En el escenario global actual, la transición hacia energías limpias en las próximas décadas depende directamente del acceso a los llamados minerales críticos.
En ese grupo destacan elementos como el cobre, el níquel, el litio y, muy especialmente, las tierras raras. Con una demanda mundial que se prevé que se duplique en los próximos veinte años y un mercado dominado por un puñado de países, la búsqueda de nuevas reservas estratégicas se ha vuelto una prioridad geopolítica.

Frente a este desafío, especialistas del CONICET encabezan una investigación orientada a explorar el potencial de estos recursos en el territorio nacional, comenzando por la provincia de Buenos Aires. El trabajo es desarrollado por el grupo de Sedimentología para Exploración y Desarrollo del Centro de Investigaciones Geológicas (CIG, unidad ejecutora del CONICET y la Universidad Nacional de La Plata).
El geólogo Ernesto Schwarz, investigador del CONICET y director del CIG, explicó la relevancia de este conjunto de elementos químicos, conocidos técnicamente como lantánidos: "Uno de los más abundantes es el neodimio, que habitualmente se usa para el desarrollo de motores eléctricos, específicamente para producir imanes de alto rendimiento muy potentes que no necesitan electricidad. Esto permite ahorrar mucha energía y hace que el motor sea más eficiente y de mayor potencia".

Schwarz remarcó que la labor de la geología consiste en hallar concentraciones de estos minerales que resulten rentables para su extracción comercial, pero garantizando siempre la menor huella ecológica posible.
Actualmente, Argentina ocupa un rol destacado en la producción global de litio, aunque la información geológica respecto a las tierras raras en el país es todavía muy limitada. Desde el organismo científico señalan que la exploración de estas fuentes no solo fortalecería la soberanía energética, sino que permitiría establecer marcos regulatorios de resguardo ambiental antes de iniciar cualquier explotación.
La búsqueda de estos elementos responde a sus características físicas: al ser minerales pesados, las corrientes de agua tienden a transportarlos y acumularlos en ambientes sedimentarios específicos, como las franjas costeras. Sin embargo, realizar tareas extractivas en la playa actual generaría un impacto irreversible en los ecosistemas y la dinámica del litoral.
Para evitar este perjuicio, el equipo técnico focalizó sus esfuerzos en las «paleocostas»: antiguas líneas de playa formadas entre 8.000 y 100.000 años atrás que hoy se encuentran soterradas tierra adentro. Una señal visible de estas concentraciones son las franjas de arenas negras, ricas en minerales oscuros y de alta densidad, registradas por ejemplo en el partido de Carmen de Patagones.
Financiado por el Fondo de Innovación Tecnológica de Buenos Aires (FITBA), el proyecto contempla el relevamiento de muestras mediante análisis químicos, geoquímicos y mineralógicos en los laboratorios del CONICET. Con esta información, el grupo de investigación prevé diseñar mapas interactivos que detallen la concentración del recurso según cada era geológica.
Estos insumos técnicos servirán como guía para que las autoridades municipales y provinciales elaboren normativas, manuales de buenas prácticas y políticas públicas previsibles ante futuros proyectos de prospección privada.
La iniciativa cuenta además con el respaldo de la Municipalidad de Patagones, que facilita la articulación con las comunidades locales y los productores ganaderos en cuyos terrenos se hallan las antiguas costas enterradas.
De acuerdo con el CONICET, el objetivo a largo plazo es validar esta metodología en los 800 kilómetros del litoral bonaerense —desde San Clemente del Tuyú hasta el río Negro— para luego escalar este modelo de exploración a otras regiones del territorio argentino.
