Unos 30 alumnos de la Escuela Primaria Rural N° 2 «Nicolás Avellaneda», de La Luisa, viajaron más de 200 kilómetros para conocer de cerca el mundo aeroespacial y la ingeniería. Recorrieron los laboratorios, ingresaron a la sala limpia de satélites y presenciaron pruebas de cohetería. Una jornada marcada por el asombro, la curiosidad y la certeza de que no hay límites para soñar.
En La Luisa, una pequeña localidad del partido bonaerense de Capitán Sarmiento donde viven aproximadamente 250 personas, las distancias y los tiempos se miden de otra manera. Allí, la Escuela Primaria Rural N° 2 «Nicolás Avellaneda» alberga una matrícula de 31 niños de entre 6 y 12 años que comparten aulas agrupadas y mañanas de aprendizaje marcado por el ritmo del campo. Muchas veces, la lluvia dificulta la asistencia y obliga a aprovechar al máximo los días de sol, manteniendo el contacto pedagógico a través de WhatsApp. Sin embargo, ni las inclemencias del tiempo ni las distancias impiden que los sueños se proyecten tan alto como un cohete espacial.
A las 4:30 de la madrugada, antes de que despunte el alba, los chicos junto a sus docentes se reunieron en la escuela para emprender un viaje de 210 kilómetros en combi hacia La Plata. El destino: la Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP).

La semilla de esta aventura comenzó en las aulas. A través de dos proyectos institucionales surgidos del interés de los propios alumnos —, «Guardianes de la luna» en el primer ciclo y «Ciencia en el campo de batalla» en el segundo—, los chicos comenzaron a investigar el mundo aeroespacial y el rol de la ciencia ante situaciones de riesgo.
Buscando información sobre la Misión Artemis 2 de la NASA, los pequeños investigadores del primer ciclo encontraron en la página de la Facultad de Ingeniería el correo electrónico del decano Marcos Actis. Con la inocente audacia de quien pregunta sin esperar demasiado, le escribieron un mail para entrevistarlo. Para sorpresa y alegría de toda la comunidad educativa, el decano no solo respondió con entusiasmo, sino que en mayo concretó una entrevista virtual y en junio viajó hasta La Luisa para conocerlos personalmente. Aquel encuentro en el campo dejó la promesa de una devolución de visita que finalmente se hizo realidad.

Al llegar a La Plata, la delegación fue recibida con un desayuno en el Centro de Estudiantes y acompañada durante todo el recorrido por el propio Marcos Actis.
En el Edificio Central de la Facultad, docentes de Mate Pi les presentaron una maqueta interactiva sobre el circuito de la energía desarrollada por la Fundación YPF. Posteriormente, en el Club de Robótica (Departamento de Electrotecnia), integrantes del equipo CanSat UNLP CDR les mostraron sus desarrollos tecnológicos.

El recorrido continuó en el Departamento de Aeroespacial, donde profesionales del Centro Tecnológico Aeroespacial (CTA) y del Grupo de Cohetería Experimental (GCE) brindaron una charla sobre satélites y cohetes. Los alumnos escucharon fascinados y compartieron su propia experiencia: ellos mismos habían construido un cohete de agua en su escuela rural. El punto culminante de la visita matutina fue el ingreso a la sala limpia del CTA, el espacio donde se integraron el satélite argentino ATENEA, de la misión Artemis 2, y el satélite universitario USAT 1, próximo a lanzarse en octubre. Con los guardapolvos que habitualmente usan los estudiantes universitarios para entrar allí, los niños lo vivieron como una gran aventura, se sintieron parte.

Tras el almuerzo, la comitiva se trasladó al Club de Aeromodelismo en el barrio Aeropuerto para presenciar una competencia de cohetes de agua en la que participaron alumnos de la Facultad de las asignaturas Mecánica de los Fluidos. Un ejercicio integrador de las carreras de Ingeniería Mecánica, Electromecánica y Aeroespacial que permitió a los chicos ver en acción lo que ellos mismos habían experimentado en el aula.
Como cierre de su paso por La Plata visitaron el Planetario, en el Paseo del Bosque.

A lo largo de toda la jornada, el comportamiento de los niños fue ejemplar: demostraron un respeto absoluto, una escucha atenta y un torrente de preguntas que deslumbró a los docentes universitarios. Varios de ellos, cautivados por los talleres y laboratorios, no dudaron en manifestar su deseo de estudiar ingeniería cuando sean grandes.
Para la comunidad universitaria y el cuerpo docente de la escuela que acompañó a los niños, integrado por Taina Damario, Jazmín Gobello Sunde, Rocío Juárez, Macarena Cerrudo y la directora Carina Rudy, la experiencia superó todas las expectativas, demostrando la importancia crucial de las actividades de articulación para despertar vocaciones tempranas.
Al término del recorrido, las docentes remarcaron el valor pedagógico de la experiencia: «Hoy volvemos a casa con una satisfacción enorme y con la convicción de seguir ofreciendo oportunidades a nuestros estudiantes. Oportunidades para conocer otros espacios, hacer preguntas y descubrir aquello que despierta su curiosidad para empezar a imaginar caminos que quizás todavía no conocen».

