martes 17 de mayo de 2022 - Edición Nº 29.188

Información General | 28 abr 2022

De asistente a cantar en funerales suizos. ¿Cómo es la experiencia de una artista argentina en el país de las 500 variedades de queso?

Karina Salazar es una cantante de ópera y escritora que vive desde el año 1999 en la ciudad de Zurich


Por: Federico García

Karina Salazar es una cantante de ópera y escritora que vive desde el año 1999 en la ciudad de Zurich (Suiza). En este momento, está en la Argentina para presentar  su nueva obra "¿Cómo escribir tu primer libro?".

Se trata de una obra coescrita con Samuel Stamateas, director de la Escuela de Coach en Argentina, que ambos presentarán el próximo 5 de mayo a las 19 horas en El Conquistador Hotel de la Ciudad de Buenos Aires.

“El libro es un coaching para escritores y aborda cómo mover un libro en las redes, cómo presentarlo en una editorial, cuáles son las serias y cuáles no, y siempre detrás de cada capítulo hay un ejercicio de coaching”, reseñó la coescritora a Info Blanco Sobre Negro.

 

 

 

 

La llegada al país europeo de Karina, que en Argentina trabajaba como asistente en una empresa y vendedora de ropa, fue para visitar a una pareja que luego terminó siendo su marido y con el que estaría casada durante diez años. Antes de dedicarse al canto, actividad que ya lleva realizando por doce años, Salazar trabajó en un banco suizo.

“A los dos años de estar allá sentí que tenía que hacer algo porque una particularidad de Suiza es que tenés mucho tiempo libre porque todo funciona y con un trabajo estás bien”, recordó la artista en diálogo con este medio, y resaltó que en aquella época “era muy a pulmón estar afuera, la comunicación era por cartas y se extrañaba mucho”

Tenías que hacer algo porque sino te agarraba depresión, algo muy común en los expatriados”, indicó Salazar y por ese motivo comenzó a estudiar canto con una cantante de ópera cordobesa que también vivía en Suiza.

Con el correr de las clases, la profesora le aseguró a Karina que tenía “pasta para cantar ópera” y ella decidió aceptar el desafío. Más tarde, volvió a la Argentina para pasar un año sabático y tomó clases privadas con dos cantantes retirados del Teatro Colón.

A su vuelta en Suiza, Salazar comenzó a cantar en eventos hasta que un cliente la contrató para que cante en el funeral de un pariente. Allí empezó una actividad que si bien es algo común en Europa no lo es en Argentina: cantar en funerales.

“Por su idiosincracia, en Suiza le dan más entidad al funeral que al casamiento, incluso el finado destina un dinero en el testamento para que la gente coma en su funeral”, aseguró Karina, que viaja varias veces al año a la Argentina para hacer eventos, presentar libros y visitar familiares.

"La gente se despide muy bien del finado y por otro lado si se contrata a alguien para cantar es porque esa persona era muy querida”, aseguró Salazar, y detalló que las canciones se arreglan previamente con los familiares según los gustos de la persona que falleció. Además, contó que en la previa de cada evento se pone en contacto con el sacerdote y, en el caso que haya uno, con el organista; y sobre la reacción de sus familiares y amigos, Karina recordó que “al principio se mataban de risa porque no lo podían creer”.

En relación a su economía personal en Argentina y en Suiza, Salazar indicó que "en la época del uno a uno se ganaba los mismo vendiendo ropa que trabajando como asistente de presidencia en una empresa, cosa que no pasa en Suiza".

Otra de las diferencias que marcó la cantante y escritora tiene que ver con la sensación de ser “muy anónimo” en la ciudad de Buenos Aires y por el contrario pensar que “conocía a todo el mundo” en Zurich por ver a la gente tan seguido ya que es una localidad más pequeña.

Un rasgo característico de Suiza es la puntualidad y sobre eso Salazar recordó que “a veces perdía el tren por un minuto” aunque con el tiempo se adaptó y comenzó a llegar antes de tiempo y esperar.

A su vez, si bien el país en cuyo territorio está una de las sedes de la Organización de las Naciones Unidas es caro con respecto a otras naciones europeas, Karina Salazar destacó que “los productos tienen garantía suiza”. “Pagás la ropa cara pero si la lavás te va a quedar igual”, afirmó.

Por otro lado, si bien Karina hablaba varios idiomas cuando llegó Suiza también estaba el tema de la comunicación no verbal, entender los gestos de los suizos y suizas. “Hasta que le captás la onda te lleva un par de años”, afirmó.

Además de cantante de ópera, Karina Salazar también es la presidenta de la Asociación Amigos del Vino Argentino en Suiza y, entre otros libros, escribió “De Mendoza con amor”, libro con el que realizó eventos en distintas vinerías. También publicó “La Guardia Suiza Pontificia”, “Bella Sí...Durmiento no” y “Cuánto cuesta que me cuentes”.

 

Comida suiza

 

“Lo primero que me encantó es que hay más de 300 variedades de panes y 500 de queso. El queso es excelente y también son muy buenos los vinos suizos”, resaltó Karina Salazar.

 

Sistema político

 

“Suiza es una democracia directa y cada cierto tiempo hay un referéndum, cualquier petitorio que presente un ciudadano y alcance una cierta cantidad de firmas es sometido a una votación municipal o provincial según el tema. La gente recibe la propuesta por correo con la opinión del consejo federal y envía su voto por la misma vía que lo recibió”, detalló Karina sobre una de las herramientas políticas que tiene el país sede de la FIFA.

Por otro lado,la cantante y escritora argentina resaltó que la educación en el país es gratis y el Estado garantiza todos los materiales pero destacó que si un alumno falta sin justificación por varios días el gobierno le enviará una carta a la familia pidiéndole explicaciones; de continuar las faltas enviarán un psicólogo a la casa familiar; y de persistir se le quita la patria potestad a los padres.

Por último, Salazar señaló que la salud “es privada y cada uno se paga su prepaga pero funciona”, y sobre la seguridad pública sostuvo que es pública pero en el caso de que alguien llame en broma, por un tema menor o el caso sea una falsa alarma, el Estado le envía a esa persona una boleta por 400 dólares.

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