El cinturón frutihortícola de La Plata y de los partidos vecinos de Berazategui y Florencio Varela enfrenta un conjunto de problemas ambientales y productivos que ponen en discusión la forma en que se utiliza y administra uno de sus recursos más importantes: el agua.
Un estudio técnico realizado en la región encendió una señal de atención sobre la presión que soportan los acuíferos como consecuencia de la expansión de la actividad productiva, el crecimiento de las perforaciones y la demanda de agua para el riego.
Uno de los datos más relevantes del diagnóstico es que el volumen de agua subterránea utilizado para el riego representa aproximadamente el 77% de la recarga anual estimada de los acuíferos en el área analizada.
Aunque el estudio señala que existe una recarga natural significativa, también advierte que la intensidad de las extracciones obliga a establecer controles y mecanismos de seguimiento para evitar que el recurso pierda capacidad de abastecimiento.
El trabajo se titula “Diagnóstico y propuestas de mejoras bajo un enfoque integral del Cinturón Frutihortícola de los partidos de La Plata, Berazategui y Florencio Varela” y fue elaborado en el marco de un convenio entre el Consejo Federal de Inversiones (CFI) y la Fundación de la Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP), con el impulso de la Autoridad del Agua de la provincia de Buenos Aires (ADA).
El objetivo fue construir un diagnóstico amplio de la situación hídrica de una de las principales zonas productivas del sur del Área Metropolitana de Buenos Aires y, a partir de los resultados, elaborar propuestas para compatibilizar el desarrollo de la actividad frutihortícola con el cuidado del ambiente y una utilización sostenible del agua.
La investigación no se limitó a estudiar la disponibilidad del recurso subterráneo. También incorporó información hidrológica, hidrogeológica, territorial y productiva, además de instancias de participación con actores locales para conocer los problemas cotidianos que enfrentan quienes trabajan en las explotaciones.
El área comprendida por el relevamiento alcanza aproximadamente las 20.517 hectáreas. De ese total, unas 4.293 hectáreas corresponden a superficies bajo cubierta, es decir, terrenos destinados a la producción en invernáculos.
La mayor concentración de esa modalidad productiva se encuentra en La Plata, que se consolidó durante las últimas décadas como uno de los principales polos de producción de hortalizas y flores del país.
La importancia económica de esta actividad excede los límites de los tres distritos involucrados. El cinturón frutihortícola abastece a los principales mercados de consumo y constituye una pieza central del sistema de provisión de alimentos frescos para millones de habitantes del AMBA y otras regiones.
Sin embargo, la transformación del modelo productivo también modificó las condiciones naturales del territorio. La incorporación de invernáculos, la ampliación de las superficies cultivadas y los cambios en el uso del suelo alteraron procesos fundamentales para el funcionamiento del sistema hídrico.
Entre ellos se encuentran la infiltración del agua de lluvia, la escorrentía superficial y la recarga de los acuíferos. En otras palabras, el crecimiento de la producción bajo cubierta no solamente incrementó la demanda de agua para riego, sino que también modificó la manera en que el agua ingresa y circula por el suelo.
Esta transformación adquiere especial importancia en una región donde conviven explotaciones agrícolas, barrios residenciales, loteos, caminos, canales y cursos de agua que forman parte de un mismo sistema territorial.
Para conocer el estado de los recursos subterráneos, los investigadores realizaron un relevamiento de 62 pozos distribuidos en el área de estudio.
En esas perforaciones se analizaron diferentes variables, entre ellas los niveles estáticos y dinámicos del agua, los caudales de explotación y las condiciones de calidad del recurso. En 60 de los pozos relevados también se obtuvieron resultados de análisis fisicoquímicos.
La información permitió establecer un panorama sobre la disponibilidad del agua subterránea y detectar sectores que presentan una mayor vulnerabilidad frente a las extracciones y posibles procesos de contaminación.
Uno de los resultados centrales fue la relación entre el volumen de agua destinado al riego y la capacidad natural de recarga de los acuíferos.
Según las estimaciones incluidas en el informe, las extracciones destinadas a la actividad frutihortícola representan alrededor del 77% de la recarga anual calculada para el área.
