únicamente en lugares seguros.
Un árbol, una parada de colectivo, una carpa o un paraguas pueden proteger de la lluvia, pero no de un rayo. Árboles, torres, pararrayos y otras estructuras altas y puntiagudas actúan como puntos preferenciales porque concentran la carga eléctrica y facilitan la descarga del rayo.
Los lugares seguros son estructuras cerradas metálicas, como vehículos o edificios. Allí actúa el llamado efecto Jaula de Faraday: la corriente eléctrica circula por la superficie exterior y el interior permanece protegido.
Si entre el rayo y el trueno pasan 30 segundos o menos, la tormenta está lo suficientemente cerca como para representar peligro. Buscá refugio en un lugar seguro
Y después del último trueno, hay que esperar al menos 30 minutos antes de volver a salir.
Si no existe ningún refugio disponible, la recomendación es colocarse en cuclillas, reducir al mínimo el contacto con el suelo y cubrir oídos y ojos. La postura busca disminuir tanto el riesgo de impacto directo como las lesiones producidas por la descarga.
Aunque suelen asociarse únicamente al peligro, las descargas eléctricas también son herramientas clave para el pronóstico meteorológico.
Investigaciones recientes demostraron que, antes de eventos severos como granizo intenso, ráfagas destructivas o tornados, suele producirse un aumento abrupto en la cantidad de rayos y relámpagos dentro de la tormenta. Este fenómeno se conoce como Lightning Jump.
Los científicos detectaron que ese “salto” en la actividad eléctrica puede anticipar entre 20 y 45 minutos la llegada de condiciones severas. Ese margen de tiempo resulta fundamental para activar alertas, suspender actividades, proteger cultivos o buscar refugio.
La información se vuelve especialmente valiosa en regiones donde la cobertura de radares meteorológicos es limitada.
Los rayos forman parte de un fenómeno cotidiano al que prácticamente toda la población está expuesta alguna vez en su vida. Comprender cómo se originan, cuáles son sus riesgos y de qué manera pueden utilizarse para anticipar tormentas severas no solo mejora el conocimiento científico: también permite reducir la vulnerabilidad social frente a eventos extremos.
Y en esa tarea, cada observación cuenta. Los reportes ciudadanos ayudan a los especialistas a entender mejor cómo se comportan las tormentas y qué fenómenos son cada vez más frecuentes en nuestra región.

(La autora de la nota es Doctora en Geofísica de la UNLP)