domingo 27 de noviembre de 2022 - Edición Nº 29.188

Información General | 3 oct 2022

El Premio Nobel de Medicina 2022 fue para un biólogo sueco que logró secuenciar el genoma del neandertal

Es especialista en el estudio de homínidos extintos y la evolución humana.


El biólogo sueco Svante Pääbo ha ganado el Premio Nobel de Medicina por “sus descubrimientos sobre el genoma de homínidos extintos y la evolución humana”.

Pääbo (Estocolmo, Suecia, 65 años) es biólogo y dirige el departamento de genética del Instituto Max Planck de Biología Evolutiva (Alemania). Su trabajo para rescatar ADN de fósiles humanos ha sido esencial para conocer el genoma de especies extintas conocidas, como los neandertales, desvelar la existencia de otras nuevas, como los denisovanos, y confirmar que los Homo sapiens tuvieron sexo e hijos con esas otras especies hace miles de años.

El “trascendental” trabajo de Pääbo “ha dado lugar a una nueva disciplina científica: la paleogenómica”, ha resaltado el jurado. “Al desvelar las diferencias genéticas entre las personas actuales y los homínidos extintos, sus descubrimientos permiten investigar qué nos hace genuinamente humanos”, han añadido los responsables del galardón en una nota de prensa. En 2018, Pääbo recibió el premio Princesa de Asturias por sus trabajos en evolución humana.

El investigador sueco ha conocido la decisión esta mañana por la llamada telefónica de Thomas Perlmann, secretario del comité del Nobel. “Estaba superado; sin palabras”, ha explicado el portavoz en la rueda de prensa posterior al fallo. “Me ha preguntado si se lo podía contar a su mujer y le he contestado que sí. Estaba absolutamente sorprendido”, ha añadido. Pääbo recibe en solitario un galardón dotado con 10 millones de coronas suecas, unos 900.000 euros.

Es la primera vez que el jurado del Nobel reconoce trabajos de evolución humana, un campo que ha estado durante décadas dominado por el estudio morfológico de los fósiles. Lo que hace único el trabajo de Pääbo es que explora los orígenes de nuestra especie usando herramientas antes reservadas para la biología molecular y la medicina. Lograr que esas técnicas funcionasen fue un duro trabajo de años, según explicó el propio investigador en su interesante autobiografía, El hombre de neandertal (Alianza), donde también habla abiertamente de su orientación bisexual o la aventura amorosa con la esposa de un estrecho colaborador, que acabó siendo su mujer y la madre de su hijo.

Pero el hecho más asombroso de su biografía es que es hijo secreto de otro premio Nobel de Medicina sueco, Sune Bergström, galardonado en 1982. En 1955, la madre de Pääbo, que era química, trabajó para Bergström y se quedó embarazada de él. El bioquímico ya tenía mujer y un hijo, así que el pequeño Svante creció sin padre reconocido, aunque este le visitaba los fines de semana, según desveló el propio Pääbo a The New Yorker en 2011. Su hermanastro se enteró de esta historia poco antes de la muerte de Bergström, en 2004. Pääbo conquista cuarenta años después el mismo podio científico que logró su padre.

A Pääbo le fascinaba la egiptología, pero decidió estudiar medicina siguiendo los pasos de su padre. Ya en los años ochenta del siglo pasado dejó su carrera como investigador de virus y se sumergió en una obsesión: extraer ADN de una momia. Aunque ese primer intento fue un fracaso reconocido por el propio científico, pues las muestras estaban contaminadas, sentó las bases del resto de su carrera.

En 2010 se publicó el genoma completo de los neandertales, los homínidos más emparentados con el Homo sapiens, que se extinguieron hace 40.000 años. El trabajo demostró que tenían la capacidad de hablar. El genoma neandertal también desveló que los Homo sapiens tuvieron hijos con los neandertales de forma recurrente hace decenas de miles de años. Fruto de aquellos cruces, todos los humanos de fuera de África llevan un pequeño porcentaje de ADN neandertal en cada una de sus células.

Pääbo también es el primer científico de la historia que descubre una especie humana desconocida, los denisovanos, exclusivamente a partir del ADN. Fue gracias a la secuenciación de material genético extraído del diminuto hueso del dedo meñique de una niña que vivió en Siberia hace unos 50.000 años. El genoma denisovano desveló que tuvieron descendencia con los sapiens y que les pasaron genes claves, como los que permiten vivir a gran altitud. Algo similar sucedió con los neandertales, que pasaron a los sapiens genes que mejoran el funcionamiento del sistema inmune y otros que pueden hacer más graves algunas enfermedades, como la covid.

Los trabajos de Pääbo abrieron la puerta a intentar resucitar especies extintas como el mamut o los propios neandertales. En una entrevista con EL PAÍS en 2018, el biólogo sueco aseguró que esos experimentos nunca conseguirán su objetivo y, además, “no deben intentarse nunca”, pues requerirían peligrosas modificaciones genéticas en óvulos y espermatozoides.

“Demostrar los cruces de sapiens con neandertales y otros homínidos fue todo un cambio de paradigma en evolución humana”, resalta el genetista del CSIC Carles Lalueza-Fox, que colaboró con Pääbo en la secuenciación del primer genoma neandertal a partir de fósiles hallados en Croacia, Rusia, Alemania y en la cueva de El Sidrón, en Asturias. Lalueza-Fox acompañó al sueco en sus expediciones por esta gruta, donde la temperatura constante permitió que el ADN de los homínidos se conservase a pesar de llevar ahí unos 50.000 años. “Svante tiene una fuerte personalidad y es un visionario. Creo que es el único caso de todo un campo de investigación dominado por una sola persona”, apunta el genetista.

El paleoantrolólogo del CSIC Antonio Rosas, también coautor del genoma neandertal y colaborador de Pääbo, destaca que su gran aportación científica ha sido unificar dos ámbitos aparentemente incompatibles. “Él ha sido capaz de aglutinar la biología molecular con la arqueología y la paleoantropología en un mismo paradigma”, resalta.

Las técnicas de análisis genético impulsadas por Pääbo funcionan ya como una máquina del tiempo. En 2021 se publicó el ADN más antiguo jamás recuperado de un fósil: un mamut que vivió hace más de un millón de años. Otros trabajos similares han rescatado la genética de los homínidos de la sima de los Huesos de Atapuerca que vivieron hace 400.000 años y la de caballos de hace 700.000 años.

En la actualidad, el laboratorio de Pääbo crea organoides que imitan cerebros humanos para intentar encontrar las claves moleculares y genéticas que nos diferencian de otros homínidos extintos. Sus últimos estudios muestran que la versión sapiens de un solo gen, el TKTL1, multiplica la producción de neuronas en la corteza cerebral, epicentro del pensamiento, a un nivel superior que la versión neandertal. Esta puede ser una de las respuestas a lo que en palabras de Pääbo es “la cuestión más importante de la historia humana”: qué nos hace únicos y por qué somos la única especie humana que queda en el planeta.

Fuente: EL PAIS

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