jueves 21 de octubre de 2021 - Edición Nº 29.188

Política | 18 dic 2020

Asesinado en la última dictadura

Por voto unánime nombraron "personalidad destacada post mortem" a Sergio Karakachoff

El proyecto había sido presentado por el bloque de Juntos por el Cambio.



Sergio Karakachoff fue uno de los fundadores de la Franja Morada y del Movimiento de Renovación y Cambio, la línea interba del radicalismo dirigida por Raúl Alfonsín. En 1972 fue Convencional Nacional de la UCR, donde se destacó como uno de los redactores de la Plataforma Electoral de 1972. En 1975 integró la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos (APDH) y presentó cientos de habeas corpus en defensa de los detenidos-desaparecidos luego del golpe de estado. El 10 de septiembre de 1976 fue secuestrado junto a Domingo Teruggi. Apareció torturado y muerto al día siguiente, en las afueras de La Plata.

El jueves fue declarado personalidad destacada post mortem de la Provincia de Buenos Aires por voto unánime en la Cámara de Diputados bonaerense donde se le reconoció la visión de avanzada para su época y la apasionada defensa de los valores de “democracia, libertad y justicia social”.

El proyecto la Cámara de Diputados hizo un reconocimiento firmado por todos los diputados radicales del bloque de Juntos por el Cambio, e impulsado por el legislador Valentín Miranda, integrante de la Juventud Radical en Lucha de la Provincia, agrupación que lleva su nombre en recuerdo a Karakachoff.

Vale recordar que Karakachoff nació en 1939, en La Plata; hizo el secundario en el Colegio Nacional Joaquín V. González y en 1965 se recibió de abogado en la UNLP, donde también estudió periodismo.

Militante de la UCR desde muy joven, fundó a fines de los ’50 la Federación de Estudiantes Secundarios y luego, como estudiante, participó de la fundación de Franja Morada, la agrupación radical universitaria que se formó en los ’60 con el objetivo de ganar la FUA.

Como abogado representó a trabajadores y presos políticos, y como periodista integró las redacciones de “El Sureño” de Bahía Blanca, Correo de la Tarde y La Calle, que resultó clausurado durante el gobierno de Isabel Perón.

El “Ruso”, como lo apodaban sus compañeros de militancia, participó de la fundación, en 1968, de la Junta Coordinadora Nacional, el organismo que nuclearía a los grupos juveniles del radicalismo que intentaban reorganizar el partido tras el derrocamiento del presidente Arturo Umberto Illia a manos del general Juan Carlos Onganía.

Esa iniciativa contó con el respaldo de dirigentes juveniles como Luis “Changui” Cáceres, Marcelo Stubrin, Juanjo Cavallari, Ricardo Campero, Héctor Velázquez, Mario Losada, Ramón Mestre, Jorge Wandelow, Guillermo Aramburu y Néstor Golpe, entre otros.

Cuatro años después, Karakachoff acompañó la conformación del Movimiento de Renovación y Cambio, la linea partidaria con la que Raúl Alfonsín intentó disputarle la conducción del radicalismo a Ricardo Balbín.

Tras el golpe del 24 de marzo de 1976, Karakachoff se dedicó a defender causas de derechos humanos y juicios laborales en La Plata, ciudad que durante los ’70 vivió un período de alta conflictividad, en función de su composición universitaria y su actividad gremial.

El 9 de septiembre, un grupo conformado por civiles armados que se desplazaban varios autos, ingresaron en el domicilio de Teruggi, donde vivía junto a su esposa e hija y lo secuestraron.



Antes, un comando se hizo presente en la guardería a la que concurrían las hijas de Karakachoff, y ante esta situación, las autoridades del establecimiento educativo le avisaron a la esposa del letrado radical, Marimé Arias Noriega, quien intentó poner sobre aviso a su marido sobre lo que ocurría.

Karakachoff se presentó en su estudio y allí se enteró de que Teruggi había sido secuestrado, y a pesar de las advertencias, decidió ir al domicilio de su socio, donde los represores lo secuestraron.

Los cuerpos de los dos abogados aparecieron ametrallados en la orilla de la ruta 36, en una zona rural del partido de Magdalena.
Un mes después, moriría en la cárcel de Devoto el ex diputado nacional por Chubut Mario Abel Amaya, como producto de las torturas sufridas durante su cautiverio.

Ambos abogados y militantes de la misma línea interna del radicalismo fueron las dos víctimas que se cobró el accionar criminal de la última dictadura cívico militar.


El día que La FUA inauguró un mural en memoria de Karakachoff

Sobre los autores del crimen de Karakachoff, algunos investigadores conjeturaron que los asesinos pudieron pertenecer a la banda parapolicial de la Concentración Nacionalista Universitaria (CNU).

Un grupo muy activo en La Plata durante el Gobierno de Isabel Perón, y cuyos integrantes se sumaron al aparato del terrorismo de Estado tras el golpe.

“Se habla de la CNU, pero para mí, los asesinos de Karakachoff fueron la patota del Batallón de Infantería de Marina 5, ubicado en las cercanía de La Plata”, conjeturó a cuatro décadas de estos crímenes Leopoldo Moreau, ex legislador de la UCR.

A pesar del Estado de sitio y la represión imperantes, una multitud de militantes y dirigentes del radicalismo concurrió al sepelio de Karakachoff, entre los que se destacaron las presencias de Ricardo Balbín y Raúl Alfonsín, que siete años después sería presidente constitucional de Argentina.

“Se trató de una manifestación silenciosa y espontánea que desafió al régimen. Hubo efectivos policiales y gente vestida de civil que hizo disparos al aire con la intención de dispersarnos, pero no lo lograron”, evocó Storani, único orador durante el velorio de su correligionario asesinado.



“Sergio fue un hombre comprometido, alguien que abrazó la causa popular y respetado por los militantes de todas las fuerzas, incluso desde los sectores más combativos del peronismo”, sintetizó Moreau.

En los procesos de la verdad iniciados en 2000 con el propósito de conocer el destino de las víctimas del terrorismo de Estado se analizó el caso de Karakachoff, pero no se pudo obtener precisiones sobre los autores de su asesinato.

Tampoco en los varios juicios de lesa humanidad que se sustanciaron en La Plata durante los últimos años se pudo conocer la identidad de los culpables.

“Un militante no es un héroe. Simplemente quiere vivir. Simplemente no se conforma con aceptar lo que otros han decidido ya con su vida, su futuro, sus módicas ambiciones y su muerte”, escribió alguna vez Karakachoff.

“Tenía una oratoria muy destacada, a partir de la cual buscaba convencer a amigos y también a sus adversarios acerca de la importancia de defender la democracia, siempre por el camino de la paz en un momento donde la violencia era moneda corriente”, destacó Miranda en su discurso durante la sesión que tuvo lugar ayer en la Legislatura bonaerense.


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