domingo 05 de diciembre de 2021 - Edición Nº 29.188

Gremiales | 24 oct 2021

Trabajadores de la Clínica Mater Dei recibirán bolsones de alimentos para sobrevivir al empresario que no les paga el sueldo

Muchos ya ni tienen dinero para ir a su lugar de trabajo.


Desde hace meses trabajadores y trabajadoras de la Clínica Mater Dei de La Plata reclaman por salarios atrasados, en el marco de un conflicto que tiene varias y diversas aristas que lo distinguen de otros reclamos gremiales.

En primer lugar, no se trata de un clásico conflicto por actualización o mejoras en los salarios.

Y ello pese a que el gremio del sector, la Asociación de Trabajadores de la Sanidad Argentina (ATSA), sostuvo durante largo tiempo una demanda para que los haberes de sus afiliados recibieran un incremento acorde al aumento del costo de vida.

Finalmente esa puja se dirimió en el ámbito nacional, y en el Mater Dei el personal recibió la novedad con beneplácito. El problema es que quien aparece como dueño de la clínica, un acaudalado hombre de negocios llamado Edgar Carlos Gainza, sigue negándose a cumplir con el pago de salarios atrasados.

Debe los sueldos de agosto y septiembre, además de sumas no remunerativas y aguinaldos correspondientes a años anteriores.

El monto es incalculable, pero el daño que produjo en cada familia de las y los empleados del Mater Dei está a la vista y es fácil de estimar.

Con los precios subiendo por el ascensor los salarios de la clínica siguen en el subsuelo.

Es tan delicada la situación que viven esas  familias que lo que narran es conmovedor. Por ejemplo, una joven adolescente que enfrenta un cuadro de salud muy delicado estaba realizando un tratamiento médico y, tuvo que suspenderlo. Sus padres, que no tienen dinero para servir la comida diaria en la mesa familiar tampoco pueden costear los medicamentos que necesita la menor.

Historias de esa naturaleza abundan entre las familias que aguardan con cada vez menos paciencia que los dueños de la clínica cancelen la deuda que mantienen con ellos.

 “Sólo si nos pagan podríamos desendeudarnos. No es que hacemos el reclamo para sacar boletos de avión a Punta Cana. Nuestros compañeros tienen tarjetas de crédito suspendidas, meses de alquiler impagos y todo tipo de problemas por los sucesivos retrasos en el cobro de los haberes”, explicó el delegado de ATSA Luis Angles a Info Blanco Sobre Negro.

Una empleada de la clínica contó a este medio que camina diariamente unas 30 cuadras desde la casa de un familiar que le da alojamiento junto a su hijo. No tiene para pagar el boleto, y tampoco podría movilizarse en bicicleta: tiene 58 años. Casi 60 años de edad y camina 3 kilómetros porque no puede cargar la SUBE.

En ese cuadro desolador que subleva a cualquier persona que respete el derecho al trabajo y a la salud, ATSA resolvió, en tanto se resuelva la situación de fondo, asistir alimentariamente a unas 60 familias que dependen de la (hasta ahora inexistente) voluntad de pago que tiene Don Edgar Carlos Gainza, el despiadado hombre de negocios.

“Sabemos que lo central es normalizar la situación salarial, pero mientras tanto no podemos dejar que nuestros compañeros  sufran hambre en sus hogares. Por eso resolvimos hace dos meses que el sindicato aporte una  ayuda alimentaria que entregaremos el próximo lunes”, explicó Angles.

 

El ministerio es un misterio

“Dese hace un año estamos pidiendo una audiencia con la ministra de Trabajo (Mara  Ruiz Malec) para que nos explique por qué no interviene más activamente para dar una solución definitiva a este conflicto. Hasta hay compañeros que están somatizando la crisis emocional. Por eso no comprendemos la razón por la que las autoridades provinciales no tomaron hasta ahora cartas en el asunto. Por lo menos queremos que nos reciban para dialogar cara a cara sobre este drama que se extiene en el tiempo, y también para escuchar cómo desde ese ministerio van a  aportar alguna solución. Porque para hay gente que está ocupando cargos. Si no es con la mediación del Estado no vemos que esto pueda encontrar un cauce que lleve a buen puerto este conflicto”, afirmó  el delegado de ATSA durante la entrevista. Y señaló: “Nadie resuelve el conflicto y ni siquiera  nos convocan. Las audiencias para que las partes alcancemos una conciliación fracasaron una tras otra una”.

Es lógico: ¿cómo habría conciliación sobre la base del no pago de los sueldos? ¿Alguien piensa que trabajadoras y trabajadores podrían aceptar un arreglo con quien no quiere pagar lo que debe desde hace años?

Por eso ATSA reclama un encuentro cara a cara con la funcionaria.

Nadie espera un gesto filantrópico del frío empresario Gainza, que hasta se refiere al drama que perpetúa con bastante sorna. Testigos aseguran que en la semana pasada ofrecía a quienes ya no disponen de dinero para trasladarse al lugar, pagarles el boleto de colectivo a cuenta de futuros descuentos.

Si desde el Estado no hay alguien que ponga un límite  a semejante desparpajo, el conflicto se extenderá por más tiempo. Sería un premio a la irresponsabilidad del empresario, y un castigo para quienes recibían  aplausos de toda la sociedad mientras el miedo al virus ocupaba toda la escena.

Sería justo que recibieran ahora, por lo menos,  lo que les corresponde.

Nicolás Harispe @nicolasharispe

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