domingo 27 de noviembre de 2022 - Edición Nº 29.188

Opinión | 31 oct 2022

Argentina, 1985

Por David A. Hirtz, senador de la UCR - JxC


Por estos días el Senado de la Provincia aprobó por unanimidad mi proyecto de declarar de interés legislativo la película del director Santiago Mitre “Argentina, 1985” protagonizada por Ricardo Darín y Peter Lanzani en la que se narran escenas del juzgamiento a las juntas militares motorizado por el presidente Alfonsín ni bien asumió en 1983.

Más de un amigo o conocido me ha interpelado: “¿cómo es que siendo radical militante de toda una vida elogias esa película que ningunea a Alfonsín, a la CONADEP y su gesta de derechos humanos?”.

Efectivamente si los que conocimos a fondo, por ser contemporáneos y por ser actores, lo realizado por aquellos días analizamos el filme con rigor histórico es evidente que carece de mucha veracidad histórica, esconde la tarea y el coraje del presidente Alfonsín y un trabajo de la CONADEP designada por el Presidente compuesta de dirigentes, artistas, profesionales y comunicadores de indiscutido reconocimiento social que asumieron la búsqueda de cada detención y desaparición en todo el territorio del país: de los violentos de derecha y de izquierda como Alfonsín lo decidió. Esas miles de páginas de información fueron el sustento con el que Strassera y Moreno Ocampo acusaron.

Para sostener esa decisión el gobierno radical afrontó intentos de golpe de estado, asonadas y operaciones en su contra mientras generaba instituciones como la Secretaría de Derechos Humanos y mostraba al mundo un juicio único en la historia universal, con militares aun con poder y armas en sus manos.

De ninguna manera (como equivocadamente se le hace decir a Strassera) “estamos solos”. Solo no acompañaba esta gesta (tampoco se expresa en la película) el peronismo del momento que no integró la CONADEP, ya que su candidato presidencial Ítalo Luder no solamente había firmado el decreto ordenando “exterminar la guerrilla subversiva” sino que hizo su campaña apoyando la autoamnistía que habían dictado los propios militares.

Entonces... mis amigos ¿tienen razón? ¿Por qué considero que es de interés la película aún con estas (y otras tantas) observaciones?

Porque creo que después de casi cuarenta años una actividad artística viene al menos a reivindicar el momento histórico, al gobierno de la democracia y a poner de nuevo en debate la forma grosera de cómo se tergiversó el uso de los derechos humanos durante años apropiándose particularmente el kirchnerismo de esta virtud democrática mucho después de esta gesta alfonsinista cuando ya juzgar no representaba riesgo  y olvidando que fue un gobierno de su signo político, el de Carlos Menen, el que indultó a militares y guerrilleros que la democracia había juzgado  y condenado.

Solo por esta circunstancia de que miles de argentinos, especialmente jóvenes que no tuvieron idea de lo ocurrido, puedan ver un pedazo de esa realidad y volver a poner en el tapete el debate de las convicciones y decisiones de Alfonsín creo que ya justifica declarar beneplácito por este suceso cinematográfico.

Tal su suceso que ya obtuvo premios internacionales y va camino a competir por el codiciado Oscar en Hollywood como lo fue en su momento otra película paradigmática como La Historia Oficial. Aun quedando claro que Argentina 1985 no es justamente la historia oficial.

 

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