El porcentaje permite dimensionar la magnitud de la demanda de agua que genera la producción y la importancia de administrar adecuadamente las perforaciones existentes.
El problema no pasa únicamente por la cantidad de agua disponible. También importa cómo se distribuye su utilización, en qué sectores se concentra la extracción y cuáles son las condiciones de los acuíferos para responder a una demanda que presenta variaciones importantes a lo largo del año.
Durante los períodos de mayor actividad productiva, especialmente cuando aumenta la necesidad de riego, las exigencias sobre el sistema hídrico se intensifican. Si a eso se suman las perforaciones sin suficiente control y la competencia con otros usos, pueden aparecer dificultades para garantizar el abastecimiento.
Por ese motivo, el diagnóstico plantea la necesidad de avanzar hacia un esquema que permita conocer cuánta agua se extrae, dónde se realizan las captaciones y cuál es la evolución de los niveles subterráneos.
Una de las particularidades que destaca el relevamiento es que el cinturón frutihortícola enfrenta dos problemas que, a primera vista, podrían parecer contradictorios: las inundaciones y las dificultades para acceder al agua para producir.
La situación responde a diferentes factores y pone en evidencia la complejidad del funcionamiento hídrico de la región.
Por un lado, las inundaciones aparecen asociadas a las transformaciones que experimentó el territorio. La elevación de terrenos para desarrollar nuevos loteos, la construcción de canalizaciones y la falta de mantenimiento de zanjas modifican los recorridos naturales del agua y pueden dificultar el escurrimiento durante episodios de lluvias intensas.
Estos cambios tienen consecuencias directas sobre las explotaciones productivas, donde el exceso de agua puede afectar los cultivos, deteriorar la infraestructura y generar pérdidas económicas.
El problema adquiere mayor dimensión cuando las intervenciones realizadas en un determinado sector modifican el comportamiento del agua en otros puntos del territorio. Sin una planificación integral, las obras particulares o las modificaciones del suelo pueden trasladar los inconvenientes hacia terrenos vecinos.
Por otro lado, los productores también encuentran dificultades para acceder al agua subterránea durante los períodos de mayor demanda.
El informe identifica varios factores que explican esa situación: el consumo estacional de los cultivos, el descenso de los niveles de la napa, la competencia con otros usos y las limitaciones que presentan algunas instalaciones de bombeo y perforaciones.
De esta manera, los productores pueden encontrarse con dificultades para sostener el riego precisamente cuando las condiciones climáticas y las necesidades de los cultivos requieren una mayor disponibilidad de agua.
La combinación de ambos fenómenos muestra que el problema no puede resolverse únicamente mediante la construcción de nuevos canales o la realización de más perforaciones. Se necesita una mirada conjunta sobre el comportamiento del agua superficial y subterránea.
Otro de los puntos que señala la investigación es el impacto que tiene el crecimiento urbano sobre el funcionamiento del cinturón frutihortícola.
La expansión de los barrios, la fragmentación de las explotaciones agrícolas y la aparición de nuevos usos del suelo generan modificaciones en una región que históricamente tuvo una fuerte impronta productiva.
La convivencia entre actividades rurales y urbanas plantea desafíos que van más allá de la planificación de los cultivos. También obliga a establecer criterios sobre el manejo del agua de lluvia, la ubicación de las perforaciones, la protección de los acuíferos y la conservación de los sectores que cumplen una función importante en la recarga natural.
El diagnóstico advierte que la proliferación de perforaciones y la utilización del suelo sin una planificación integrada pueden generar nuevas presiones sobre el sistema hídrico.
En este escenario, la falta de información actualizada sobre las extracciones y las condiciones de los pozos dificulta la posibilidad de anticipar problemas y adoptar medidas preventivas.
La protección de las zonas de recarga aparece, por eso, como una de las cuestiones centrales. Se trata de preservar aquellos sectores del territorio que permiten que el agua de lluvia se infiltre y contribuya a recuperar las reservas subterráneas.
La modificación de esas superficies, ya sea por la urbanización, la impermeabilización del suelo o determinadas prácticas productivas, puede alterar ese proceso natural.
