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Información General | 4 sep 2016

Un reactor para Australia

Hace poco más de 10 años el INVAP exportaba una de las mayores hazañas de la industria argentina

Hace poco más de una década empezaba a operar lo que sería un hito en las trayectorias de la empresa INVAP y de la industria argentina: la exportación de un reactor de investigación por 200 millones de dólares. Uno de los responsables habló con la agencia TSS. Por Bruno Massare.


Foto: Sede del INVAP

Agencia TSS – Juan Pablo Ordoñez debió irse a Australia en abril de 2002 y recién pudo volver cinco años después. La expatriación del actual subgerente general de INVAP y responsable del área de Proyectos Nucleares tenía una razón: la mayor exportación de tecnología llave en mano de la Argentina, por un monto de 200 millones de dólares.

El viernes 12 de agosto se cumplieron 10 años del momento en que el reactor OPAL (reactor australiano de agua liviana en pileta abierta, por sus siglas en inglés) comenzó a operar por primera vez y a muy baja potencia. En noviembre de ese año, el OPAL alcanzó pleno funcionamiento y fue inaugurado oficialmente en abril de 2007. TSS habló con Ordoñez acerca de lo que significó ese proyecto para INVAP y también sobre el momento actual de la empresa.

El OPAL es un reactor de 20 MW de potencia que utiliza uranio de bajo enriquecimiento —diseñado para investigación, producción de radioisótopos e irradiación de materiales de silicio para la microelectrónica — ubicado en Lucas Heights, a 35 kilómetros de Sídney. Ordoñez, que se graduó en el Instituto Balseiro e ingresó a la estatal rionegrina en 1981, viajó allí cuando comenzó la construcción, una vez que la empresa rionegrina se quedó con una licitación en la que, con el apoyo de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA), compitió contra grandes empresas del sector nuclear, como la alemana Siemens, la francesa Technicatome y la canadiense AECL.

El proyecto del OPAL partió desde el diseño de concepto hasta la ingeniería, la capacitación del personal y la puesta en marcha. “El reactor sigue operando de manera excelente. La producción de radioisótopos sigue a pleno y, en el área de investigación, lo usan cerca de 1.000 científicos al año para experimentar con haces de neutrones”, dice Ordoñez, al teléfono desde Bariloche. Y agrega: “Para nosotros, es un orgullo y también una carta de presentación. De hecho, hace poco estuve junto con una delegación de Holanda, donde estamos participando en una licitación, porque querían verlo y para nosotros es un proyecto de referencia”.

Ajustarse a los nuevos tiempos

INVAP tiene 40 años de trayectoria y durante los años noventa atravesó una grave crisis. Hoy factura 1.604 millones de pesos, frente a 730 millones de pesos en ventas en 2014. Durante los últimos 10 años, la empresa no paró de crecer y llegó a los 1.400 empleados, tanto a partir de la expansión de su negocio original —el nuclear, que hoy emplea a una cuarta parte del plantel— como a través de la incursión en otros sectores, desde satélites hasta radares, aviones autónomos, medicina y energía eólica. Sin embargo, desde fines del año pasado, debido a la incertidumbre sobre la continuidad de los proyectos en curso tras el cambio de gobierno, la empresa frenó la contratación de nuevo personal.

Los principales proyectos suspendidos por el Gobierno, o que se encuentran en revisión, son la construcción del satélite ARSAT-3, la central nuclear Atucha III, el avión autónomo SARA y las estaciones repetidoras para la Plataforma Nacional de Televisión Digital Terrestre. Esto puso en peligro tanto fuentes de trabajo propias como de pymes que conforman el grupo de proveedores de INVAP y de diversos sectores como el de la construcción, muy afectado por el parate en la central nuclear bonaerense.

“Nos han ido confirmando la mayoría de los proyectos que teníamos en cartera y esperamos poder retomar la contratación de gente en breve. En el caso de Atucha III, estamos esperando a que se concrete para ver cómo nos podemos insertar”, dice Ordoñez y agrega que, sin embargo, en el sector nuclear “tienen mucha demanda de trabajo, tanto en la Argentina como en el exterior”.

Actualmente, están trabajando en diversos proyectos de reactores de investigación, como el reactor RA 10 —cuya obra civil ya comenzó y se estima podría estar terminado para 2020 —y el de otro reactor gemelo para Brasil. También en el relanzamiento de un proyecto de diseño de dos reactores en Estados Unidos con el laboratorio Coquí, que se había suspendido por problemas en el financiamiento, y con contratos en Arabia Saudita, Argelia, Egipto e India.

Otros proyectos del área nuclear que también tienen continuidad son el despliegue de los centros de medicina nuclear en diversos puntos del país (Río Gallegos y Bariloche son los últimos) y la construcción del reactor modular de diseño argentino CAREM, para la que la empresa está subcontratada en algunas áreas y en la que la CNEA recientemente asignó al consorcio Tecna-Siemens la construcción del balance de planta para el prototipo, por 1.400 millones de pesos.

En el área satelital —la más golpeada en la empresa por el freno al desarrollo del ARSAT-3 —continúan los proyectos SAOCOM (1A y 1B), SARE y SABIA-Mar. Mientras tanto, buscan ingresar en sectores en los que vienen acumulando capacidades y que parecen comenzar a despegar, como el de la energía eólica. “Hace mucho tiempo que venimos trabajando en medición de vientos en la Patagonia y en el diseño de piezas para molinos de viento. Nos estamos presentando a la oferta que está abriendo el Gobierno en energías renovables”, dice Ordoñez.

Otra apuesta es Frontec, la firma que crearon junto con el grupo Los Grobo para ofrecer información para la producción agrícola en base al análisis y seguimiento en tiempo real de imágenes satelitales de los cultivos. “Es una apuesta fuerte. Se trata de un mercado enorme, que puede crecer hasta niveles importantísimos. No es algo menor para nosotros”, asegura.

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