La llegada de la primavera suele estar asociada con días más cálidos, el regreso de las actividades al aire libre y el disfrute de la naturaleza. Sin embargo, con lluvias tan frecuentes, la humedad aumenta y las temperaturas presentan fuertes variaciones.
Por eso, el cambio de estación también puede traer complicaciones para la salud. En la provincia de Buenos Aires, los efectos del fenómeno de El Niño pueden contribuir a generar condiciones que favorecen la aparición de distintas enfermedades y molestias.
En neceario tener en cuenta que El Niño es un fenómeno climático que se produce por el calentamiento anormal de las aguas del océano Pacífico ecuatorial y que puede modificar los patrones de lluvia y temperatura en distintas regiones del planeta.
En la Argentina, los efectos que genera suelen asociarse con mayores precipitaciones en amplias zonas del centro y el este del país, aunque su intensidad y sus consecuencias varían según cada temporada.
En territorio bonaerense, un período de lluvias abundantes y elevada humedad puede tener consecuencias que van más allá de las inundaciones o las complicaciones en la circulación. También puede afectar el bienestar cotidiano, especialmente entre las personas con enfermedades respiratorias, alergias y otros problemas de salud.
Los cambios fuertes de temperatura característicos de la primavera pueden favorecer la aparición de cuadros respiratorios, como resfríos, faringitis y bronquitis. Las mañanas frescas, las tardes templadas y los descensos térmicos repentinos obligan al organismo a adaptarse constantemente a condiciones ambientales diferentes.
Aunque el frío y la humedad no producen por sí mismos infecciones virales, las variaciones del tiempo pueden favorecer situaciones que aumentan la exposición a los virus respiratorios. La permanencia en ambientes cerrados, la ventilación insuficiente y el contacto cercano entre personas facilitan la circulación de estos microorganismos.
Las personas con asma, enfermedad pulmonar obstructiva crónica y otras afecciones respiratorias pueden experimentar mayores molestias durante los períodos de humedad elevada. La presencia de moho en las viviendas y el aumento de los ácaros del polvo también pueden agravar los síntomas de quienes padecen alergias.
En esos casos, la congestión nasal, los estornudos, la tos y las dificultades para respirar pueden convertirse en problemas frecuentes. Por eso, mantener los ambientes ventilados, evitar la acumulación de humedad y consultar al médico ante síntomas persistentes son medidas importantes.
La primavera es una de las estaciones más complicadas para las personas alérgicas. El aumento de la vegetación y la presencia de polen en el ambiente suelen provocar estornudos, picazón en los ojos, secreción nasal y otros síntomas.
Cuando las lluvias son abundantes, la humedad puede favorecer además el crecimiento de hongos y la aparición de moho en paredes, techos y espacios poco ventilados. Las esporas que liberan estos hongos pueden desencadenar reacciones alérgicas y agravar los cuadros de asma.
En las viviendas afectadas por filtraciones o acumulación de agua, el problema puede prolongarse incluso después de que mejoren las condiciones meteorológicas. Por eso, reparar las pérdidas, secar los ambientes y evitar la acumulación de materiales húmedos resulta fundamental.
Uno de los efectos sanitarios que requieren mayor atención durante los períodos de lluvias intensas es la proliferación de mosquitos. La acumulación de agua en recipientes, canaletas, neumáticos y otros objetos puede generar condiciones favorables para la reproducción del Aedes aegypti, el mosquito que transmite el dengue.
En la provincia de Buenos Aires, la combinación de temperaturas templadas o cálidas, lluvias frecuentes y recipientes con agua acumulada puede favorecer la presencia de este insecto durante la primavera y el verano.
Sin embargo, la aparición de casos de dengue no depende exclusivamente del clima. También influyen la circulación del virus, la presencia del mosquito y las medidas de prevención que se adopten en cada comunidad.
La eliminación de recipientes que acumulen agua, el uso de repelentes y la colocación de mosquiteros son algunas de las medidas recomendadas para reducir el riesgo de picaduras.
Las precipitaciones intensas pueden provocar inundaciones, anegamientos y dificultades para acceder a los servicios de salud. Cuando el agua ingresa en las viviendas, también aumenta el riesgo de accidentes eléctricos, caídas y lesiones durante las tareas de limpieza.
Además, el contacto con agua contaminada puede favorecer infecciones gastrointestinales y enfermedades de la piel. En estos casos, es importante evitar el contacto con aguas de inundación y utilizar agua segura para beber, cocinar y realizar la higiene personal.
Los cambios de temperatura también pueden afectar el descanso, el estado de ánimo y la rutina diaria. Los días húmedos y calurosos pueden generar sensación de agotamiento, mientras que las jornadas más frescas pueden resultar incómodas para las personas mayores y quienes tienen enfermedades crónicas.
Frente a un escenario de lluvias frecuentes y temperaturas variables, los especialistas recomiendan prestar atención a las condiciones del ambiente y adoptar medidas sencillas para reducir los riesgos.
Mantener las viviendas ventiladas, evitar la acumulación de agua, controlar la aparición de humedad y seguir las recomendaciones sanitarias son acciones que pueden contribuir a prevenir enfermedades.
El fenómeno de El Niño no significa que todos los bonaerenses vayan a enfermarse ni que necesariamente se produzca una epidemia. Sin embargo, sus posibles efectos sobre las condiciones meteorológicas hacen necesario reforzar la prevención y prestar especial atención a los grupos más vulnerables.
En una provincia donde las lluvias pueden alterar rápidamente la vida cotidiana, cuidar la salud durante la primavera implica también observar el entorno, mantener los espacios habitables en buenas condiciones y consultar ante síntomas que no desaparecen o que se agravan con el paso de los días.