Cerca del sol del 25
Recetas patrias para hacer en casa y disfrutar en familia

Info Blanco

Desde las “empanadas calientes para las viejas sin dientes” hasta el presente, la comida siempre es mucho más que la mera degustación.

 

La comida es mucho más que alimento, o alimentos, como se prefiera.

Nadie desconoce su impronta cultural, su contenido lleno de historia y de tradiciones, y más aún: los elementos que hacen posible cada plato, que en gran medida tienen que ver con el entorno natural y social que los preceden.

En Argentina el símbolo de la comida nacional es el asado, quizá. O puede representarlo la humita, las empanadas, o también las pastas, una herencia cultural de nuestros migrantes italianos que ya tan arraigada, que resulta prácticamente un emblema patrio. Sin los fideos del domingo, para muchos y para muchas, no hay fin de semana que valga la pena.

Además, la buena comida cumple el mismo rol que la infusión que representa la argentinidad como ninguna otra: el mate. En torno a ambos (comida y mete) se tejen los vínculos sociales más firmes y duraderos. Y nadie tiene como excusa válida “no saber cocinar”.

Siempre se puede improvisar, y es sabido que los sabores tienen mucho que ver con el amor por la cocina de quien juega con ellos y los combina. Pero si no le alcanzara a alguien esa posibilidad, se pude recurrir a Recepedia, un sitio donde podrás encontrar una lista inacabable de platos sabrosos y fáciles de preparar.

En los meses de invierno, además, hay que tener en cuenta que las temperaturas condicionan el placer de cada comensal.

Si lo que intentas es provocar un golpe de calor a tu invitado, lo mejor es preparar algo que explote de calorías.

Pero lo adecuado siempre es el frío para épocas de calor, y viceversa: platos bien calientes y poderosos en carbohidratos para los tiempos de invierno.

Las empanadas de humita son el símbolo patrio por tradición. Los festejos de cada fecha histórica, en otros tiempos no tan lejanos, siempre contaban con algún acto escolar en el que estuviese representada la clásica mulata que venía desde el bajo porteño ofreciendo sus “empanadas calientes para las viejas sin dientes”.

Pero a medida que las marcas térmicas descienden y el frío invierno en el cono sur avanza, el locro se convierte en la espada de la victoria, en el elixir del calor culinario y bienvenido. Por eso ese plato sobrevivió al fuego de la conquista española: en el altiplano las jornadas suelen ser muy frías, en especial por las noches.

El locro se impone, pues, como una necesidad más que como mero plato para degustar. Pero al ser tan exquisito se convierte en una comida típica, muy económica a la hora de adquirir sus condimentos, pero que demanda un tiempo importante para su preparación.

Como sea, la tecnología e internet siempre resultan de gran ayuda para traer a este presente tan complejo y contradictorio las mejores tradiciones, y si se trata de ricos platos para degustar, mucho mejor entonces.

 



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