Por: Juan José Pfeifauf
Cuando el primero de junio de 1981 Norberto Jorge Agüero dejó atrás la vida civil para cumplir con el Servicio Militar Obligatorio, nada pareció indicarle que su destino próximo estaría alejado de su Benito Juarez natal. Menos aún, podría imaginarse que tan sólo estaba a un par de semanas de conocer ese “gran terruño” llamado Islas Malvinas que había estudiado profundamente en la escuela.
Con pocos meses de preparación, pero con mucho orgullo por defender a su Patria, Norberto Agüero llegó a Malvinas el 10 de abril de 1982 integrando la Compañía de Ingenieros Anfibios de la Infantería de Marina. La misión: armar campos minados para defender las posiciones argentinas, especialmente en el Aeropuerto.
Fue en esa misión táctica cuando Norberto arriesgó su vida para salvar a un compañero que había ingresado a una zona minada: “El Cabo Principal Ojeda tiene la mala suerte de pisar una mina antipersonal que le produjo el desmembramiento de sus pies. Junto con otros dos compañeros ingresamos al campo minado y le realizamos los primeros auxilios para que no se desangrara”, recuerda el veterano de Malvinas en una carta enviada a la diputada Ayelén Rasquetti, impulsora del proyecto de ley que hoy obtuvo media sanción en la Cámara Baja.
Cuando la mañana del 2 de Abril de 1982 las Fuerzas Armadas Argentinas recuperaron las Islas Malvinas en la denominada Operación Rosario, a Norberto lo invadió una profunda emoción. La iniciativa, denominada así por el entonces teniente coronel Mohamed Alí Seineldin, había logrado azuzar el sentimiento nacionalista en todos los sectores.
Desde un primer momento, Norberto entendió que su patriotismo debía ser superior a su equipamiento y a su formación si quería sobrevivir en el Atlántico Sur: “Cuando comenzó el hostigamiento aéreo británico, el frio y la falta de alimentos se hacía sentir. La comida, cuando llegaba, era caldo con fideos o lentejas. Podíamos cocinar hasta las 16 horas porque el fuego delataba la posición”.
A pesar de aquellas dificultades, Norberto, que hoy está jubilado y brinda charlas en las escuelas, recuerda algunas anécdotas: “Un día estábamos en nuestra posición cocinando unos bifes luego del horario permitido. El teniente Mohamed Alí Seineldín nos encontró, nos reprendió y al día siguiente como castigo nos obligó a cocinar para todos”.
Según su testimonio, Norberto también cumplió con una tarea insigne durante la Guerra: custodiar el único misil EXOCET que fue disparado desde tierra con un sistema improvisado llamado Instalación de Tiro Berreta (ITB): “Nuestra misión era ir a buscarlo, realizar la guardia durante la preparación del lanzamiento y defenderlo de helicópteros enemigos”. Gracias al ingenio argentino se dejó fuera de servicio al destructor británico HMS Glamorgan.
En un capítulo del documental disponible en YouTube "Malvinas Día x Día" se hace referencia a los pormenores de ese invento imporvisado que quedó como una proeza del ingenio nacional.
Luego de permanecer como prisionero de guerra durante unos días, Norberto llegó a Villa Cacique con la ansiedad de demostrarle a su familia que estaba vivo: “Fui recibido con todos los honores”.
A fines de septiembre de 1982, comenzó a trabajar en Loma Negra hasta su jubilación en 2017: “Esta empresa me dio la oportunidad de desarrollarme laboralmente. Fui ahijado directo de Amalita Fortabat. Loma Negra me dio la posibilidad de terminar los estudios y me trataron como una persona más y no como un loquito de la guerra”, relata orgullo el veterano que ahora espera que el Senado Provincial otorgue media sanción al proyecto que lo reconoce con honores.
