Desde hace años, el mayor flagelo que afecta a Latinoamérica es el tráfico de estupefacientes, un negocio altamente redituable, que junto al de la venta de armas constituyen las dos actividades más rentables del mundo.
Basta con observar la lucha del gobierno mexicano contra los carteles de la droga instalados en el país de 112 millones de habitantes para darse cuenta la magnitud política, económica y armamentística que poseen los grupos de narcotraficantes.
Hace pocas horas, el Viceministro de Defensa de Bolivia, Felipe Cáceres, aseguró que en la frontera entre su país y Perú existen más de 70 pistas de aviones clandestinas utilizadas por los narcotraficantes.
Las famosas vías clandestinas, donde pueden aterrizar sin problemas cualquier aeronave pequeña, también abundan en la frontera de Paraguay y Brasil, utilizadas con el mismo propósito ilegal.
El funcionario del Presidente Evo Morales, también declaró que Bolivia es una nación de tránsito de la pasta básica de cocaína: “Nuestro país es utilizado como salida de la droga peruana”, confirmó Cáceres.
Es necesario resaltar, que según Naciones Unidas Bolivia es considerado el tercer país productor mundial de cocaína, después de Perú y Colombia.