A partir del diagnóstico, el informe plantea una serie de medidas destinadas a mejorar la administración del agua y ordenar el desarrollo territorial de los tres partidos.
Una de las principales propuestas consiste en implementar una red permanente de monitoreo que permita seguir la evolución de los niveles de los acuíferos y controlar las condiciones de calidad del agua.
El objetivo es contar con información sistemática para detectar cambios en el comportamiento del recurso, identificar sectores comprometidos y establecer criterios de utilización acordes con la disponibilidad existente.
También se propone fortalecer el control y el registro de las perforaciones, establecer mecanismos de regulación de los caudales de extracción y mejorar la fiscalización de los usos del agua subterránea.
La iniciativa apunta a evitar que el crecimiento de la actividad productiva se traduzca en una explotación desordenada del recurso y permita establecer parámetros comunes para los distintos usuarios.
Otro eje está relacionado con la prevención de la contaminación. El estudio considera necesario identificar y controlar las posibles fuentes contaminantes, además de proteger los sectores más vulnerables del sistema hidrogeológico.
En paralelo, se recomienda promover prácticas que permitan mejorar la eficiencia del riego y reducir el consumo innecesario de agua.
Estas medidas podrían contribuir a disminuir la presión sobre los acuíferos sin afectar la continuidad de una actividad económica que tiene un peso significativo en la región.
El documento también considera que los problemas detectados no pueden resolverse exclusivamente desde el ámbito técnico. Para avanzar en una solución se necesita coordinación entre los organismos provinciales, los municipios y los productores.
En ese sentido, una de las propuestas es crear una Mesa de Gestión del Cordón Frutihortícola que permita establecer mecanismos permanentes de diálogo y coordinación entre los distintos actores involucrados.
La iniciativa buscaría generar criterios comunes para ordenar el desarrollo de la actividad, mejorar los controles y evitar que las decisiones adoptadas en un distrito terminen afectando a otros sectores de la región.
Entre las medidas sugeridas también figura establecer pautas compartidas para la habilitación de predios e invernáculos, incorporando criterios vinculados con el manejo del agua y las condiciones ambientales del territorio.
Otro aspecto importante es la necesidad de mejorar el manejo de las aguas pluviales. Para eso, el estudio propone incorporar soluciones basadas en los denominados Sistemas Urbanos de Drenaje Sostenible (SUDS).
Se trata de herramientas de planificación y diseño que buscan favorecer la infiltración, retención y circulación controlada del agua de lluvia, reduciendo los problemas que genera el escurrimiento superficial en sectores urbanizados o transformados.
La aplicación de estas alternativas podría contribuir a disminuir los riesgos de inundación y, al mismo tiempo, mejorar el funcionamiento del sistema hídrico.
El diagnóstico sobre el cinturón frutihortícola de La Plata, Berazategui y Florencio Varela deja planteado un desafío que involucra tanto al sector productivo como a las autoridades responsables de administrar los recursos naturales.
La región necesita sostener una actividad económica fundamental para el abastecimiento de alimentos, pero también enfrenta las consecuencias de un crecimiento territorial que no siempre estuvo acompañado por una planificación integral.
El dato de que el riego representa el 77% de la recarga anual estimada de los acuíferos funciona como una referencia concreta sobre la dimensión de la demanda de agua y la necesidad de establecer mecanismos de control.
A eso se suman las inundaciones, las dificultades de abastecimiento durante los períodos de mayor consumo, la expansión urbana y la necesidad de proteger las áreas que permiten la recuperación natural de las reservas subterráneas.
El informe elaborado con participación de la UNLP y el impulso de la Autoridad del Agua busca ofrecer una base técnica para abordar esos problemas y avanzar hacia una gestión coordinada del territorio.
La discusión ya no pasa solamente por garantizar agua para los cultivos o encontrar soluciones para las inundaciones. El desafío consiste en ordenar el funcionamiento de todo el sistema para que la producción, el crecimiento urbano y la conservación ambiental puedan convivir sin comprometer la disponibilidad de un recurso indispensable para el futuro de la región.
El informe completo se encuentra disponible para consulta pública en el SEDICI: https://sedici.unlp.edu.ar/