Una investigación con participación de especialistas del CONICET La Plata, la Universidad Nacional de La Plata (UNLP) y la Universidad Nacional del Centro de la Provincia de Buenos Aires (UNICEN) aportó nueva evidencia a favor de la hipótesis de que los primeros habitantes de América fueron cazadores especializados de grandes mamíferos.
El trabajo, publicado en la revista Science Advances, analizó información arqueológica de 50 sitios distribuidos desde Alaska hasta la Patagonia.
Según informó CONICET La Plata, el estudio sostiene que entre hace 13.500 y 11.700 años las poblaciones humanas centraban gran parte de su alimentación en animales de gran tamaño, como mamuts en Norteamérica y perezosos gigantes y gonfoterios —parientes lejanos de los elefantes— en Sudamérica.
Los investigadores consideran que esta estrategia de caza favoreció la rápida expansión de los grupos humanos por el continente y refuerza la idea de que tuvieron un papel importante en la extinción de la megafauna.
El investigador del CONICET y de la Facultad de Ciencias Naturales y Museo de la UNLP, Luciano Prates, explicó que trabajos previos ya habían mostrado que estos grandes animales no eran un recurso marginal, sino el principal sustento alimenticio de las poblaciones del final del Pleistoceno. En ese marco, destacó que la nueva investigación aporta argumentos para considerar que esos grupos no eran cazadores oportunistas, sino especialistas en grandes presas.
Para llegar a esa conclusión, el equipo, integrado también por investigadores de la Universidad de Alaska, analizó restos arqueológicos de 50 sitios del continente utilizando una metodología basada en el aporte de biomasa y energía de cada especie, en lugar de limitarse a contar la cantidad de restos hallados.
De acuerdo con el investigador Iván Pérez, este enfoque permitió establecer que, aunque en los yacimientos aparecen numerosos restos de animales pequeños, los grandes herbívoros representaban entre el 83 y el 90 por ciento del aporte energético potencial de la dieta.
Los científicos también relacionan esta estrategia alimentaria con la expansión de las primeras poblaciones humanas.
Según el estudio, los grupos no avanzaban al azar, sino que ocupaban regiones donde existía una mayor disponibilidad de grandes presas, manteniendo una notable movilidad.
La investigación halló evidencias de desplazamientos de hasta 600 kilómetros, una distancia significativa para comunidades que se trasladaban exclusivamente a pie.
El trabajo también identificó diferencias regionales en las presas preferidas. En Beringia y América del Norte predominaban distintas especies de mamuts, mientras que en Sudamérica las principales presas eran los perezosos terrestres gigantes y los gonfoterios, seguidos por caballos y camélidos.
Los autores señalaron que aún quedan interrogantes por responder, entre ellos por qué Sudamérica presentó una mayor diversidad de presas que Norteamérica durante el período analizado. Comprender esas diferencias, sostienen, permitirá profundizar el conocimiento sobre la adaptación de las primeras poblaciones humanas a los distintos ecosistemas americanos.
Fuente: CONICET La Plata.